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Una manifestación vergonzosa

A muchos nos han dado vergüenza los pitos y los insultos de una minoría de manifestantes secesionistas hábilmente colocados justo tras las autoridades. No era ni el lugar ni el momento para montar números ofensivos, por educación y respeto a las víctimas. Es lamentable cómo, de un tiempo a esta parte, en Cataluña debemos aguantar a una minoría secesionista que podríamos llamar hiperventilada, siempre dispuesta a dar la nota y montar follón, politizando partidos de fútbol, fiestas de los barrios o incluso cantos de corales infantiles o actos de rechazo al terror, pisoteando las normas más elementales de respeto y la convivencia. ¿No se dan cuenta de que destilando odio no están consiguiendo más que antipatía y rechazo?— Carmen M. Maciá. Barcelona.


El sábado, en Barcelona estaba previsto un acto de unidad. Primero, hacer una condena masiva del terrorismo tras los crueles atentados de Barcelona y Cambrils para demostrar al mundo que en este país estamos unidos frente a esta amenaza. En segundo lugar, rendir homenaje a las víctimas, y, finalmente, ahuyentar la llamada islamofobia que está creciendo tras los atentados. El resultado ha sido nefasto, una vergüenza por culpa del uso político que distintas entidades, vinculadas al movimiento independentista, realizaron. Lo ocurrido no reflejó unión contra el terrorismo, ni respeto a las víctimas, y, además, ensombreció a la comunidad musulmana que luchaba por demostrar su inocencia. Se hizo campaña por el referéndum que supuestamente tendrá lugar el 1 de octubre. Mi pésame para las víctimas que no obtuvieron el merecido apoyo y mi condena al terrorismo y al insulto nacional que tuvo lugar el sábado. Si el futuro de un supuesto Estado independiente catalán está sujeto al “todo vale”, incluyendo el uso de fallecidos en atentado para hacer propaganda, el abandono del compromiso social y la falta de rigor, nacerá como un Estado fallido.— Alexandro Gaffar. Llucmajor (Mallorca).

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