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El único aeropuerto verde del mundo cumple un año

El aeródromo de Cochin, cuarto con más tránsito de India, funciona sólo con energía solar

Un avión, tras los paneles solares del aeropuerto de Cochin (India).

Por mar, cuentan que llegó el apóstol Tomás a Kerala para obrar la milagrosa evangelización de las familias brahmán del sur de India. Según los historiadores, una de las comunidades cristianas más antiguas del planeta floreció a una veintena de kilómetros de la actual ciudad de Cochin. Por aire llegan hoy millones de visitantes a ese mismo enclave merced a una maravilla de la tecnología moderna. 2.000 años después, Cochin vuelve a ser universalmente única gracias a su aeropuerto; primero en el mundo en funcionar enteramente mediante energías renovables.

A la luz de un día claro —algo probable en Kerala, donde sólo conocen las tropicales lluvias del monzón y la estación de verano— el sol reverbera con fulgor sobre el mar de placas fotovoltaicas. Sobrevolando el cielo de la ciudad costera, pocos pasajeros extranjeros y sólo algunos indios relacionan el resplandor bajo sus pies con el pleno funcionamiento de la base aérea sobre la que aterrizaran. Sin embargo, desde septiembre de 2015, más de 46.000 paneles extendidos en 17,4 hectáreas abastecen de 13,1 megavatios (MW) de electricidad a las instalaciones del Aeropuerto Internacional de Cochin (CIAL, en sus siglas en inglés). El hito del cuarto aeródromo con mayor tráfico de pasajeros de la superpoblada India —tras Delhi, Bombay Chennai— se mantiene y sienta un precedente internacional pese a lo accidental de su logro.

“Nunca quisimos notoriedad, sino hacer que nuestra empresa fuese más sostenible. Pero ahora queremos mantener nuestro estatus de aeropuerto ecológico para siempre”, explica el director general, José Thomas, casi disculpándose por el atrevimiento. En mayo de 2013 y ante una nueva subida del precio la luz por la Junta de Electricidad Estatal de Kerala (KSEB, en sus siglas en inglés), el equipo de gestión de CIAL se propuso lograr su autoabastecimiento energético mediante un sistema de paneles solares. Pero la alimentación eléctrica de Cochin se acoge a la regulación de la Organización de Aviación Civil Internacional, se apresura a explicar Jose Thomas: “No estamos desconectados del suministro eléctrico. Las instalaciones están enchufadas a la red, que provee al aeropuerto de electricidad día y noche. Pero nos cercioramos de generar la energía solar necesaria para el consumo medio del aeropuerto; que es de 48.000 unidades [kilovatios] al día”.

Los requerimientos energéticos quedan satisfechos por los módulos solares, que generan una media de 52.000 unidades diarias. Aunque el sistema alcanza los 62.000 kilovatios en días despejados, la producción también puede caer hasta las 32.000 en días nublados. “Tenemos un acuerdo con la eléctrica estatal para que nos compre el exceso de energía al final de cada año”, concluye José Thomas. Se espera que el excedente energético suponga la devolución de 2,1 millones de rupias (27.700 euros) por la compañía eléctrica. Según CIAL, sólo en los primeros siete meses se recuperaron casi un millón de euros de la inversión inicial; por lo que el ahorro anual en consumo eléctrico se estima en 120 millones de rupias (1,6 millones de euros). El equipo gestor del aeropuerto espera que el coste global de la inversión (alrededor de ocho millones de euros) se amortice en seis años.

El equipo gestor del aeropuerto espera que el coste global de la inversión (alrededor de ocho millones de euros) se amortice en seis años

El logro empresarial de la iniciativa está acompañado de un indudable impacto medioambiental. El funcionamiento del aeropuerto mediante energía renovable reducirá las emisiones de CO2 en más de 300.000 toneladas en los próximos 25 años, lo que equivale a plantar tres millones de árboles. “Este proyecto es único porque fue el primero de este tipo en un aeropuerto internacional. Es un ejemplo de sostenibilidad energética. Además, su éxito comercial ha despertado el interés”, explica Ajith Gopi, director de programas fotovoltaicos de la Agencia para la Energía No-Convencional y Tecnología Rural (ANERT, en sus siglas en inglés), empresa que se encargó de la verificación técnica de las instalaciones solares de Cochin. La hazaña de CIAL atrajo a otros aeropuertos indios y al ámbito académico, como es el caso de la investigación realizada por la universidad de Harvard.

Ejemplo global

No es la primera vez que India sorprende al mundo con un hito tecnológico de esta envergadura. Ya en 2014 consiguió ser el primer país en poner una sonda en la órbita de Marte en sólo un intento y con un coste irrisorio. El ejemplo de Cochin también destaca a nivel global y su logro supera con creces a los conseguidos por sus homólogos occidentales. La directiva 2009/28/CE del Parlamento Europeo, por ejemplo, prevé un mínimo del 10% de energía renovable en el sector del transporte en cada estado miembro para el 2020. “El uso de energías renovables es fundamental en la lucha para reducir la dependencia de combustibles fósiles e impulsar las nuevas tecnologías en el sector de la energía”, explica el español Raúl Martín Fontana, coordinador del Observatiorio de Sostenibildad en Aviación (OBSA), departamento de medio ambiente dependiente de Senasa (Servicios y Estudios para la Navegación Aérea y la Seguridad Aeronáutica). Pero el técnico subraya que el abastecimiento exclusivo de aeropuertos mediante energías renovables requiere estudios que certifiquen que la tecnología no comprometerá la seguridad operacional de los mismos.

En el caso de España, según los datos suministrados por AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) referentes a 2014, el aeropuerto nacional que más uso hace de energía solar es el de Madrid-Barajas. Sus paneles suministran sólo 0,0075 MW frente a los 13,1 de Cochin; aunque las instalaciones del madrileño soportan casi cuatro veces más tráfico de pasajeros que el indio. Por su parte, el aeropuerto de Ibiza, con densidad de tráfico de 5,5 millones de pasajeros en 2012, se asemeja más al de Cochin (6,4 millones en 2015). Sin embargo, la red fotovoltaica del aeródromo balear produce únicamente 0,067 MW; apenas un 0,5% de lo que genera el del país asiático.

El técnico Raúl Martín Fontana justifica la escasez de infraestructuras para generar energía solar aludiendo al espacio necesario para su emplazamiento. “En el caso de Europa o España, hemos de considerar el hecho de que los aeropuertos constituyen un foco de actividad industrial, con la consiguiente limitación de suelo disponible... También, a veces, el aeropuerto incluye terrenos con un grado de protección ambiental”, explica el especialista del departamento de medio ambiente, que pone como ejemplo el Aeropuerto de Barcelona-El Prat; situado en un espacio natural protegido como es el Delta del Llobregat. Si bien es cierto que la red fotovoltaica de Cochin se despliega sobre un vasto terreno de más de 17 hectáreas, los gestores del mismo aseguran que la disponibilidad de suelo nunca debería ser problema. “Los paneles siempre se pueden transferir a los tejados de los edificios cuando se necesite espacio para la expansión de las infraestructuras”, explica Jose Thomas, quien señala que así procederán para la inminente ampliación del aeropuerto.

CIAL prevé la apertura de una terminal internacional a finales de año. Las nuevas instalaciones supondrán un aumento de las necesidades energéticas en 100.000 unidades diarias, que se abastecerán gracias a nuevos módulos solares. La filial india de Bosch —la misma que realizó la instalación inicial— ya está montando nuevos parques solares en un canal adyacente a la principal terminal del aeropuerto; así como en el hangar, en la zona sur del recinto y en los tejados de los aparcamientos. Estos, unidos a los ya existentes, harán que el aeropuerto de Cochin tenga una capacidad de 27,5 megavatios para diciembre de 2016.

La adquisición de los terrenos sobre los que se asientan el casi medio centenar de miles de paneles solares que inundan los aledaños de la terminal también ha sido motivo de elogio y estudios académicos. Inicialmente, CIAL tuvo que comprar más de 505 hectáreas de para el desarrollo de su proyecto. Aquello supuso la compensación económica a los más de 3.800 terratenientes y la rehabilitación directa o indirecta, como empleados del aeropuerto, de otros 822 ciudadanos que perdieron sus hogares. Este modelo de reinserción social también le valió una mención especial por parte del Banco Mundial. Junto a los más de 500 empleados dentro de las instalaciones aeroportuarias, hay trabajadores de departamento de carga y descarga o conductores de la flota de taxis. Además, una decena de familias se dedican al cultivo y mantenimiento de verduras y frutas plantadas bajo algunos de los paneles solares. El huerto ecológico de un centenar de metros cuadrados está dando sus frutos y contribuyendo a alimentar a los vecinos de la zona. “Queremos expandirlo porque no supone un coste extra, es ecológico y beneficia a la comunidad. Todo es cuestión de creatividad y buena gestión”, sentencia Jose Thomas. El equipo directivo del único aeropuerto verde del mundo demuestra que no hay que estar en las nubes para buscar la rentabilidad dejando volar la imaginación.

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