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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Iglesias ataca a la prensa

El líder de Podemos debería saber que la libertad de información es un principio básico de toda democracia

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, este jueves.Vídeo: JAVIER LIZÓN (EFE) / EL PAÍS TV

Uno de los principios básicos de cualquier democracia es la defensa de la libertad de información. Ataques a la prensa como el que ayer lanzó Pablo Iglesias son propios de regímenes muy distintos a aquellos en los que se basan las sociedades avanzadas. El secretario general de Podemos aprovechó la presentación de un libro en la universidad para denigrar a los periodistas que efectúan la cobertura informativa de la formación que encabeza. Con nombres y apellidos, insultó a los redactores, a los que acusó de mentir sobre Podemos y de tergiversar las noticias que afectan a su formación para así prosperar en el ámbito periodístico y “medrar” en sus respectivos medios.

Jaleado por el público —universitarios que quizá podrían tener una valoración más crítica de semejantes bravuconadas— y arropado por parte de su guardia pretoriana, Iglesias llegó a decir que buena parte de los periodistas que siguen a Podemos “están obligados profesionalmente” a hablar mal de ellos porque “así son las reglas del juego”.

Debería saber Iglesias que la regla de juego básica de la prensa en una democracia es la veracidad, y que su labor fundamental es el control del poder para evitar abusos, corrupciones o agresiones gratuitas como la suya. Ya no es un tertuliano televisivo, sino un diputado, y a un representante público se le ha de exigir respeto hacia todos y no solo hacia sus seguidores, algunos de los cuales, por cierto, deberían dejar de comportarse como una hinchada.

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Iglesias no entiende ni lo que es ni dónde está. Lo ha demostrado en algunas de sus intervenciones parlamentarias, que tienen algo de monólogo de El club de la comedia; en el desdén con el que trata a la prensa —reprochó a una periodista su abrigo de pieles como respuesta a una pregunta incómoda— y, lo que es más grave, en su modelo de medios de comunicación, basado en periódicos, radios y televisiones bajo control público. Al estilo bolivariano.

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