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Halloween: la mejor opción para pasarlo de miedo

Desde el cine hasta la gastronomía, pasando por la tecnología, los disfraces e incluso visitas guiadas a lugares tétricos, nada escapa ya a la celebración de la Noche de los Muertos

Foto: Gran Desfile de Halloween en Salem, Massachusetts. Vídeo: Celebraciones de Halloween

Halloween dejó hace años de representar la invasión de las tradiciones americanas. Cada año por estas fechas un meme que circula por las redes sociales asegura que “celebrar Halloween aquí es como si en Wisconsin sacasen de romería por el Mississippi al Cristo de los Faroles”. Nada más lejos de la realidad, ya que en su esencia, esta fiesta tiene connotaciones cristianas hasta en el nombre y, tal vez por ese motivo, cada vez se ve con menor escepticismo y a la vez, con mayor aceptación y participación.

Igual que el Carnaval, Halloween representa la exaltación de los excesos antes de la Cuaresma y ha llegado para quedarse y quitarle tremendismo a algo tan natural, aunque doloroso, como es la muerte. Hace 40 años comenzamos a escuchar hablar de esta celebración por las películas y secuelas del cine de terror, más tarde fueron las calabazas, los disfraces y la gastronomía. En la actualidad, la explosión consumista de Halloween llega a nuestras vidas unida en estas fechas a cualquier aspecto cotidiano: aplicaciones, viajes, visitas guiadas, escape rooms, experiencias, maquillajes, disfraces, decoraciones especiales… sin olvidar que en la mayor parte de los colegios se ha instalado como fiesta habitual.

Y es que por mucho que el nombre imponga —Halloween, Noche de Muertos o Noche de Brujas—, la celebración es sinónimo de pasarlo de miedo, porque cualquier excusa sirve para la diversión, la imaginación y, cómo no, para el negocio con la justificación del 'truco o trato', los dulces y los disfraces de fantasmas, esqueletos o brujas.

En estos días conoceremos cuáles son los mejores disfraces del año, nos bombardearán con la última moda en Instagram, donde la gente sube fotos de bebés con sus traseros decorados como calabazas y los famosos nos recordarán la celebración en sus redes sociales. Nos invitarán a ver la película que está arrasando en taquilla, Halloween 2018, a las fiestas de los parques temáticos, a comer pasteles con formas fantasmagóricas y veremos más tela de araña y calabazas que nunca.

Tanto despliegue de humor macabro puede trivializar la muerte justo un día antes de que se celebren las festividades religiosas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, los días 1 y 2 de noviembre. Pero lo cierto es que su origen guarda relación con el cristianismo, aunque luego lleve sus aderezos americanos.

Las raíces de Halloween están vinculadas a una antigua festividad de los celtas que habitaban hace 2.000 años en Irlanda, Reino Unido y el norte de Francia llamada Samhain, que significaba 'fin del verano, y que, por tanto, estaba relacionada con la época de las cosechas y además coincidía con el inicio del nuevo año el 1 de noviembre.

Halloween: la mejor opción para pasarlo de miedo

Según la creencia, este día marcaba el final del verano y de la cosecha y el comienzo del oscuro y frío invierno, una época asociada también con la muerte. Los celtas creían que la noche anterior al año nuevo era la frontera entre los mundos de los vivos y los muertos y, por ese motivo, el 31 de octubre celebraban el Samhain, que era cuando se creía que los fantasmas de los muertos regresaban a la tierra posibilitando que los espíritus de las personas fallecidas se comunicaran con sus seres queridos. Así es como se cree que surgió la tradición de los disfraces y las máscaras, precisamente para ahuyentar a los espíritus malignos o bien para mimetizarse con la apariencia que pensaban los celtas que tendrían.

Años después, en el 43 después de Cristo el Imperio Romano conquistó la mayoría del territorio celta. Durante los cuatrocientos años que gobernaron aquellas tierras, dos festivales de origen romano se combinaron con la tradicional celebración celta de Samhain. El primero era Feralia, un día a finales de octubre en el que los romanos conmemoraban tradicionalmente el fallecimiento de los muertos. El segundo era un día para honrar a Pomona, la diosa romana de la fruta, los árboles y la cosecha. El símbolo de Pomona era la manzana, por lo que esto también puede explicar la incorporación de la tradición de juegos con manzanas que se practican hoy en día en Halloween.

Varios siglos después, la Iglesia católica, dispuesta a luchar contra la paganización, trasladó una celebración de fecha y todos, espíritus, santos y muertos, quedaron en torno al 1 de noviembre. Ocurrió así: el 13 de mayo del año 609 después de Cristo, el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón de Roma a todos los mártires cristianos, y esa fecha se estableció como el Día de Todos los Mártires en la Iglesia occidental. El Papa Gregorio III  amplió después la celebración para incluir a todos los santos, así como a todos los mártires, y trasladó la fecha del 13 de mayo al 1 de noviembre.

Ya en el siglo IX, la influencia del cristianismo se había extendido por las tierras celtas, y allí se mezclaban ritos y celebraciones. En el año 1000 la Iglesia designó del 2 de noviembre como el Día de los Difuntos, un día para honrar a los antepasados fallecidos, tal vez para reemplazar de manera definitiva el festival celta de los muertos por una festividad religiosa.

En esta época es en la que se origina la palabra Halloween, ya que proviene del concepto inglés antiguo, y ya en desuso, All Hallows Eve, que quiere decir ‘Víspera de Todos los Santos’. Hallow es una forma en inglés antiguo para referirse a los santos, mientras que Eve, también en desuso, designa la parte final del día, esto es, la víspera del día siguiente.

Desde ese momento, la celebración de Halloween quedó reducida a zonas coloniales por la implantación del protestantismo, pero a medida que se unieron las creencias y costumbres de los diferentes grupos étnicos europeos, así como de los indios americanos, comenzó a surgir una versión claramente estadounidense de Halloween que, en sus primeras celebraciones, incluía juegos, eventos públicos para festejar la cosecha, historias de los muertos y mucha música y comida.

En el año 1840 Halloween se implanta en Estados Unidos y en Canadá con un gran arraigo gracias a los inmigrantes irlandeses, que transmitieron la tradición durante la gran hambruna irlandesa y a los que se le debe la costumbre de tallar las calabazas huecas con una vela dentro tan características en estos días. Sin embargo, no fue hasta 1921 cuando adquirió la popularidad actual, ya que ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota. Desde ese momento, los periódicos y los líderes de las distintas comunidades animaron a la población a sacar cualquier ropa grotesca a la calle para participar en las celebraciones de Halloween, que empezó a perder la mayor parte de sus connotaciones supersticiosas y religiosas.

A partir de ahí la fama de la original celebración fue aumentando y extendiéndose por el resto de estados norteamericanos hasta que, a finales de los años 70, el estreno de la ahora clásica película de terror Halloween, de John Carpenter, la globalizó por el resto de continentes y 'truco o trato” pasó a ser la forma relativamente barata para que todos compartieran la celebración de Halloween.

Esta tradición se remonta a los primeros desfiles del Día de los Difuntos en Inglaterra. Durante esta celebración, los ciudadanos pobres pedían comida y las familias les daban pasteles llamados 'pasteles del alma' a cambio de su promesa de rezar por los familiares muertos de la familia. La Iglesia fomentó esta práctica como una forma de reemplazar el hábito de dejar comida y vino para los espíritus vagabundos a la puerta de la casa en estas fechas y la tradición fue retomada años después por los niños que visitaban las casas de su vecindario y recibían dulces y dinero a cambio de oraciones por los fallecidos.

De esta forma, nació una nueva tradición estadounidense que no ha parado de crecer. Las estimaciones sitúan el gasto anual de los norteamericanos en Halloween en 6.000 millones de dólares, lo que convierte a esta celebración en el segundo día comercial más importante del país después de Navidad.

La celebración que conocemos hoy, por tanto, es una mezcla de tradiciones, modas, ganas de diversión y, cómo no, mucho consumismo antes de comenzar el asalto a la Navidad. En la actualidad se celebra por todo lo alto en los países anglosajones como Canadá, Estados Unidos, Reino Unido e Irlanda, pero también goza de un gran seguimiento en España y en diversos países de Hispanoamérica que, con adaptaciones propias, también han sucumbido a la celebración del miedo y el humor rodeados de dulces, calabazas, velas, arañas, brujas y desfiles de disfraces.

La tradición la marca la historia, pero las celebraciones toman forma gracias a la imaginación, así que, con disfraz o sin él, nunca pueden faltar los motivos para festejar la vida, aunque sea como en Halloween, con el recuerdo de los que ya no están pero siguen a nuestro lado en espíritu.

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