El acento
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Entre el cielo y el infierno apenas hay unas comillas

Más allá de la "rabiosa actualidad" hay polémicas que sacuden la Semana Santa

El papa Francisco bendice a los fieles durante el rezo del Regina Caeli en la Plaza de San Pedro.
El papa Francisco bendice a los fieles durante el rezo del Regina Caeli en la Plaza de San Pedro.ALESSANDRO DI MEO (EFE)

Con la actualidad pasa como con los canales de televisión. No es bueno permanecer siempre en los primeros números y conviene pasarse de vez en cuando por los lugares más alejados del dial televisivo. Con solo pulsar el botón un ratito uno descubre que no todo es Cataluña, los másters de unas, las cajas b de otros y las desgraciadas tragedias de todos.

Se cambia el canal y, de pronto, aparecen tipos que se ganan la vida con lo que encuentran en trasteros abandonados, cocineros que mastican saltamontes vivos en Borneo, gente enloquecida reformando su casa, unos increíbles viajes en tren por Mongolia y unas maravillosas explicaciones sobre los átomos y la armonía de los planetas girando alrededor del sol. Y para que digan que la televisión no forma, a uno le entran ganas sucesivas de ordenar el trastero, hacer la cena, cambiar los sofás de sitio, mirar unos segundos por la ventana y tratar de terminar la lectura, completamente atascada, de Amor y matemáticas. Luego el dedo nos devuelve a la rabiosa actualidad... y se acabaron las ganas de todo.

Esta Semana Santa entre procesiones, atascos, independentistas levantando barreras, ministros cantando El Novio de la Muerte y políticos anunciando su feliz maternidad/paternidad —enhorabuena— por otros lugares de la actualidad se ha producido una curiosa polémica que ha tenido como protagonistas nada menos que al Papa, al infierno y a un veterano periodista italiano.

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Eugenio Scalfari, fundador de La Repubblica —y en cuyo honor han creado el tipo de letra que desde hace poco figura en el periódico—, ha realizado varias entrevistas a Francisco. En la última, publicada a solo 48 horas del Viernes Santo, el Papa decía que no hay infierno. Toma. Como cada vez es más difícil encontrar la diferencias entre las redes o páginas especializadas y un bar del Oeste, todo el mundo se puso a disparar mientras el pianista hacía lo posible por esquivar las balas. Que si Bergoglio no tiene ni idea de teología, que si es todo una conspiración de la izquierda masónica italiana, que si los conservadores en la Iglesia están dando palmas con las orejas ante otra metedura de pata papal...

El Vaticano decidió devolver la pelota —dos mil años voleando desde el fondo de la pista no se borran de un plumazo— y convirtió el debate teológico en un asunto de deontología periodística. ¿Lo hablado entre Scalfari y Bergoglio era una entrevista o un diálogo? ¿Se puede transcribir un diálogo como si fuera una entrevista? ¿Dónde están las notas o las grabaciones? ¿Cómo va a negar el Papa la existencia del infierno?

Y así, mientras a este lado de los Pirineos estábamos con extradición sí o no, en aquel costado de los Alpes se enzarzaban en una discusión donde aparecían Dante, Stephen Hawking, Dios Padre, Satanás y el correcto uso de las comillas. Mentís, desmentidos y carreras por los pasillos vaticanos. Eso sí que es una Semana Santa trepidante.

Y al final ¿el infierno existe? Este periódico editorialmente no se ha pronunciado jamás sobre el tema. Eso sí, ha publicado 17.367 artículos —y con este 17.368— en los que aparece escrita la palabra. Por el contrario, en 49.689 piezas aparece “cielo”. Por si acaso.

Sobre la firma

Jorge Marirrodriga

Doctor en Comunicación por la Universidad San Pablo CEU y licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Tras ejercer en Italia y Bélgica en 1996 se incorporó a EL PAÍS. Ha sido enviado especial a Kosovo, Gaza, Irak y Afganistán. Entre 2004 y 2008 fue corresponsal en Buenos Aires. Desde 2014 es editorialista especializado internacional.

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