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Salvar a los rohinyás

La comunidad internacional debe actuar con decisión para que Myanmar acepte el retorno de los rohinyás y respete sus derechos

Refugiados de la minoría musulmana rohinyá llegan al puerto de Kuala Kedah en Malasia en abril de 2018.
Refugiados de la minoría musulmana rohinyá llegan al puerto de Kuala Kedah en Malasia en abril de 2018.

La tragedia de los rohinyás, la minoría musulmana de Myanmar perseguida por el Ejército y el Gobierno birmano, no cesa. Como han mostrado los extensos reportajes publicados por este diario, a las inhumanas condiciones de vida de los campos de refugiados de Bangladés se añade ahora la amenaza de los monzones. La población puede verse de nuevo diezmada cuando las lluvias inunden Kutupalong, el mayor campo de refugiados del mundo, y los otros asentamientos en los que viven las 700.000 personas que han huido de Myanmar desde que en agosto de 2017 comenzó la persecución. Otros 500.000 permanecen aún en Myanmar, país de mayoría budista, recluidos en campos especiales o confinados en sus aldeas.

Resulta del todo decepcionante que un referente mundial de la lucha por la democracia como fue la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi no esté ahora comprometida con la defensa de los derechos humanos de las minorías de su propio país. Cuando en 2015 su partido ganó las elecciones con más de dos tercios de los votos todos celebramos que por fin se abriera una nueva era de justicia y democracia para Myanmar. Pero el Ejército que sostuvo la dictadura sigue llevando las riendas del país y con la excusa de perseguir a un grupúsculo radical que atentó contra las fuerzas de seguridad se ha lanzado a la implacable persecución de toda la comunidad, con ejecuciones sumarias y asesinatos.

Despojados de la ciudadanía en 1982, sin acceso a la sanidad o la educación, los rohinyás son víctimas de un plan de limpieza étnica cuyo objetivo es lograr que desaparezcan como comunidad. De momento ya han logrado expulsar al 60% y el resto se encuentra en tales condiciones de sometimiento que el único horizonte que les queda es la huida o la muerte. La comunidad internacional, a través de la ONU, debe actuar con decisión para que Myanmar acepte el retorno de los rohinyás y respete sus derechos como ciudadanos.

 

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