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La casa por el tejado

El pacto educativo se va al garete por desacuerdos en torno a la financiación

El socialista Javier Solana, durante su intervención en la Escuela de Buen Gobierno del PSOE.
El socialista Javier Solana, durante su intervención en la Escuela de Buen Gobierno del PSOE.

La subcomisión del Congreso de los Diputados que desde hace más de un año se ocupa de fraguar un nuevo Pacto de Estado por la Educación se reúne mañana para decidir si el proyecto sigue adelante. Hace un par de semanas el partido socialista se levantó de la mesa de negociación al constatar que los populares no estaban dispuestos a apoyar una financiación que debía alcanzar el 5% del PIB en 2025. Poco después eran Unidos Podemos, ERC y PDeCAT los que manifestaban sus distancias. Es mañana cuando estas fuerzas políticas tendrán que formalizar definitivamente su marcha, lo que confirmaría una vez más que permanecen intactos los viejos hábitos que envenenan cualquier posibilidad de lograr un acuerdo duradero alrededor de una ley de educación que concite el máximo consenso.

Cuando en noviembre de 2016 se suspendió la implantación de la LOMCE, que el PP había aprobado gracias a su mayoría absoluta frente al rechazo de los otros partidos, y se emprendieron más adelante las tareas para construir un nuevo pacto educativo, hubo por un momento la esperanza de que hacer política era posible. Precisamente porque el Parlamento estaba fragmentado, existía la oportunidad del diálogo, la discusión, los inevitables tira y aflojas, y finalmente, de tejer acuerdos flexibles y con vocación de permanencia. Más de 80 personas vinculadas a la educación han pasado durante el último año por la subcomisión y en febrero se comenzó a trabajar alredededor de 15 puntos estratégicos. Justo cuando se entraba en materia, y cuando la negociación exigía miradas de largo alcance, proyectos sólidos y argumentados, capacidad de seducción, y una abierta y transparente defensa de las prioridades de cada partido, el PSOE ha dado un golpe en la mesa y se ha ido.

Como ha ocurrido otras veces, la tentación de exhibir una adecuada musculatura ideológica en un asunto tan sensible como la educación ha sido mucho más fuerte que cualquier voluntad de acuerdo. El exministro socialista Javier Solana lo ha lamentado en la Escuela de Buen Gobierno que ha organizado su partido: “España necesita un pacto educativo. Nosotros debemos pedirlo y no levantarnos de la mesa”.

Es cierto que la dotación económica es una de las piedras angulares de cualquier ley de educación que se precie y que no se van a corregir las graves deficiencias del sistema si no hay dinero para acometer nuevos desafíos. Cuando el PSOE aspira a conseguir unos gastos en educación del 5% del PIB, para volver a los niveles anteriores a la crisis, el Gobierno tiene previsto una inversión del 3,8 en 2018, del 3,7 en 2019 y del 3,6 en 2020. La idea de ir rebajando cada vez más los recursos destinados a la educación es inquietante, y seguramente tiene razón el PSOE en oponerse. Pero no con el ultimátum como forma de presión; los grandes aspavientos para forzar logros inmediatos.

Tejer un pacto de estas características exige tiempo, mucha mano izquierda y liderazgo, y esta subcomisión no era mal lugar para que el PSOE demostrara su capacidad para alcanzar esos grandes acuerdos que necesita España. Su brusca salida de tono revela, más que fortaleza, falta de convicción en su proyecto. O un tacticismo que no va a ninguna parte.

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