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Túneles y cuevas submarinas

Aunque no abundan, el litoral español también tiene cavidades. Y la vida en su interior es frágil

Aunque en el litoral español no son muy abundantes, en algunas zonas proliferan las cavidades y las cuevas submarinas. Su formación depende, sobre todo, de la composición de las rocas que forman la costa. Fundamentalmente tienen dos orígenes: uno es cuando las rocas son de tipo cárstico, es decir, formadas por materiales calcáreos fáciles de erosionar por la acción del agua de lluvia, es el caso del macizo del Montgrí, en Girona; la otra se produce cuando el sustrato es de lava solidificada en la que se han formado cavidades y tubos, como ocurre en las islas Canarias.

Algunas de las cavidades del litoral están cerca del agua y otras quedan sumergidas en el mar, formando túneles y cuevas submarinas que, en algunos casos, pueden tener cientos de metros de longitud. La vida en el interior de estas cavidades viene condicionada por la progresiva disminución de la luz ambiental al alejamos de la entrada y por la presencia, o no, de corrientes que permitan la renovación de agua.

Desde el punto de vista ecológico hay una gran diferencia entre los túneles y las cuevas submarinas. La característica principal de los túneles es que en sus extremos poseen una o varias aberturas por donde entra y sale el agua.

Si tienen la longitud suficiente, en ciertos tramos de los túneles hay una oscuridad total, pero en ellos se produce una circulación continua de agua que arrastra hacia el interior de la cavidad a organismos planctónicos y a partículas de materia orgánica. Es una entrada de alimento y de oxígeno para muchos animales filtradores y detritívoros, al tiempo que impide una excesiva concentración de dióxido de carbono y de restos de materiales procedentes del metabolismo y de las excreciones de los organismos que viven en el túnel. Aquí, las paredes suelen estar recubiertas de muchas esponjas, cnidarios, briozoos y otros pequeños invertebrados.

A diferencia de los túneles, las cuevas son espacios cerrados que sólo tienen comunicación con el exterior a través de la entrada. Aquí las condiciones ambientales son muy especiales puesto que en ellas reina la oscuridad total, hay fuertes variaciones de temperatura desde la entrada hasta las zonas más alejadas de la cueva, en su interior hay muy poca circulación de agua y, por tanto, la renovación del agua es muy lenta y, además, pueden tener filtraciones de agua dulce, con lo que incluso llega a disminuir la salinidad.

Todo esto tiene consecuencias para los organismos que viven aquí ya que a medida que nos distanciamos de la entrada podemos observar que hay menos organismos hasta que finalmente casi desaparecen. Esto se debe a que progresivamente las condiciones ambientales son más hostiles y a que el agua tiene menos nutrientes y una menor concentración de oxígeno disuelto. Esta circunstancia es un obstáculo para el desarrollo de muchas especies.

Hay que remarcar que en el interior de los túneles y de las cuevas submarinas viven organismos muy frágiles y de crecimiento muy lento. Cualquier actividad que produzca su destrucción provocará daños prácticamente irreparables.

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