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Una reforma a la italiana

La nueva ley electoral italiana debería haberse negociado también con el Movimiento 5 Estrellas

El diputado Alessandro Di Battista del Movimiento Cinco Estrellas encabeza una protesta del M5S en el exterior de la Cámara Baja de Roma contra la nueva ley electoral.
El diputado Alessandro Di Battista del Movimiento Cinco Estrellas encabeza una protesta del M5S en el exterior de la Cámara Baja de Roma contra la nueva ley electoral. EFE

La reforma electoral italiana aprobada parcialmente esta semana tras su ratificación en la Cámara de Diputados —todavía falta el Senado— es un paso positivo, al menos en su intención, porque trata de poner fin, siquiera parcialmente, a un caótico sistema de reparto de escaños que durante décadas ha colaborado a una casi crónica inestabilidad política de los diferentes Gobiernos.

Sin embargo, las circunstancias en las que nace —con los populistas del Movimiento 5 Estrellas al borde de una hipotética victoria electoral según las encuestas— arrojan una sombra de sospecha sobre una reforma largo tiempo esperada, pero que puede parecer aprobada precisamente para evitar, o al menos mermar considerablemente, el rédito electoral populista.

La necesidad de una reforma electoral en Italia es incuestionable, y varios proyectos, más o menos concretos, han sido avanzados en los últimos años por Gobiernos de diferente signo político sin que ello signifique necesariamente que las intenciones reformistas siempre hayan sido correctas.

El texto aprobado consagra un revolucionario sistema mixto que mezcla por un lado la uninominalidad británica con la proporcionalidad alemana o española lo que a la postre favorece a los partidos presentados en coaliciones. Es fruto del acuerdo entre los dos principales partidos de la derecha e izquierda italianas —es decir Silvio Berlusconi y Matteo Renzi—, pero deja fuera a una tercera pata muy importante que es el Movimiento 5 Estrellas. No se puede dejar fuera de una reforma de este calado a la que puede convertirse en la principal fuerza política de Italia.

Y a ello hay que añadirle que las formas tampoco han sido las mejores. Para su tramitación se ha optado por una fórmula que impide discutir enmiendas. El que una persona tan alejada del populismo y tan reputada como el expresidente Giorgio Napolitano haya criticado esto debería hacer reflexionar a los impulsores de la nueva ley.

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