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EP Tendencias BLOGS Coordinado por MARÍA JESÚS ESPINOSA

Mona León Siminiani, la voz de tu conciencia

La creadora del podcast 'Negra y criminal' cierra la cuarta temporada de la serie con más de dos millones de descargas

Mona León Siminiani, durate una entrevista con 'Podium Podcast' en 2017.
Mona León Siminiani, durate una entrevista con 'Podium Podcast' en 2017.

La voz de Mona León Siminiani asusta y atrae en la misma proporción que lo hacen sus historias. ¿Qué nos ocurre con el miedo, con las historias atroces de personas que desafían a la misma razón? ¿Por qué queremos aferrarnos a ellas tanto tiempo? Imagino que todas estas cuestiones se las fue planteando esta mujer que se ha convertido en una de las voces más reconocibles y admiradas del podcasting en español. Ahora cierra la cuarta temporada de Negra y Criminal —con una legión de fans detrás y más de dos millones de descargas— con una ambiciosa adaptación sonora de El cabo del miedo, la película que Martin Scorsese convirtió en mito en el año 1991. Entre una grabación y otra, hablamos con ella y de cómo entiende el auge de la ficción sonora en la actualidad.

Pregunta. ¿Cuál es su primer recuerdo de escuchar ficción sonora?

Respuesta. He de confesar que siempre he sido más de ver que de escuchar. Aun con esto, lo que sí recuerdo que me encantaban eran los cuentos en vinilo que me regalaban por mi cumpleaños o por Reyes. Mis preferidos eran Heidi, El soldadito de plomo y Pinocho. Recuerdo una frase que Pinocho le decía a Pepito Grillo en tono muy cantarín: “¿Pues sabes lo que te digo? ¡Que ya me estás hartando! (CANTARÍN) Y-para-que-te-chiiinches, me voy al circo con estos amiguiiitos”. Es una frase que todavía puedo oír y que meto en muchas conversaciones, porque creo que realmente de algún modo extraño me marcó. Sí me parece curioso que esa sea la frase que más recuerdo, una frase que Pinocho le dice a su Pepito Grillo, siendo que hoy yo soy una especie de Pepito Grillo de mis personajes… También recuerdo haber escuchado Historias de Medianoche, de Chicho Ibáñez Serrador, que ahora ha recuperado Podium Podcast. Me parecía increíble que ese mismo tipo fuese el ideador o gran jefe del programa Un, dos, tres... responda otra vez, que en mi infancia era un espacio televisivo prácticamente imprescindible. Posteriormente, también recuerdo los sketches del cine de Lo que yo te diga. Me parecían muy libres, mucho más que el audiovisual, y eso, al margen del contenido, es algo que siempre me ha llamado mucho de la radio y el mundo sonoro.

P. ¿Y la primera vez que supo que se iba a dedicar a esto?

R. Eso es un poco difícil de contestar con mi trayectoria. Creo que lo que podría llamar “la decisión” la tomé con Extra Fantástica. Años antes ya había hecho ficción radiofónica en Radio Nacional, con la subdirección de Siritinga, los cuentos de El Ojo de Ya Vé y las adaptaciones que hicimos en Videodrome (La Guerra de los Mundos, Macbeth o La vida de Brian), pero en ese momento, sinceramente, no tenía una decisión tomada. Me gustaba hacerlo, organizarlo, mirar cómo se podría hacer para que el oyente “viera”, dirigir (rudimentariamente) a los actores, pero creo que no era consciente de que eso fuera algo a lo que yo seriamente me quisiera dedicar. Eran experimentos, cosas que me gustaban y que se me ponían por delante, sin más. Digamos que me estaba dedicando a ello pensando que en realidad me dedicaba a otras cosas… ¡El autoengaño es algo muy poderoso en la mente humana! Fue con Extra Fantástica, que hice años después de la primera temporada u oleada en Radio 3, cuando deliberadamente empecé a perfilar y a aunar muchos de mis gustos en algo que fuera mío. El viraje a la ficción más pura lo di ya en la SER a petición de Luis Rodríguez Pi, director de programas, para un programa de verano que se llamaba El verano no existe. Ahí empecé a vislumbrar el trabajo con actores y la posibilidad de ficciones puras, aristotélicas con su planteamiento, nudo y desenlace. Solo tenía que aplicar lo que había hecho en audiovisual al formato radiofónico.

"El poder de lo sonoro radica en la imaginación. En lo sonoro la película la haces tú en tu cabeza"

P. ¿Quiénes han sido sus referentes? ¿A quiénes o a qué recurre con asiduidad?

R. Siempre la literatura y el cine. Como te decía antes, no soy un animal sonoro así de nacimiento. Soy gran fan y ávida lectora de clásicos, donde para mí está todo. Me gustan especialmente Dickens, Austen, los rusos de finales del XIX… los grandes tochos, vamos. En cine reconozco mi veneración a Hitchcock, a los noir de los setenta y a la alta comedia de la edad dorada de Hollywood, todas esas screwball en las que no puedes casi seguir el diálogo de lo rápido que va, diálogos brillantes… y vibrantes. Pero me dejaría muchísima gente fuera si solo nombrara a estos: John Fowles, Kipling, Somerset Maughan, la elegancia de Howard Hawks, el cine por los cuatro costados de Scorsese, los planteamientos ambientales de David Fincher… ¡Uf, son muchos!

Para mí la referencia siempre es la emoción, cómo contar una historia y que te enganche, que te diga algo. Tipos de historias hay nueve, creo que es lo tipificado, y los humanos las llevamos oyendo, leyendo, viendo y viviendo una y otra vez desde que el principio de los tiempos, una estructura de mito de héroe que se repite y se repite sin cansar nunca, lo que la hace nueva y apetecible cada vez es el “cómo”, cómo se cuenta, cómo la misma historia puede ser tantas historias como narradores haya, cómo alguien la hace suya y la comunica.

También la música es un referente para mí, pero en este apartado podríamos estar horas. Yo entiendo que una ficción o una pieza tiene que sonar como la música, con su tempo, con su melodía única, sus tensiones y distensiones. De ese concepto me sirvo para escribir, dirigir a los actores, montar… Sirve para todo, es como una especie de intuición de cómo suena esto en realidad. Igual ocurre con los actores: quién es tu personaje en realidad, cómo debe hablar para expresar lo que tiene que expresar y decir lo que tiene que decir. Uno no se pelea en el mismo tono que se enamora, ni habla con el frutero en el mismo tono que a su madre: para que las historias sean creíbles, todos los que las hacemos tenemos que “escucharlas” antes de ejecutarlas. Si la historia es buena, en ella está todo. Si el personaje está bien perfilado, el actor solo tiene que rellenarlo.

P. Cuénteme su background en la radio pero también como guionista en cine y televisión.

R. Esta también es una respuesta azarosa, porque mi trayectoria ha sido realmente azarosa. Intentaré resumir: a la radio llegué después de haber cursado el Master de RNE. El master no me contrató, pero me quedé en varios programas de Radio 3 (Siglo 21, Peligrosamente juntas y algunos más) y como entrevistadora de Carlos Herrera un tiempo. En esa época, como ocurre en la radio normalmente, hice de todo: guion, locución, algo de montaje al final. Después me dediqué al guion y a la locución comercial y de canales de televisión. En esa época estudié Guion Avanzado en la EICTV de Cuba, y estuve intermitentemente fuera de España un tiempo. Escribí algún corto y recalé en Colombia, donde escribí varias biblias de series. Sinceramente, nunca me gustó mucho el guion para audiovisual. Billy Wilder, excelente guionista del gran grandísimo Lubitsch —entre otros— siempre contaba que él se hizo director cuando, en una película que había escrito en su etapa alemana, había visto una broma suya arruinada por el director. Un guion es algo muy difícil de hacer, y si luego la cosa no es como se había planeado, se genera una cierta frustración.

P. ¿Cómo llega a crear Negra y Criminal?

"Me planteo cada cada ficción hablando desde el propio ser humano, con sus grandezas y sus miserias, que son las de todos"

R. Negra y Criminal fue, en principio, un encargo que me hizo la SER para la franja de madrugada de sábado a domingo. Iker había salido poco antes, y querían algo que mantuviera el espíritu de terror. También querían ficción y casos criminales, así que empecé a pensar qué podría hacer yo, con mi trayectoria, en ese tiempo. Era una hora y media semanal, muchísimo tiempo para ficción. La ficción no tiene nada que ver con radio convencional: es muy laboriosa y se pueden tardar semanas en preparar una sola cosa, esto es algo que no siempre se percibe desde fuera. Tuve muchas conversaciones con Rodríguez Pi, director de antena, sobre el formato, el tono, el modo de hacer un programa que no tuviera una presentadora al uso diciendo “Buenas noches”, y el modo también de que yo entrara en el programa (¿cómo hacerlo?). Fue un proceso bastante apasionante, pero de un trabajo ímprobo. Además, el sello de Negra y Criminal que buscábamos desde el principio era precisamente la producción: que todo fuera de calidad, y por entonces hacíamos una ficción y un caso por semana. Es como hacer dos películas en total por semana, y cada semana cambio de tema, de actores, de historia y de todo. ¡Es una locura! También era la primera vez que yo dirigía actores de manera digamos profesional.

Posteriormente, y conforme íbamos asentándonos, fui afinando mi estilo, y todos íbamos conformando una marca propia hecha por muchas personas que son absolutamente imprescindibles: Rober García, Noe Guillén y Alex Otheguy con los montajes; Fermín Agustí en la producción; Dani Marín, Sergi Moral o Teo Rodríguez en los guiones; los periodistas Mónica González Álvarez, Neus Sala, Carlos Quilez u Óscar de Julián. Y en actores ya es que no tendría páginas para nombrarles a todos: Nacho Marraco, Mabel del Pozo, José Ángel Fuentes, Íñigo Álvarez de Lara, Héctor Checa, Jos Gómez, Álvaro Ramos, Raúl Lara, Elisa Chía… (me dejo fuera, pero es que son muchísimos) e incluso las estrellas que hemos tenido: Nancho Novo, Pepe Viyuela, Luis Callejo, José Luis García Pérez… Todo es un trabajo hecho con mucho cariño y muchas horas en pos de algo que sea propio y que sea nuestro.

Luego me fui apartando del terror puro con el que empezamos para ir hacia algo en lo que nos estamos moviendo más ahora. Reconozco que a mí el terror per se no me apasiona, excepto el psicológico. Pero el miedo sí: los vericuetos del alma, ese “¿hasta dónde podrías llegar?”, etcétera. Y el humor, la ironía sobre todo, también me interesan mucho, sobre todo en este tipo de género. No soy muy de fantasmas, ni de monstruos ni de lo paranormal. Me gusta el cuestionamiento constante, el miedo cotidiano y los límites de este y hacer algo que creo que en nuestra sociedad de redes y falso optimismo parece un tabú: atreverse a mirar a la sombra a la cara. Es algo que yo necesito, y estimo que si yo lo necesito, habrá mucha gente como yo. Y parece que sí la hay. 

P. Ha creado una legión de fans en Twitter y Facebook. ¿Cómo es su relación con ellos?

R. Pues esto va a quedar pelota, pero he de decir, y quienes me conocen lo saben, que yo soy muy poco pelota, más bien puedo resultar un poco arisca si me apuras... [risas] Bueno, lo diré: los fans son creo que el mayor regalo que me ha hecho Negra y Criminal. Me encantan. Mucho. Y no hablo del concepto fan de por sí, hablo de los míos. Entienden perfectamente, son leales, son cultos, tienen sentido del humor y me sorprenden siempre. Yo siempre he intentado hacer una cosa muy honesta con Negra y Criminal, muy de “esto es lo que me pasa a mi”, “estas son las cosas que pienso y me planteo yo”, “esto es lo que me gusta a mí y como me gustaría que me lo contaran a mí”. Eso requiere mucho esfuerzo de muchos tipos, no solo profesional, también personal. Y cuando lo haces y lo emites o lo cuelgas te quedas en una situación un poco de indefensión: he lanzado todo lo que me pasa al ruedo, a ver qué ocurre ahora. Cuando la gente responde, cuando me dicen que les ha llegado o que les ha ayudado incluso… Uf, eso es todo lo contrario a la frustración de la que hablaba antes. Yo siento que me entienden a mí, eso no tiene precio.

El hecho de que cierto oyente, M. A. P., no sé si puedo decir su nombre, entre otros, me siga fielmente desde Extra Fantástica, o de que se molesten en entrar a la app y suscribirse, o a Twitter o Facebook solo para decirnos “Gracias”, felicitar a todo el equipo, decir lo que les pasa cuando nos escuchan. O que me ponga mala y no pueda salir un capítulo a tiempo, o esté atorada, como ahora, y se haya retrasado la salida de El cabo del miedo, y que digan: “Esperamos lo que sea, Mona”… eso, de verdad, es muy impagable. Muchas veces estoy con la música y sigo buscando porque me imagino lo que le va a pasar al oyente cuando escuche este subidón o este fundido en primer plano y me da fuerzas para seguir buscando opciones. Todo para sus oídos. Y espero que para sus corazones. Me vas a disculpar: sí, soy una sentimental... [risas]

P. ¿Por qué el misterio, los sucesos, el relato negro siguen siendo los temas por excelencia para el gran público?

R. Creo que una de las razones te la decía antes: en mi opinión, paradójicamente, vivimos tiempos oscuros, y digo paradójicamente porque esa oscuridad radica precisamente en que no lo parezca, en ocultarlo, lo cual lo hace muy peligroso. El hecho es que la sombra, y hablo de la sombra jungiana, la que va con cada ser humano al nacer, necesita lo suyo igual que la luz necesita lo suyo. Hay algo muy insano en siempre parecer optimista, o que todo te va bien. Es verdaderamente anatema a día de hoy algo tan normal como no tener un buen día, o que alguien no te caiga bien, o que algo no te guste o no puedas con ello. Para qué hablar ya de la maldad en sí misma, de los impulsos agresivos (grandísimo tabú, la imprescindible agresividad) o de todo lo que conlleva la sombra. La gente necesita mirar todo esto, desligarse del tabú. La rabia, por ejemplo, o la ira, son pasiones básicas y necesarias para la supervivencia. No se trata de alimentarlas y estimularlas, no es eso, es precisamente atreverse a aceptar que eso forma parte de uno tanto como la alegría y el amor. La tristeza, el desasosiego, la tan necesaria últimamente frustración. ¿Qué ocurre con la frustración? ¿Quién la ha prohibido y sobre todo para qué? Sin frustración no hay ímpetu de superación. Yo me planteo cada caso, incluso cada ficción, desde este concepto, porque entonces no estoy hablando desde el morbo, no me interesa el morbo, hablo desde el propio ser humano, con sus grandezas y sus miserias, que son las de todos.

P. ¿Dónde cree que radica el poder de lo sonoro y qué lo diferencia de una película o una serie de televisión?

R. En la imaginación, claramente. En lo sonoro la película la haces tú en tu cabeza: nadie mejor que uno mismo para hacer del mejor productor de su película ideal. Hasta la fecha, no se conoce mayor poder que el de la imaginación. El desarrollo de todo lo que ha dependido de los humanos nace en la imaginación, en la pregunta “¿y si…?”. A mí hay oyentes que me dicen que Negra y Criminal les parece mejor que el cine, y lo argumentan con esta misma razón. En tu imaginación los actores tienen la apariencia que tú elijas, el bosque es todo lo oscuro que tú quieras y tiene los árboles que tú elijas, el pasillo puede ser el de la casa de tu abuela... Es inagotable, esto, y tiene una gran ventaja: cada persona se está imaginando cosas completamente diferentes, está viendo películas completamente diferentes a partir de un mismo estímulo. Es igual que la realidad: un mismo hecho vivido por ti o por mí son hechos que pueden llegar hasta a parecer contrarios contados por ti o por mí. También juega mucho la intimidad. Lo sonoro entra muy directo, hay muy pocos intermediarios entre lo que estoy oyendo y lo que eso me dispara, en realidad tiene algo de libertad absoluta.

P. ¿Cómo definiría esa voz que ha creado para sus trabajos, la voz de la conciencia?

R. A mí me gusta llamarla la voz interna. Por voz de la conciencia solemos entender algo con un tinte más moral, y Mona no tiene moral, digamos. Puede ir con el asesino o con la víctima, y es muy raro que tome posiciones morales. En realidad es eso: la voz interna que todos llevamos dentro, que nos advierte, nos hace bromas, dice lo que no nos atrevemos a decir socialmente, nos echa puros de vez en cuando y sobre todo nos dice las verdades que ni nosotros mismos queremos saber. Además, técnicamente cumple otra función, la de “hacer de cámara”. Muchas veces Mona hace apreciaciones de espacio, algo fundamental para crear realidad en sonido, o advierte de cosas que vienen, une puntos o llega a conclusiones que en cine por ejemplo se hacen mediante la imagen pura. Ella es un arma en este sentido. Este era también un modo de hacerme presente en el programa sin ser una presentadora al uso, como te comentaba antes. Lo que no sabía es que se iba a convertir en un sello “tan sello”, por decirlo de algún modo. Mona no es un personaje que pretenda decirle al oyente lo que debería pensar, más bien muchas veces dice lo que está pensando, y con eso también es una narradora de la propia imaginación del oyente. Un lío, vaya.

P. Háblenos de la espectacularidad del último episodio de esta 4ª temporada de Negra y Criminal con una adaptación sonora de El cabo del miedo.

El Cabo del Miedo es la cuarta “grandísima adaptación” de Negra y Criminal. La primera fue Irene, de Pierre Lemaitre, y que hicimos en tres partes. Fermín y yo creíamos que moríamos con esa producción. Luego vino La noche del cazador y la última, Vértigo, una de mis películas favoritas.

Y ahora nos hemos enfrentado a El cabo del miedo que es una historia verdaderamente mastodóntica. El guión lo hemos coescrito Daniel Marín y yo, pero Dani es el que se ha chupado toda la estructura con las tres fuentes: el libro de John D. MacDonald, la película de Thompson de 1962, con Robert Mithcum y Gregory Peck, y la de Scorsese de 1991 con Robert de Niro, Nick Nolte y Jessica Lange. La verdad, cuando empezamos con esto no sabíamos que iba a ser lo que era. Yo se lo propuse a Dani, un cinéfilo redomado, y le pareció genial. Incluso parece fácil. Pero cuando entras en la historia te das cuenta de que es una de esas historias que sí, parece fácil, pero es en realidad complejísima. Tiene tantos vericuetos, es tan... profundo, diría, lo que cuenta, lo que plantea, las posibilidades de cada personaje, que se hace como mínimo la pieza más retadora que hemos hecho hasta la fecha. Sinceramente, no lo esperábamos, pero si hay algo que a estas alturas nadie puede negar es que lo que nos gusta en Negra y Criminal son los retos. Hemos enfocado la historia hacia el conflicto casi de doppelgänger que plantea: un Max Cady que es precisamente la sombra de Sam Bowden, el abogado algo acomodaticio y bastante más laxo de moral de lo que él mismo se imagina. Esta lucha sin cuartel que tiene, y en la que se ven involucradas su mujer y su hija adolescente, que también tienen sus propias líneas nada suaves, es un reto de escritura y mucho de interpretación. Todos tenemos en la cabeza ese famoso “Abogaaaadooo” de Robert de Niro, y remedar eso siempre es provocador para un actor. Pero que no cunda el pánico, porque tenemos reparto más que de lujo. Como Max Cady tenemos a Nancho Novo, que se atreve con todo y que es un malo perfecto (lo cual equivale a decir que es un actorazo) dándole la réplica al excelente Nacho Marraco, que esta vez hace de “bueno”. Mi imprescindible Mabel del Pozo como Leigh, esposa de Sam, para mí una de las mejores actrices de este país, y Elisa Chía, otra superior, como Nancy, hija de la pareja. Como Mark Dutton, el gran Héctor Checa. Como digo, un repartazo. El montaje, que hacemos Noe Guillén y yo a las músicas, es también muy complicado, porque es un tipo de montaje “interno”, donde, aparte de que todo suene muy natural, como nos gusta en Negra, importa el recorrido sonoro que describe el interior de los personajes, porque esta es una ficción de personajes, de mundo interno y de mucha mucha tensión. Esperemos estar a la altura.

P. Recomiéndenos un podcast y diganos por qué le gusta.

R. Los primeros que me vienen a la cabeza son tres: V, las cloacas del Estado, Le llamaban padre y Radio Ambulante. Son muy diferentes, y ninguno es de ficción, pero me parecen muy interesantes los tres. V me parece un soberbio ejercicio de periodismo de investigación, muy poco común en España, valiente y revelador, un ejemplo. Le llamaban padre une al también impactante trabajo de Carles Porta una realización y una organización narrativa a cargo de José Ángel Esteban que, personalmente, me gusta mucho, me parece muy elegante y la destilación de mucha experiencia y mucho buen hacer. Y Radio Ambulante me gusta también, me parece muy efectivo y muy cercano, me sorprende la mayoría de las veces.

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