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‘Regreso a la escuela’ | Preparándonos para la guardería

Mañana empiezan las clases y llevaremos a nuestros retoños a donde hayan podido entrar. El próximo domingo os cuento quién ha llorado más

A la "guarde" hay que ir con una sonrisa, aunque sea postiza.
A la "guarde" hay que ir con una sonrisa, aunque sea postiza.

Hace meses, millones de padres (la cifra la digo a ojo y redondeando para arriba, porque siempre éramos muchos en todas las jornadas de puertas abiertas) buscábamos plaza de guardería para el nuevo curso, con la misma ansiedad que un autónomo busca facturas para desgravar. (Podéis hacer flashback aquí).

Algunos encontraron su sitio a la primera y otros han sufrido una odisea angustiosa durante semanas.

Mañana empiezan las clases y llevaremos a nuestros retoños a donde hayan podido entrar: guardería pública o privada, casa de los abuelos, madre de día, hermanitas de los pobres o taller de costura infantil de multinacional.

Por suerte (porque había un sorteo y le tocó y no tuvimos que sobornar a nadie), nuestra hija entró en la guardería que queríamos y con la profe que queríamos. Pero como esto de dejar a la prole en clase es más personal y complejo que dejar correo comercial en los buzones, antes de empezar el curso nos tocó entrevista con la profesora para conocernos y adaptarnos mutuamente.

Nuestra “seño” es encantadora, pero aún así, los profesores son como los policías: te sientes culpable en su presencia, sabiendo que alguna vez, por prisas, has cruzado en rojo o le has dado azúcar a la niña.

Nuestra presentación niña-clase-profe era el mismo día que la del iPhone 7, pero aunque recibió menos cobertura mediática, también habíamos preparado un extenso dossier de prensa. Más que nada, porque nos hicieron llevar muchos papelotes: autorización para hacerle fotos, autorización para darle medicinas hasta que lleguemos al rescate, autorización para que la recojan otros familiares… Parecía que estuviéramos en la embajada tramitando visados.

Lo más complejo era una ficha a rellenar, chivándonos de la relación de la niña con “la higiene, la alimentación, el sueño…”. He publicado 25 libros, pero me costó escribir esos recuadros. ¿Cómo reduces lo que más felicidad te da en la vida a un “come de todo, le gustan los libros, cuando no puede dormirse se enfada”? Suerte que en el recuadro de alergias pude poner: “todo bien”.

También, cual americanos que acumulan comida y armas en su sótano, llenamos el armario de la niña con sábanas, toallitas, baberos y pañales. Así, si se produce un Armagedón, mientras el Bruce Willis o el Dwayne Johnson de turno salvan el planeta, los niños pueden seguir jugando limpitos.

Congeniamos todos de maravilla, aunque hacer la entrevista sentados en sillas enanas de guardería, en vez de hacerme sentir gigantesco y poderoso, me recordó a los anuncios de Hemoal o a volar con Ryanair.

A partir de mañana, pasamos de fase en el videojuego paternal, y ahora jugaremos a pantalla partida: la niña en clase y nosotros fuera. La tristeza y la morriña se mezclarán con la alegría de verla ganar nuevos amigos, de verla crecer feliz, de tener un horario que nos organice, y sobre todo de poder hacer siestas felices (ella y nosotros).

Feliz regreso a la escuela. El próximo domingo os cuento quién ha llorado más.

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