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Violencia y testosterona

Un artículo que repasaba las razones psicosociales y biológicas

de las agresiones sexuales, causa indignación

Un manifestante sostiene una pancarta durante una protesta en Madrid el 4 de mayo de 2018.
Un manifestante sostiene una pancarta durante una protesta en Madrid el 4 de mayo de 2018. AFP PHOTO

Coincidiendo con la polémica suscitada por la sentencia del juicio a La Manada, el politólogo Víctor Lapuente publicó este lunes un artículo en la sección Claves titulado Por qué los hombres violamos. La pregunta se contestaba en la primera línea: “En parte, por la testosterona, que dificulta nuestro autocontrol. Aun así, con la misma biología, los hombres cometemos hoy menos crímenes que en el pasado. Con una siniestra excepción. Seguimos agrediendo a las mujeres. Y las razones hay que buscarlas en un aspecto poco conocido de la naturaleza masculina: nuestra sensibilidad”.

El articulista explicaba también que dos revoluciones sociales: la tecnológica y la feminista “han contribuido a que nos mostremos particularmente agresivos con las mujeres”. Para combatirlo, abogaba por educar en la igualdad de género para ayudar a los hombres a librarse de los “corsés emocionales” y de la “extrema competitividad” que alimentan esa violencia.

Decenas de lectoras (también algunos lectores) me han escrito indignadas por un artículo en el que muchas, como Nazareth Esteban, han visto un intento de justificar la violación “como un imperativo biológico”. Otra lectora, Katherine Latorre, se pregunta: “¿Cómo van a excusar a los hombres como víctimas de un comportamiento que ellos mismos crearon?”.

Por su parte, Marina Álamo Bryan, antropóloga, que escribe desde Nueva York, apunta: “Los argumentos biologizantes, basados en supuestos estudios psicológicos (de los cuales no da referencia el autor) que se utilizan para desarrollar el argumento del texto son, por decir lo menos, decimonónicos. Son el tipo de argumento que reduce la voluntad humana a factores físicos, ‘naturales’ y biológicos (…) Cualquier argumento sustentado en la idea de algo ‘natural’, sin dar referencias a estudios de biología evolutiva, está fuera de lugar en una conversación pública sobre género, mucho menos violencia de género”. A otra lectora, Pilar Aguilar, le parece “inconcebible” que este periódico lo haya publicado. “Si unos “argumentazos” de este estilo se usaran para justificar la esclavitud de los negros o el antisemitismo ¿los publicarían?”, escribe.

Muchas lectoras han interpretado que el texto justificaba la violación por 'imperativo biológico'

Víctor Lapuente, al que he remitido las quejas, responde: “Me duele lo del imperativo biológico, porque el artículo intenta precisamente contrarrestar la idea del determinismo biológico y decir que no es suficiente con la biología, sino que la educación en valores, la cultura, es fundamental”. No obstante, cree que ante este problema hay dos opciones: “Podemos calmarnos e intentar discutir las causas y soluciones a la violencia machista de forma tranquila para, por ejemplo, identificar grupos vulnerables y programas educativos focalizados. O podemos continuar alimentando la espiral de indignación e ira, que nos llevará a muchos tuits. Y a muy pocas políticas efectivas para luchar contra uno de los problemas sociales más importantes de nuestro tiempo”.

José Ignacio Torreblanca, jefe de Opinión, explica por su parte: “Víctor Lapuente decidió abordar en su columna un problema tan complejo como delicado. Lo hizo con toda honestidad y buena fe tras haberse documentado y examinado un buen número de estudios al respecto. Su columna pretende dar cuenta de las diferentes teorías e hipótesis sobre la violencia sexual. Estudiar e intentar explicar un fenómeno no significa justificarlo ni aprobarlo, de ahí que considerara su columna apta para la publicación”.

Otro artículo que se refería a la lacra de las violaciones, esta vez en relación con la sentencia de La Manada, ha provocado también quejas. Me refiero la columna Machos que firmaba el martes el escritor Félix de Azúa. En ella se incluía la siguiente frase referida a los condenados: “Ahora, en la cárcel, tendrán ocasión de experimentar en carne propia las violaciones en grupo. Se van a morir de la risa”. Varios lectores me han escrito molestos. Uno de ellos, Julio Villanueva, señala: “La necesaria independencia de los articulistas de EL PAÍS no puede justificar la publicación de barbaridades de semejante calibre”. José Ignacio Torreblanca pide disculpas por ello: “Debimos invitar a De Azúa a corregir su texto”.

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