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EL NO YA LO TIENES COLUMNA i

Carta abierta a El Sol

Todo iba miel sobre hojuelas porque parece ser que empezaste puntual y, como se puede comprobar en los vídeos grabados por los asistentes, se te entendía lo que cantabas

El cantante mexicano Luis Miguel en un concierto, en Bogotá, el pasado sábado
El cantante mexicano Luis Miguel en un concierto, en Bogotá, el pasado sábado EFE

En uno de sus últimos conciertos Luis Miguel, descontento con el sonido, decidió lanzar un micrófono al técnico encargado. No me resisto a escribirle unas palabras.

Querido Luis Miguel:

Seguramente el día lo empezaste bien entrada la tarde, en la cama de un hotel de lujo, rodeado de mujeres bellas y algún primo. No es fácil entregarte a tus obligaciones cuando oyes un coro que te suplica al unísono: “Quédate amor... no te marches... Vamos a echarnos una cañeja... ¿Pues, qué prisa tienes?”. En esta ocasión hiciste oídos sordos y te personaste en el recinto a tiempo. Todo iba miel sobre hojuelas porque parece ser que empezaste puntual y, como se puede comprobar en los vídeos grabados por los asistentes, se te entendía lo que cantabas. Pero siempre tiene que haber algo... ¿Cuántas veces se lo dijiste? Además, hablándole despacio para que te entendiera. ¡Muchísimas veces! Pero no hay manera: a esa gente le da igual. Incluso parece que lo hagan adrede; que disfruten amargándote la vida.

Como tu mánager que, sin que venga a cuento, cada dos por tres te suelta impertinencias como: mantente sobrio, llega a tu hora, cuídate la voz... ¿De qué ha servido en esta ocasión? De nada. Todo lo ha echado a perder un técnico chichinabesco que, por hacer mal una cosa tan sencilla (lograr que se escuchara bien), ha conseguido que te disgustases. ¿Le tiraste el micrófono? ¡Normal! Y poco me parece; se merecía que lo emplumases. Te propongo que, a partir de ahora, además de las 120 rosas blancas sin espinas y las 120 toallas, exijas también un barril de alquitrán y 120 kilos de plumas de ganso. ¿Y qué me dices de tus fans? Grabando sin parar todo lo que haces con sus puñeteros teléfonos móviles, para después hacerlo público. ¡Alimañas!

En fin, no quiero entretenerte más, permíteme un consejo: a partir de ahora carpe diem.

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