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¿Qué se le regala a una reina?

Una exposición en Londres reúne algunos de los obsequios más especiales que la reina Isabel II ha recibido en actos oficiales o viajes de estado

Una encargada de la exhibición de Royal Collection Trust acomoda el trono de Yoruba que fue obsequiado a Isabel II por Nigeria en 1956.rn
Una encargada de la exhibición de Royal Collection Trust acomoda el trono de Yoruba que fue obsequiado a Isabel II por Nigeria en 1956.

El intercambio de regalos entre jefes de Estado en visitas oficiales es una costumbre diplomática muy habitual, y en los 65 años que lleva en el trono, Isabel II, la reina de Inglaterra ha tenido ocasión de recibir —y dar— infinidad de ellos. Además, también suele aceptar presentes en diversos compromisos oficiales dentro y fuera de su país, lo que implica que la Royal Collection alberga en total varios miles de obsequios acumulados por la soberana durante su dilatado reinado. Recién inaugurada en el Palacio de Buckingham, la exposición Royal Gifts (hasta el 1 de octubre) reúne por primera vez unos 200 de esos regalos, provenientes de más de cien territorios y que han sido cuidadosamente seleccionados por la comisaria Sally Goodsir –previa aprobación de la reina– por “representar lo mejor de la artesanía de cada país”.

Entre los objetos elegidos hay algunos tan singulares como el pisapapeles de hueso de dinosaurio fosilizado que la ciudad de Drumheller, en Canadá, le entregó a la monarca en 1959; una coraza de oro precolombina que el líder panameño José Cantera le regaló en 1953; o un retrato de Isabel II realizado con hojas de plátano con el que el presidente de Ruanda Paul Kagame la sorprendió en el año 2006. El presidente Kennedy, sin embargo, no se rompió tanto la cabeza; en una visita a Reino Unido en 1961 obsequió a la soberana con un marco de Tiffany & Co. con una fotografía dedicada.

Retrato de Isabel II elaborado con cáscara de plátanos.
Retrato de Isabel II elaborado con cáscara de plátanos.

¿Y cómo se decide qué se le regala a una reina? Según Goodsir, es un proceso que requiere reflexión y que puede llevar meses: “El presente que se elige refleja la artesanía nacional, pero a menudo también representa al donante y al receptor. Por ejemplo, en la exposición hay varios regalos que aluden al bien conocido amor de la monarca por los caballos, y otros apuntan al hecho de que es una jefa de Estado, con detalles como bolsos o piezas de joyería”. Por su parte, la reina Isabel siempre tiene la última palabra a la hora de escoger qué ofrecerá ella, y suele decantarse por “libros encuadernados u objetos de artesanía británica en plata, cuero o madera”.

Árbol de la vida, obsequiado a Isabel II, por Enrique Peña Nieto, presidente de México.
Árbol de la vida, obsequiado a Isabel II, por Enrique Peña Nieto, presidente de México.

Tras la visita oficial de los Reyes de España a Reino Unido del 12 al 14 de julio, la comisaria decidió incorporar en el último momento los dos objetos que Felipe VI y doña Letizia le trajeron a Isabel II: “Representan dos momentos de la historia en los que la familia real británica y la española se unieron en matrimonio, y ambos son ejemplos brillantes de regalos diplomáticos. El primero es una copia del Libro de Horas de Felipe II (el original está en El Escorial), que se casó con la reina inglesa María Tudor. El segundo es realmente conmovedor; se trata de una copia de las pequeñas postales que se enviaron los bisabuelos de los reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que era nieta de la reina Victoria, durante su cortejo”. Isabel II eligió para ellos un álbum con fotos de la infancia de Victoria Eugenia en Windsor y Balmoral.

El valor económico de todo lo congregado en esta muestra es literalmente incalculable; aunque muchos objetos están realizados con materiales preciosos, la comisaria explica que “la reina los guarda en fideicomiso en nombre de la nación y por tanto no se les aplica un valor monetario, lo que también sucede con los obsequios diplomáticos”. A su juicio, su verdadera magnitud es cultural y simbólica, tanto si hablamos de una lujosa caja de oro macizo de Brunéi como de un abanico de rafia de la isla de Tuvalu. “Se ha puesto la misma cantidad de cariño en ellos”, concluye.