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Rebelión polaca

La crisis desvela la impotencia de la UE ante la deriva autoritaria de uno de los países miembros

El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, en el parlamento. Al fondo, en el centro, Jaroslaw Kaczynski.
El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, en el parlamento. Al fondo, en el centro, Jaroslaw Kaczynski. AP

Polonia se ha convertido en una grave amenaza a los valores de la Unión Europea. El desafío de los gobiernos de Varsovia —liderados en la sombra por el ultranacionalista Jaroslaw Kaczynski— es una afrenta a los principios sobre los que se sustenta el bloque, entre los que destacan la separación de poderes y la independencia judicial.

Pero en apenas 24 meses, ha aprobado trece leyes que terminan de facto con la independencia judicial, además de liderar la rebelión contra el reparto de refugiados a escala europea y de legislar para que el Ejecutivo controle férreamente los medios de comunicación públicos.

De nada han servido las amonestaciones y las misivas que Bruselas ha enviado a Varsovia para evitar acabar con la independencia de sus órganos judiciales. La batería de leyes aprobadas ha permitido ya jubilar antes de tiempo a jueces díscolos, el Tribunal Constitucional ya no puede paralizar las reformas del Ejecutivo y el Parlamento puede elegir a los miembros del Consejo Supremo de la Magistratura, entre otras medidas.

Polonia fue pionera en la lucha por la libertad en el bloque soviético y su transición a la democracia admirada por todo el mundo. Su ingreso en la UE simbolizó el fin de la división europea heredada de los acuerdos de Yalta. Ahora, el perfil autoritario y euroescéptico del Partido Libertad y Justicia (PIS), de nuevo en el poder, ensombrece una trayectoria modélica.

La Comisión Europea ha pedido activar el artículo 7 del Tratado que podría derivar en la pérdida de su derecho al voto, pero esto es muy improbable, dado que Hungría ya ha advertido de que no votará a favor en una decisión que requiere la unanimidad. Esta crisis está poniendo a la UE frente al espejo de su impotencia para frenar la deriva autoritaria de uno de sus países miembros, como le viene ocurriendo con Hungría. Es lo último que necesitaba el bloque en pleno Brexit.

 

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