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Alberto Chicote: “Tengo mi ego más que cubierto”

Se metió en una cocina cuando aún no había dejado atrás la adolescencia, y ya lleva tres décadas en ella. La televisión le ha dado la fama, un restaurante y su escuela, a lo que el chef suma ahora un libro gastronómico para niños

El chef Alberto Chicote, con su libro entre los fogones de su restaurante Yakitoro en Madrid.
El chef Alberto Chicote, con su libro entre los fogones de su restaurante Yakitoro en Madrid.

Dice Alberto Chicote que a él no le corre sangre sino aceite de oliva por las venas. Amante de la cocina desde niño, a los 17 años inició sus estudios en la Escuela de Hostelería de Madrid, y nunca más se ha apartado de los fogones, excepto para aparecer en la parrilla televisiva, siempre ante el público con los cuchillos en alto. Convertido en chef mediático, tiene a punto de caramelo la final de la tercera temporada de Top Chef (Antena 3) y está cocinando ya la quinta entrega de Pesadilla en la cocina (La Sexta, cadena en la que este año volverá a comerse las 12 uvas de Fin de Año). Mientras dirige en Madrid su restaurante, Yakitoro, y su propia escuela para futuros rivales —ambos abiertos en 2014—, a Chicote (Madrid, 1969) aún le ha sobrado tiempo para publicar un libro, de gastronomía, claro: Las suculentas aventuras de Chicote (Ed. Penguin Random House).

Pregunta. ¿Por qué ha decidido escribir un libro infantil?

Respuesta. Una de las cosas que más me ha sorprendido en los últimos años es que me he encontrado con muchos padres que me cuentan que sus hijos se han puesto a cocinar por Alberto Chicote. Así que pensé que si unos programas de televisión que no están pensados para ellos, ni se emiten en horario infantil, les transmiten algo, podíamos utilizar un formato como el cuento para intentar acercarlos a lo que a mí me apasiona.

P. Entonces, ¿quiere enseñar a cocinar a los más pequeños?

R. Es un libro sin pretensiones… No está hecho para despertarles el gusto por la cocina, sino para transmitirles lo que yo siento por ella y en un lenguaje más comprensible que un programa. Por eso hemos escogido [firma el libro con Amaia Cía y Moni Pérez] contar una historia ficcionada. El relato transcurre durante un viaje a Japón para que comprendan que hay otras formas de entender la comida.. Y con una compañera de viaje muy especial.

P. ¿Porqué han escogido una gallina llamada Pepitoria como coprotagonista?

R. La figura del partenairees muy común en los cuentos, y que sea un animal, también. Precisamente por tratarse del mundo culinario elegimos como compañera una gallina. Además, ¡no todas van a la cazuela!

P. Dice que quiere transmitir a los niños lo que siente cocinando… ¿Qué es?

R. Hay muchos valores que me parecen fundamentales. Para mí, que soy un tipo que me gusta vivir en compañía, cocinar significa compartir lo que hago. Ser cocinero es ser generoso, quizá por eso he acabado dedicándome a esto. El poder transmitir valores como la generosidad, compartir lo que haces, disfrutar de lo que creas con las manos... los niños pueden aprender a valorar eso. Si consigo despertarles el gusto por hacer algo con sus manos, me voy contento.

P. ¿De pequeño hacía croquetas con la arena antes que castillos?

R. No guardo recuerdos reales de lo que hacía con cinco años en la playa, y si dijera que sí quizá estaría engañando. Es muy posible que hiciese croquetitas, pero también castillos y hamburguesas.

P. ¿Cuál es la mayor pesadilla en su cocina?

R. La desidia y la desgana.

P. ¿Lo que vemos en Pesadilla en la cocina, incluso lo más desagradable, es cien por cien real?

R. Es exactamente como usted lo ve, ni más ni menos.

P. ¿Y eso no le ha quitado las ganas de salir a comer fuera de casa?

R. No solo no me las quita, sino que me permite valorar cada día más el sector de la restauración. Yo sé lo que cuesta hacer un buen trabajo, pero para buena parte del público no es tan sencillo saberlo. No solo es la cocina; lo que te ponen encima del plato va más allá de lo que el cliente conoce, que tampoco tiene por qué saber. Ahora muchos clientes valoran todo el negocio.

P. ¿Cree que la televisión ayuda a poner en valor su profesión?

R. Uno de los factores de los programas es ese, pero no el único.

P. ¿Siente que en la tele le han dado más reconocimiento que en su profesión?

R. En absoluto. No hago mi trabajo para tener ningún reconocimiento, y los programas tampoco. He llevado restaurantes muy importantes. Tengo mi ego más que cubierto. El reconocimiento no es algo que me mueva, me meto en estos proyectos porque me gusta mucho el trabajo que hago y me parece muy gratificante ofrecer a alguien una oportunidad que de otra manera no tendría.