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Mayoría

Las mujeres somos el 52% de la población mundial, no podemos seguir aceptando un tratamiento propio de las minorías

Margarita Robles, Carolina Bescansa, Inés Arrimadas y Andrea Levy momentos antes de participar en el debate “Las mujeres primero”.
Margarita Robles, Carolina Bescansa, Inés Arrimadas y Andrea Levy momentos antes de participar en el debate “Las mujeres primero”. EFE

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En los años noventa del siglo pasado, era muy habitual. En los programas de congresos literarios y cursos de verano se anunciaban mesas redondas sobre la vanguardia y la tradición, la posmodernidad y el regreso a la narratividad, o la no-ficción y los géneros clásicos. Al final, siempre había una mesa dedicada al tema “Mujeres y literatura”, como si el hecho de haber nacido con dos cromosomas XX fuera más decisivo, o más interesante, que la aportación que las autoras pudieran hacer sobre su propio trabajo. Esas sesiones-gueto, premio de consolación para quienes osábamos transitar por los márgenes de la Gran Literatura Universal de Todos los Tiempos, milenario patrimonio masculino, ya no se celebran. A fuerza de rechazar invitaciones, las propias escritoras acabamos con ellas. Esta experiencia personal explica mi profundo estupor ante un debate televisivo titulado, por si todo lo demás fuera poco, “Las mujeres primero” y en el que, por si el título no fuera suficiente, el moderador, es decir, la autoridad, era el único hombre presente en el plató. Conviene recordar que las mujeres representamos el 52% de la población mundial. Esa cifra debería bastar para que comprendiéramos que no podemos seguir aceptando un tratamiento propio de las minorías. Los problemas de las mujeres son los problemas de la mayoría de la sociedad, nuestra imagen es la más representativa de la especie humana. Soy consciente de que las mujeres que hacen política tienen que soportar en su ámbito el mismo machismo que las demás en el nuestro, pero no deberían haber cooperado en una iniciativa tan lamentable. De hecho, negarse a participar habría sido un arma electoral definitiva para reclutar el favor de muchos votantes. Yo, por ejemplo.

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