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Muerte y destrozo en Yemen

El bombardeo, atribuido a Arabia Saudí, de Saná es una dura advertencia a Irán

El bombardeo del centro histórico de la capital de Yemen —atribuido a una coalición liderada por Arabia Saudí— es grave por la pérdida de vidas humanas, por el irreparable daño causado a un valioso patrimonio cultural y, desde luego, por el mensaje que envía Riad a sus vecinos, en particular a Irán.

Arabia Saudí —monarquía absoluta teocrática caracterizada, entre otras cosas, por su discriminación de la mujer y de otras religiones— pretende restaurar en el poder yemení al presidente Hadi, derrocado por los huthi, una etnia proiraní cuyo éxito es interpretado como un avance estratégico de Teherán en la península arábiga. Yemen, en este contexto, se ha convertido ahora mismo en el escenario del enfrentamiento indirecto —pero cruento— de las dos potencias rivales regionales. Así, el bombardeo de Saná —que los saudíes niegan haber efectuado— parece una enérgica advertencia de Riad a Teherán en cuanto a lo que está dispuesta a hacer y hasta dónde puede llegar para defender su hegemonía en la zona, que ya se ve cuestionada en la frontera sur por Al Qaeda y el Estado Islámico.

El bombardeo de ayer se centró en la ciudad vieja, habitada desde hace 3.000 años y que alberga auténticas joyas del patrimonio común de todos los que habitamos el planeta. De ahí la enérgica protesta de la UNESCO y la constatación de que están en peligro tanto vidas como la memoria de decenas de generaciones.

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