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“Quiero que convivan la guitarra y el bombo”

Con su tercer disco Amatria crece como productor de pop electrónico, y desafía al indie más purista reivindicando sonidos de todo tipo.

“Empiezo con una guitarra, de una forma tradicional. Cuando se vuelve Amatria es cuando lo pasó por el puré del ordenador”. Estamos en el estudio que Joni Antequera tiene en su piso del barrio de las letras de Madrid: apenas unos metros cuadrados en los que acumula controladores, teclados y, sobre todo, una gran pantalla de ordenador que muestra un software de edición de audio. Allí es donde ha cocinado Amatria, el tercer disco de su proyecto de pop electrónico, y allí nos explica cómo trabaja. “Las canciones son sencillas, cuatro acordes, un estribillo… cuando se complican es cuando me pongo la gorra de productor”, explica este exarquitecto que acaba de entrar en la treintena y que llegó a la música electrónica por una mezcla de casualidad e inquietud.

“Coincidieron dos cosas para que me metiese en esto”, cuenta Joni. “Primero, que conocí a los Crystal Castles, y dije 'hostia esto es antiguo pero nuevo a la vez'. Fue en 2008 y me dejó muy flipado. Me compré un controlador, empecé a trastear con el Ableton y a jugar con pedales y loops durante todo un verano”. Lo segundo fue un abandono: el de su banda. “Cuando llegó septiembre se fueron”, resume. Era el momento de recuperar Amatria, nombre con el que ya había probado cosas en solitario, pero esta vez utilizando la tecnología como aliada. Así publicó sus dos primeros discos, Hoy van a salirte alas (2011) y Salir ileso (2013). Del tercero, publicado recientemente por el sello Subterfuge, se muestra más orgulloso: “he crecido, y me he atrevido a probar otras cosas”.

Además del single Chinches -inspirado por el ataque de estos insectos en vivido en carnes propias-, Amatria contiene algunos momentos que expanden su universo de pop sintetizado. Uno es El canto del abu, inspirada en una melodía improvisada por su padre. “Esa canción la hice para él”, explica. “Somos muchos hermanos y tengo varios sobrinos. El más pequeño tenía solo unos meses y mi padre lo estaba cuidando. Le cantó una canción y lo grabó. Luego nos lo enseñó y fue un cachondeo, todo el mundo le decía 'el niño está llorando papá'. Pero a mí la melodía me gustó, era muy solemne, y se lo produje. Lo hice de una manera en la que él lo pudiese entender, como un vals”.

El otro momento sorpresa es su versión de La copa de Europa, el clásico de Los Planetas, al que desprende de su aura melancólica y épica, sustituida aquí por despreocupada euforia. “Sí, era difícil imaginárselo”, admite. “Es una canción muy etérea. Hace tiempo me apunté a un concurso, e hice esa versión de una manera más arcaica, con mis basecitas y eso. Para mí Los Planetas han sido muy importantes. Me ayudaron a meterme en esto, creativamente, y es un homenaje a ellos”. La banda granadina todavía no se ha pronunciado sobre el resultado. “Mi intuición me dice que no les va a gustar”, admite Joni.

"Las cosas pueden ser horteras y estar muy bien para un momento"

Ese presentimiento de Joni tiene mucho que ver con la aceptación de ciertos sonidos por el sector más inmovilista del indie y su apego por las guitarras. “Este es un tema al que le doy muchas vueltas ahora mismo”, cuenta. “En España todavía estamos un poquito atrás. Hay muchos grupos indies que intentan meter algo de electrónica, un sinte supercutre sin trabajar, y otros que intentan meterse de forma más bestia, pero si la banda no respeta la electrónica…”, se lamenta. “Hay mucha gente que intenta meter algo en las canciones parecido a alguna banda, a Tame Impala por ejemplo. Pero Tame Impala es un productor que tiene respeto por todo lo que aplica, que valora todas sus posibilidades. Si escuchas Elephant, con ese sinte que tiene que parece una guitarra, te das cuenta de que ese tío respeta hasta la EDM. Ese tipo de mente abierta es lo que te permite hacer buenas cosas. Y eso en España es muy difícil encontrárselo. Todos los grupos que me he encontrado tienen reticencias ante eso”.

Esa mente abierta le permite a Joni admitir sin problemas que es fan de María Dolores Pradera o Juan Luis Guerra. En el caso del dominicano, la culpa es de su disco de grandes éxitos. “Es un discazo”, comenta. “Es hortera, pero hortera guay. Las cosas pueden ser horteras y estar muy bien para un momento. Yo cuando estoy triste me pongo ese disco, suenan tres canciones y ya estoy feliz. Lo ponía mi padre, de pequeño no me gustaba, pero de repente empiezas a ver lo bueno que tiene”. “Luego ha habido más”, prosigue. “A María Dolores Pradera la descubrí tarde. Me dejó loco el sentimiento con el que canta. A mí es que en los 90 no me contaban esto, me contaban otras historias: que si las guitarras, que si tal… Sí, eso tiene mucha potencia, pero a veces una voz en un idioma que entiendas te puede evocar muchas sensaciones. No la pincharía en una discoteca, pero me encanta. Cada ruido te evoca unas cosas”.

Tampoco se le caen los anillos por admitir que le ha gustado uno de los últimos singles de Bustamante. “Sonaba muy guay. Es rollo mainstream total, pero está guay. La melodía es buena, está bien hecha, la letra es lo de siempre… Pero no creo que alguien escuche a Bustamante para que la letra te sorprenda. Normalmente no me pongo un disco de Bustamante, pero si escuchas algo y está bien hecho, y estás seguro de lo que haces, puedes decirlo”. Para él, no admitirlo sería una cuestión de inseguridad. “Yo lo que hago lo tengo muy claro. Te puede gustar o no, pero es lo mío, y le voy a meter lo que le me salga de los cojones siempre. Y como estoy seguro, te puedo decir que me gusta esto o lo otro. A David Bowie, cuando hacía lo que quería en cada disco, no le importaba lo que pensasen, y te digo David Bowie porque es alguien al que se le venera, es un icono para mucha gente que es muy cerrada. Es decir, tus iconos son gente que ha roto moldes, y tú estás en el molde total. No puede ser”.

Con Amatria, a Joni le gustaría llegar a tantos sitios como fuese posible. “Soy ambicioso. Quiero que mi disco se escuche en latinoamerica e ir allí a defenderlo. Quiero que pasen cosas grandes”, explica. También que la electrónica no sea mirada por encima del hombro en algunos círculos. “Me gustaría que mi disco ayudase a cambiar esa percepción. También en los medios. A veces te preguntan cosas que dices, ‘tú a Air no le dirías eso de las maquinitas'. Hay mucho trabajo detrás, parece que si no tienes una pedalera enorme de guitarras no hay trabajo”, cuenta, antes de resumirlo todo en una frase: “me gustaría ayudar a que convivan la guitarra y el bombo”.

Canciones para la vida más allá del indie

Le pedimos a Joni que eligiese para nosotros cinco canciones que no tuviesen nada que ver con el indie y que consigan emocionarle. El resultado no decepciona.

María Dolores Pradera: De carne y hueso

Por su voz, por la letra, por esa melodía, y porque todo junto crean uno los ruidos más evocadores que he escuchado nunca. La interpretación sangrienta y el drama subcutáneo hechos voz de mujer.

Juan Luis Guerra: El costo de la vida

Cuando viene la tristeza me suelo poner el Grandes Éxitos del 95 de Juan Luis. Esta es la primera canción del disco, una genialidad musical de armonías perfectas, estructuras hiladas y contrapuntos maestros que, encima, te pone contento.

Pereza: Beatles

Porque antes de oírla creía que los grupos pop/rock masivos de este país eran malos porque eran grupos masivos pop/rock de este país. Rompió mis prejuicios y me hizo madurar.

Héctor Lavoe: El día de mi suerte

Porque la escuché por primera vez viniendo de mi antiguo local en Valencia, sin un duro y con todo lo que había construido los últimos años hecho añicos por una cosa que llamaban crisis, y pensé que el día de mi suerte llegará.

El Cabrero - Amor mío

Porque se la he visto bailar a mis padres hace poco en un evento muy especial, y como los he conocido bien sé que el desgarro tiene sentido.

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