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¿Un ‘sol poble’?

Ahora la moda es ser patriota: una jugada obvia que busca convertir las elecciones en un plebiscito sobre la unidad de España

Las banderas de la Unión Europea frente a la sede de la Comisión de la UE en Bruselas, Bélgica.
Las banderas de la Unión Europea frente a la sede de la Comisión de la UE en Bruselas, Bélgica.

Miro y no veo, por más que lo intento, el patriotismo constitucional de Habermas: veo el peligro de un discurso que llama de nuevo a la supremacía de un nosotros y lo fácil que se desliza hacia la humillación del otro. No veo a Rawls o a Berlin, sino esa dicotomía nosotros-ellos que señala supuestos impostores, enemigos de un incomprensible orgullo de quienes dicen, qué curioso, no estar acomplejados. No veo, en fin, a Stuart Mill: veo una Europa ensimismada en el provincianismo de sus naciones y la estrechez emocional de sus líderes.

Seguimos padeciendo una forma de pensar moralmente obtusa: nuestro patriotismo impetuoso y kitsch. Y sentimos aún los efectos de cambiar el futuro de la promesa democrática por la evasión hacia el pasado, la transformación del discurso político en el emblema simplificador del “nosotros primero”, aunque sepamos por Borges que toda doctrina que descarta la duda es una forma de fanatismo y estupidez. De los creadores del lepeniano “volver a poner a Francia en orden” y el brexiter “recuperar el control”, llega este nostálgico “volvamos a sentir orgullo de nuestra nación” de un Rivera que dice (¡ay!) ser un Macron. Pero este detectó que el republicanismo cívico podía tornarse en xenofobia excluyente, y reafirmó la idea de Francia vinculándola a Europa. Rivera ha decidido reactivar ese sagrado quehacer introspectivo que pone a la nación en el diván, y entrar en el refugio patriótico del sentimentalismo de taberna, ese que llora tan orgulloso de sí mismo.

“Sólo veo españoles” es el gesto populista de otra visión radicalizada de la identidad, ahora homogénea y conservadora; un gesto que responsabiliza al factor culturalista de la cohesión social y la defensa de lo propio, olvidando la incorporación activa de la diversidad de lenguas y culturas en el orden constitucional. ¿Dónde está el liberalismo cuando la diferencia se convierte en jerarquía y se yerra al valorar la diversidad? Esa exaltación del solipsismo de grupo bloquea la imaginación cosmopolita, ese “reconocer lo común en lo extraño y lo extraño en lo común” de Nussbaum. Porque ahora la moda es ser patriota: una jugada obvia que busca convertir las elecciones en un plebiscito sobre la unidad de España. @MariamMartinezB

 

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