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No hay ovarios

En política ser mujer no debería ya ser noticia

Carolina Bescansa, Andrea Levy, Meritxell Batet y Fernando de Páramo en un debate en EL PAÍS.
Carolina Bescansa, Andrea Levy, Meritxell Batet y Fernando de Páramo en un debate en EL PAÍS.

Soy una chica. Bueno, vale, una señora con todos sus lustros y sus circunstancias y sus contradicciones a cuestas. El caso es que soy una mujer de aquí y ahora, y no voy a pedir disculpas. Me gustan y me espantan las comidas y las cenas y los viajes de chicas dependiendo de qué comidas y qué cenas y qué viajes y qué chicas. Amo y odio los libros y las revistas y las supuestas cosas de chicas dependiendo de qué libros y qué revistas y qué cosas hablemos. Ser mujer me define y no me define, según dónde y cómo y con quién me halle, y me considero la más igualitaria sin tener por qué llevar el carné de feminista en los dientes.

Esta noche empieza la campaña electoral, valga el oxímoron, porque, o es verdad que voy para abajo y me falla la memoria, o llevamos en ella desde que recuerdo. La cosa es que ya estamos otra vez con el circo para lograr audiencias. Los partidos, con sus piruetas. Los medios, con las nuestras. La última, hoy, en sus pantallas. Un debate femenino moderado, eso sí, por un varón, digo yo que por la cuota. Primero las mujeres, lo ha titulado Antena 3, en un alarde de precisión cronológica y galantería caduca. Andrea Levy (PP), Margarita Robles (PSOE), Carolina Bescansa (Podemos) e Inés Arrimadas (Ciudadanos) son las enviadas por sus filas a tal contienda. Dos números dos al Congreso y dos diputadas en el Parlament de Cataluña. Churras con merinas, en efecto, el único caso es que fueran hembras. No seré yo quien las culpe por acudir a la cita. Me consta que más de una va a la fuerza. La de la tele, la del partido y la de que, en campaña, todo vale. Me chiflan las quedadas de chicas para charlar de nuestras cosas. Pero aquí no hablamos de trapos ni de tíos ni de cremas, sino de la auténtica pomada. En política ser mujer no debería ya ser noticia. Bien está usar las armas del sistema. Pero alguna, algún día, tendría que plantarlos sobre la mesa y decir basta. No hay ovarios. Todavía.

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