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Hablaba Julio Llamazares en su columna de la semana pasada, con razón, de la ficción que resucita brevemente los pueblos de la España rural en agosto. Mi cabeza se va a la que vivimos nosotros, los urbanitas que, durante dos o tres semanas (¿quién un mes?) los habitamos esos días: perseidas, autillos, acampadas, vías lácteas, ovejas, aullidos, rastros, huertas, brezos, avellanos, senderos, sosiego. También nosotros perdemos mucho el resto del año. Parafraseando aquella cita de Blade Runner, qué lástima que todos esos pueblos no puedan vivir, ¿pero quién vive? Nos lo hemos montado mal.

Nacho Álvarez-Borrás Feijoó

Viñayo (León)

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