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Aceh no es lugar para ligar

En el extremo oeste de Indonesia se practica una versión rigurosa de la sharia. Los jóvenes han de conciliar sus inquietudes con la ley islámica

Una mujer indonesia musulmana lee el Corán en la mezquita Al Makmur, en Banda Aceh, el pasado 7 de mayo.
Una mujer indonesia musulmana lee el Corán en la mezquita Al Makmur, en Banda Aceh, el pasado 7 de mayo. AFP
Banda Aceh (Indonesia)

Fajran Zain aún recuerda los días en que los jóvenes amantes de la provincia de Aceh, en Indonesia, podían sentarse juntos y ver una puesta de sol sin tener que preocuparse por la policía religiosa. Esta provincia del extremo oeste es la única donde se practica oficialmente la ley sharia en el país, un controvertido código legal islámico que se introdujo por primera vez en 2001, después de que la capital, Yakarta, otorgara más autonomía a la región en un intento por apaciguar a los rebeldes que estaban librando una insurgencia de larga duración. Tras el acuerdo, el cine y el karaoke están prohibidos y para los jóvenes es casi imposible tener citas.

Los castigos para estos supuestos "delincuentes" van más allá de una regañina por parte de sus padres o de una simple advertencia de las autoridades: las parejas que no están casadas y son sorprendidas en un gesto cariñoso o cogidas de la mano pueden ser flageladas docenas de veces en público. Ocurrió, por ejemplo, en enero de 2019, cuando dos adolescentes de 18 años fueron azotados 17 veces delante de una marea de espectadores frente a la mezquita de la capital de la provincia, Banda Aceh. Su delito había sido abrazarse. Consumir alcohol, las relaciones sexuales fuera del matrimonio, el adulterio, la homosexualidad o el juego también se sancionan.

Quizás la peor parte de esto para los jóvenes sea la vergüenza pública. Los azotes se llevan a cabo frente a las mezquitas, donde grandes multitudes se reúnen y hacen fotos de las personas que son castigadas por un hombre encapuchado y armado con una caña de ratán. Las imágenes luego aparecen en las redes sociales y en los periódicos. Los grupos internacionales de derechos humanos han condenado repetidamente esta práctica e incluso el presidente de Indonesia, Joko Widodo, ha pedido acabar con ella en algunas ocasiones. Pero en Aceh, el 98% de sus cinco millones de residentes practica el Islam. Con más de 219 millones de musulmanes  —el 87% de la población—, Indonesia es el país del mundo con más seguidores de esta religión.

En Aceh los intentos de cambiar la forma en que se aplica la sharia no han avanzado mucho

Las restricciones a las que se enfrentan los acehneses depende de dónde vivan. En Banda Aceh, la situación "se ha relajado un poco" desde que se eligió un nuevo alcalde en 2017, según Zain, de 30 años, que trabaja como analista político de la ONG Aceh Institute en la ciudad. Con la anterior alcaldesa, los movimientos de las mujeres estaban muy restringidos, con un toque de queda parcial impuesto en 2015 que dictaba que debían estar en casa antes de las once de la noche para “reducir la violencia sexual”, dice Zain. En otra parte de la provincia, en el distrito de Bireuen, una norma introducida en septiembre de 2018 prohíbe que los hombres y las mujeres cenen juntos a menos que estén casados o sean familiares, para asegurarse de que las mujeres se "comporten mejor", según declaraciones de un funcionario del distrito publicadas por The Guardian.

Una restricción igualmente misógina introducida en el norte de Aceh en 2013 hizo que las mujeres no pudieran conducir motocicletas a horcajadas, excepto en un caso de "emergencia". El alcalde de Lhokseumawe, la segunda ciudad más grande de la provincia, señaló que tal prohibición era necesaria porque "las curvas del cuerpo de una mujer son más visibles" si viajan de este modo.

Al igual que muchos de los ciudadanos de Aceh, Cut Famelia, de 28 años, apoya en gran medida la sharia, pero no las advertencias que emiten las autoridades y la presión ejercida sobre las mujeres, que pueden ser embarazosas algunas veces. Mensajes oficiales como "si te vistes así, entonces no amas a tu padre" se han distribuido en el pasado, mientras que un cartel colocado en un cruce importante de Banda Aceh avisa de que si un hombre que no sea el esposo ve un solo mechón de pelo de la mujer, el castigo será de 70.000 años en el infierno.

Famelia (centro) y Zain (derecha) en Aceh Institute. ampliar foto
Famelia (centro) y Zain (derecha) en Aceh Institute.

No es de extrañar tampoco que, como dice Famelia, las personas en Aceh “no estén familiarizadas” con aplicaciones para ligar, como Tinder. Si dos jóvenes deciden quedar, tienen que hacerlo en un lugar concurrido, como una cafetería, para compartir una bebida sin alcohol y evitar tener problemas, expresa esta mujer. Ella, pese a lucir con orgullo un hiyab como un signo de su fe, cuestiona a las autoridades por obligar a que todas las mujeres se cubran.

Bajo la ley de la sharia, no solo las mujeres se enfrentan a la persecución: la comunidad LGBT de Aceh también se ha convertido en un objetivo en los últimos años. En 2017, una pareja de homosexuales fue perseguida por una pandilla de vigilantes y recibió 85 latigazos cada uno, desatando muchas críticas dentro y fuera de Indonesia.

Sin embargo, no es solo en Aceh que el conservadurismo islámico parece estar en aumento. Existen evidencias como el encarcelamiento del gobernador de Yakarta o de una budista por quejarse de que los cantos de una mezquita sonaban a un volumen muy alto que demuestran que la religión de línea dura está arraigando en otras partes del país, haciendo tambalear el lema nacional de Indonesia: "unidad en la diversidad".

Hombres y mujeres no pueden cenar juntos a menos que estén casados o sean familiares

El exgobernador cristiano de Yakarta, Basuki Ahok Tjahaja, fue encarcelado dos años en 2017 por blasfemia contra el islam en un caso que fue ampliamente visto como un pulso contra el pluralismo religioso. Su sentencia fue precedida por manifestaciones masivas en la capital organizada por el Frente de Defensores Islámicos que atrajeron a más de 100.000 personas.

En Aceh los intentos de cambiar la forma en que se aplica la sharia no han avanzado mucho. El año pasado, el gobernador de la provincia trató de eliminar los azotes dentro de las cárceles y fuera de la vista pública, provocando quejas de grupos islámicos que organizaron protestas frente a su oficina porque ellos creen que las flagelaciones tienen efecto disuasorio.

Las voces conservadoras también tienden a recibir más publicidad en los medios de comunicación que las progresistas, por lo que pocas personas son alentadas a hablar activamente. Según los activistas consultados, algunas personas temen compartir algunas ideas. Pero hay excepciones. Un grupo basado en Aceh que se llama a sí mismo Red de la Sociedad para el Cuidado de la Ley Islámica tiene unos 30 miembros y está tratando de efectuar un cambio.

Según el académico Fuad Mardhotillah, quien está en la junta asesora del grupo, el problema subyacente con los castigos de la sharia es que "son una mala interpretación del Islam", criticando abiertamente al Gobierno por preocuparse por las personas únicamente “cuando están saliendo o bebiendo”. El grupo ha publicado varios folletos y regularmente organiza seminarios, "pero pocas personas en Aceh prestan atención a estos temas", lamenta Mardhotillah.

Unos jóvenes indonesios disfrutan del atardecer en la playa de Lhoknga, en la proviincia de Aceh . ampliar foto
Unos jóvenes indonesios disfrutan del atardecer en la playa de Lhoknga, en la proviincia de Aceh . AFP

Para los progresistas como él, que esperan revertir el curso de la historia, el futuro parece complicado. Andreas Harsono, investigador de Human Rights Watch con sede en Yakarta y autor de Raza, Islam y Poder: Violencia étnica y religiosa en Indonesia después de Suharto, dice que eliminar la sharia una vez que ha sido impuesta es casi imposible, porque cualquier persona que lo intente es acusada de “cometer blasfemia contra el islam”. Él predice que incluso los niños nacidos hoy serán "afortunados" si la sharia desaparece mientras ellos vivan.

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