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Defensora del Lector

EL PAÍS no acepta plagios

Un artículo del blog ‘de mamas & de papas’ contenía párrafos calcados de un libro ya publicado.

Una de las normas fundamentales que rigen para todos los colaboradores de EL PAÍS (norma habitual en la prensa, por otra parte) es que los textos que nos envían (sean Cartas al Director, tribunas, informaciones o artículos para cualquiera de nuestros blogs) deben de ser originales. Y eso implica que no haya sido publicado antes ni sea copia de otro u otros textos. Plagiar no sólo es inaceptable sino fácilmente detectable en un medio de tanta difusión como EL PAÍS. Sin embargo, me temo que no puedo recurrir a una palabra más leve en relación al artículo publicado el 6 de marzo pasado en el blog ‘de mamas & de papas’ bajo el título Autoestima, la mejor herencia que podemos legar a nuestros hijos, firmado conjuntamente por Verónica Rodríguez Orellana, psicoterapeuta y directora de Coaching Club, y Ernesto de Antonio Hernández, coordinador de Coaching Club.

El caso fue detectado por una lectora, Jane Arnold, catedrática de Metodología de la Enseñanza del Departamento de Filología Inglesa de la Universidad de Sevilla, que me escribió el jueves 8 de marzo el siguiente mensaje: “He sido profesora e investigadora en la Universidad de Sevilla y mi campo de investigación son los factores afectivos en la enseñanza. He trabajado mucho con el tema de la autoestima/confianza y por eso cuando vi este artículo, quería saber lo que decían los autores. Pero al leerlo, en seguida comprobé que habían plagiado de manera flagrante dos libros publicados por Editorial Planeta en Argentina que tengo y que he leído detenidamente: ‘Confianza total y Confianza total para tus hijos. Hice una copia del artículo y me puse a señalar ideas que habían tomado de los libros y, en otras partes marcadas en azul, hay frases enteras donde se ve un copiado literal de los libros. Algo muy obvio se encuentra al final, donde figura la lista de 5 técnicas para usar con los niños, copiada palabra por palabra del libro. En ningún sitio citan a las autoras de los libros de donde han sacado no sólo las ideas sino muchas frases enteras; como investigadora, sé la importancia de dar reconocimiento cuando uso algo escrito por otro un autor y los que han escrito el artículo no lo han hecho, algo muy vergonzoso”.

La lectora me envía en un fichero adjunto los párrafos copiados literalmente y las ideas tomadas de uno y otro libro. Los subrayados en amarillo son numerosos, pero en azul hay nada menos que ocho párrafos de considerable longitud. La señora Arnold específica además la página del libro ‘Confianza total para tus hijos’ de la que son copia literal.

Expuse el caso, ese mismo jueves, a la coordinadora del blog, la redactora Carolina García, quien se puso en contacto con los autores del artículo que reconocieron de inmediato lo que califican de “error”. En la explicación que me dieron a través de García el domingo 11 de marzo, -en un mensaje que firma exclusivamente Verónica Rodríguez Orellana -, se achaca el problema a una confusión entre dos textos, el borrador del artículo encargado por EL PAÍS, y el artículo final.

El texto remitido estaba titulado y firmado. Algo que no se hace con un borrador

“Dicho documento (borrador y de uso interno del equipo) se almacena en la nube para poder ser compartido por todos”, escribe la señora Rodríguez Orellana. “Finalizada la etapa de documentación procedo a escribir el artículo”. Al encontrarse ella fuera de España, explica, encargó a un asistente el envío del artículo. “Por error, mi asistente cogió uno de los documentos (el de uso interno) ya que ambos archivos tenían el mismo nombre y, a través de mi cuenta de correo procedió al envío. Sin embargo, nuestro community manager cogió el correcto para subirlo al blog y lo publicó y gracias a eso pudimos detectar el error en la cadena de envíos pudiendo dilucidar que eran dos contenidos diferentes bajo un archivo con el mismo nombre.”.

En realidad, el “error” lo detectó nuestra lectora, Janet Arnold, y fue la redactora Carolina García la que, por indicación mía, el mismo 8 de marzo informó a Verónica Rodríguez del grave problema que presentaba su texto.

Lamento decir que las explicaciones no me parecen ni remotamente convincentes. Nadie da el mismo nombre a un borrador base y a un artículo concluido. Ello sin contar con que, como precisa Carolina García, el artículo en cuestión estaba perfectamente redactado, titulado y firmado y, como bien señala, “no se firma un borrador”. Hay que tener en cuenta que la señora Rodríguez Orellana había publicado previamente no menos de ocho artículos en dicho blog. No creo que “un documento base con ideas generales” puede confundirse con un artículo coherentemente redactado, titulado y firmado. Hay otra razón que me impide aceptar la hipótesis del error: cuando se elabora un borrador con las ideas "clave" para un artículo, no se copian en él ocho párrafos literales de un libro publicado sin ninguna mención al mismo. Por eso considero que el artículo o borrador o documento en cuestión es un lamentable caso de plagio, razón por la cual EL PAÍS ha procedido a eliminarlo de su archivo. Carolina García me ha precisado, además, que el blog que coordina da por finalizada la colaboración con los autores del mismo.