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Rubias en el barro

Cifuentes y Aguirre siguen enzarzadas a ver quien es más progre y menos corruptible. Si Espe, que destapó personalmente la trama Gürtel o Cris, que lleva coleta antes de que a Pablo Iglesias le salieran las muelas

Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, en una imagen de 2013.
Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes, en una imagen de 2013.

Llega un momento crítico en la vida de toda morena española, valga la redundancia, en el que una se ha de enfrentar con el gran dilema de su existencia. Un antes y un después. Un punto de no retorno: ¿me tiño, o no me tiño? La mayoría sucumbe más temprano que tarde. Vale, sucumbimos. Se empieza con unas mechitas tono sobre tono, nada, unos rayitos de sol para iluminar el rostro, que dicen los peluqueros para venderte sustancias tóxicas y esclavizarte por los siglos de los siglos. Lo malo es que, cuando arrecian las canas, y con tal de taparlas, las mechas se convierten en mechones, los rayos en centellas, el sol en el cometa Halley y tú acabas rubia platino quieras o no quieras. Vale, acabamos. Pues eso, acabáramos, que desvarío más que la candidata de Podemos a la Junta de Andalucía, Teresa Rodríguez, la última morena incorrupta por cierto, en cuanto le ponen un micro delante.

Te contaba esto porque esta semana, precisamente, la cosa ha ido de rubias luchando en el barro. No, no hablo del matiz del “coño que tiene que pasar” para que Rajoy haya ido con corbata impermeable a equis leguas de donde llegó el lodo en la riada del Ebro, tal y como le emplazó Pedro Sánchez en una de las declaraciones más sutiles y menos populistas que se le recuerdan al incontestado líder socialista. No. El presidente es más de Farmatint caoba secreter fernandino, y el aspirante aún no ha sucumbido al pringue pese a que apuesto a que le sale una cana verde cada vez que le mienta Susana Díaz. No. Me refiero al circo que nos ofrecen día sí y día también las candidatas populares Esperanza Aguirre, Dolores de Cospedal y Cristina Cifuentes dándose estopa entre ellas o mediante persona interpuesta.

Iba a decir que son mujeres de armas tomar, pero como sé que me vais a poner a parir por sexista, solo señalaré que, yo que ellas, montaba el Trío de la Faca en la Liga y me postulaba como lanzadora de cuchillos al Price como plan B por si las urnas les son esquivas. La que tiró la primera honda fue la condesa consorte, un respeto a las canas viejas. Que, si le obligaba a dimitir de presidenta regional del partido, iba a ser candidata a la alcaldía RitaLa Cantaora, no Barberá La Acalorada—, le ladró a María Dolores, que se las prometía felices matando dos pájaras de un tiro. Pero es que luego, no contenta con eso, Aguirre dirigió su cólera a la inofensiva de Cristina, que estaba llorando a mares al tener que sacrificarse por sus siglas siendo candidata a presidenta de la CAM cuando todos sabíamos que ella no quería, oye, no quería.

Total, que tanto buscó el cántaro a Cifuentes, que la encontró puesta en jarras, como la chulapa del chotis. Ahí seguían las doñas, al cierre de estas líneas, enzarzadas a cara de perro, perdón, beagle, a ver quien es más progre y menos corruptible. Si Espe, que destapó personalmente la trama Gürtel y está ahora mismo en la mani contra el aborto pescando votos. O Cris, que lleva coleta antes de que a Pablo Iglesias le salieran las muelas. Yo no me pronuncio sin presencia de mi abogado, que tengo a Ruz en la nuca por un piquito que guardo en Andorra. Pero una cosita os digo: ninguna tiene un pelo de tonta. Ni de rubia.