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Cuando los zapatos reflejan poder

La polémica sobre los 'stilettos' de Melania Trump es una nueva prueba de que el calzado de los políticos manda potentes mensajes

Melania Trump, Nicolas Sarkozy y Theresa May.
Melania Trump, Nicolas Sarkozy y Theresa May. CORDON PRESS

“¿Cuándo un zapato no es solo un zapato? Cuando se convierte en un símbolo de lo que muchos ven como la desconexión entre la administración Trump y la realidad”, ha escrito la prestigiosa crítica de moda Vanessa Friedman en The New York Times acerca de los ya famosos stilettos –aparentemente un modelo de piel de serpiente de Manolo Blahnik– que la primera dama, Melania Trump, eligió para viajar a Texas, la zona afectada por el Huracán Harvey. A Melania, que parece caminar con tacones de 10 centímetros como si fueran zapatillas de estar por casa, no le mueve la comodidad a la hora de elegir calzado, sino el deseo de realizar un fashion statement en cada una de sus apariciones. Pero en esta ocasión su dominio de los códigos de la moda la ha traicionado; el look en sí mismo era impecable, pero para una noche de concierto, no para visitar el escenario de una catástrofe natural.

Cualquier persona que ocupa un cargo con visibilidad utiliza su imagen como herramienta de comunicación, y los zapatos, aunque puedan parecer un detalle trivial, forman parte del proceso. El ejemplo más notorio entre los políticos actuales es el de la primera ministra británica, Theresa May, cuya predilección por los accesorios audaces le llevó a calzarse unas botas de charol por encima de la rodilla para conocer a la reina Isabel II o a tomar posesión de su cargo con unos kitten heels de leopardo que llegaron a ocupar portadas de periódicos. La prensa británica da por hecho que los utiliza para recalcar la parte más divertida y moderna de su personalidad, lastrada por la falta de carisma. Ella ha reconocido que le sirven para romper el hielo, y el periódico The Times fue aún más lejos al sugerir que el hecho de que en los últimos tiempos solo se incline por firmas británicas -como Russell and Bromley o LK Bennett- estaba directamente influido por el Brexit. Nicola Sturgeon, su homóloga escocesa, también está mandando un mensaje obvio cuando se pone zapatos de tartán, el típico tejido de cuadros escoceses, al igual que la canciller alemana, Angela Merkel, con sus zapatos cómodos y gastados por el uso que gritan “pragmatismo”.

La canciller alemana, Angela Merkel, en el Bundespressekonferenz.
La canciller alemana, Angela Merkel, en el Bundespressekonferenz. EFE

Pero no solo son las mujeres quienes utilizan los zapatos para algo más que para caminar; la diferencia con sus colegas del género masculino es que ellos normalmente los usan para elevarse algún centímetro más sobre el suelo, convencidos de que existe una relación directa entre estatura y poder. Silvio Berlusconi, Nicolas Sarkozy o Vladimir Putin han sido acusados de llevar alzas, pero otros, como el senador por Florida, Marco Rubio, no se molestan en camuflarlas; el republicano es conocido por sus botines de estilo cowboy con tacón grueso.

El ex líder del partido laborista británico Ed Miliband prefería mandar un mensaje de cercanía y comodidad al inclinarse por la poco sofisticada firma Clarks. A alguien le debió de convencer el mensaje, pues un par de zapatos suyos, usados y firmados, se subastaron en 2015 en eBay por 277 libras (300 euros)

Curiosamente, cuanto más centímetros ganan ellos, más a ras del suelo caminan sus parejas. Con tretas como la del príncipe Carlos, que se subía a un escalón para parecer más alto que Lady Di en las fotos oficiales, la supuesta necesidad -de trasfondo sexista- de que nuestros líderes sean más altos que sus esposas, o al menos lo parezcan, hizo que Carla Bruni o Michelle Obama se pasaran al zapato de tacón bajo o las bailarinas para no restarle empaque a Sarkozy y Barack Obama. La reina Letizia, amante de los tacones infinitos con plataforma, no tiene ese problema; los 1,97 metros del rey Felipe le dejan un margen más que suficiente.