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DEFENSOR DEL LECTOR TRIBUNA i

Interrogatorio diario

Algunos lectores empiezan a mostar cansancio ante tanto ‘ciberanzuelo’ y tanta pregunta en los titulares

Varias publicaciones del Grupo PRISA.
Varias publicaciones del Grupo PRISA.

Los lectores acuden a los periódicos para encontrar respuestas, no para que se les pregunte. Raro es el día, sin embargo, que EL PAÍS no incluye titulares entre interrogaciones en la web (media docena de media diaria) y en el papel (45 del 22 de mayo al 18 de junio). Algunos lectores empiezan a cansarse de esta deriva, que T. Martínez Ruiz, por ejemplo, califica de “interrogatorio diario”.

El Libro de estilo precisa que “debe limitarse el uso de los interrogantes a los artículos de opinión o análisis encabezados así por colaboradores ajenos a la Redacción”. Hace 10 años, aparecía una media semanal de tres análisis encabezados con preguntas. Ahora, el doble.

Es en las informaciones, no obstante, donde antes apenas había títulos de ese tipo y ahora proliferan. “¿Quién se atreve a comprarle un teléfono ahora (a Huawei)?” (Economía, 22 de mayo); “Alain Delon, ¿un monstruo sagrado o un monstruo a secas?” (Gente, 25 de mayo); “¿Fue Franco jefe del Estado desde octubre de 1936?” (España, 6 de junio); “¿Es posible soterrar la Gran Vía?” (Madrid, 18 de junio).

También en la portada en el papel. “¿Hay hambre para tanto restaurante?”, decía uno en la primera página del día 14. Hasta se tituló ese día con una pregunta una carta a la directora —“¿Un muñeco contra la dignidad?”—, pese a que en el texto no había interrogante alguno.

En piezas escritas solo para la web y en productos adjuntos al diario (BuenaVida, S Moda, Icon, Verne, Retina…) es donde el lector se siente interpelado más veces. Desde Chiclana de la Frontera, Álvaro Fernández Morales me escribió el día 4 para decir que acababa de leer en la web siete títulos con las palabras “por qué”.

Es legítimo que los periódicos busquen más audiencia, pero resulta clave hallar el equilibrio para que los lectores no se sientan molestos

Eran estos: “¿Por qué a veces confundimos amor y pasión?” (Verne); “Por qué no debería obsesionarte la cantidad de sexo que practicas” (S Moda); “Por qué no debes comparar a tu hijo con los hijos de los demás” (blog De Mamas & De Papas); “Por qué le has dado a ‘me gusta” (Ideas); “Por qué en España las ventanas son más pequeñas…” (Icon); “El misterio Pablo Motos: ¿por qué es líder de audiencia?” (Icon): “¿Por qué ningún historiador es capaz de decir algo bueno de Fernando VII?” (Icon).

Todos los días hay reclamos similares en la web. “¿Por qué el nuevo logo de Correos es (casi) igual que el anterior?” (Icon, 14 de junio); “Por qué la pregunta más importante sobre el caso Alcàsser nunca se ha llegado a contestar” (S Moda, 17 de junio); “Por qué ligar es tan extremadamente difícil en la era de Tinder” (S Moda, 19 de junio)”; “¿Por qué yo no consigo adelgazar… y tú no puedes engordar?” (portada de junio de BuenaVida);

“¿No es demasiado?”, se pregunta Fernández Morales, quien agradece que se le hagan “recomendaciones”, pero no que invadan su “forma de entender la vida” con titulares “del tipo ‘¿por qué deberías…?”. Como este: “Por qué deberías pensar en la FP (y no solo en la universidad) si todavía no tienes claro qué estudiar”. O variantes como “13 series que se han emitido durante Juego de tronos y deberías haber visto” (24 de mayo). O “¿Cuánto tengo que pagar exactamente si me invitan a una boda?” (11 de junio); “¿Cuánto sexo necesitas?” (8 de junio)…

Javier Rivas, redactor jefe de Cierre y responsable de edición del periódico impreso, señala que esta “pesadilla” de los interrogantes, como la describe Martínez Ruiz, es un ejemplo de “contaminación” procedente “de la forma de escribir en la Red”. “Interrogar muchas veces no es invitar a abrir un debate”, cree Rivas, sino un recurso fácil para no proponer un punto de vista concreto.

Los lectores saben que esos títulos suelen ser ciberanzuelos (clickbaits, en inglés). Iván Pérez Valverde, responsable de optimizar la ubicación de las noticias en los buscadores de Internet, cuenta que “se posicionan mejor en buscadores”. Laura Martín, directora de Audiencias en PRISA, confirma que los encabezamientos entre interrogantes “atraen más” a los lectores. Uno de ellos, Israel Mármol, deduce que el ciberanzuelo debe ser “rentable” para los diarios, pero critica que artículos concebidos con ese fin contengan a veces “delirantes teorías”. “¿No existe un filtro sobre lo que se puede considerar una ‘experta’ y lo que puede llegar a decir?”, se queja.

Es legítimo que los periódicos busquen más audiencia, pero la clave consiste en encontrar el equilibrio adecuado para que los lectores no se sientan molestos. Miguel Ángel Bastenier, el histórico subdirector de EL PAÍS fallecido en 2017, escribió en Twitter que “los titulares no son acertijos” y que las preguntas solo encajan bien en columnas de opinión. Y Álex Grijelmo afirma en su libro El estilo del periodista que los lectores buscan respuestas en los periódicos porque “las preguntas ya se las pueden hacer ellos mismos”. Por eso consumen periódicos: para hacerse más preguntas, pero después de leerlos.

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