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Qué mueve a... Amin Sheikh

“No podré cambiar el mundo. Pero un lago se llena de gotas”

Esta es la historia de un niño de la calle en Bombay convertido en activista y escritor

Hoy lucha para dar una oportunidad laboral a menores que viven como él lo hizo

Amin Sheikh fue niño de la calle hace más de tres dñecadas. Hoy, ayuda a otros como él. Ampliar foto
Amin Sheikh fue niño de la calle hace más de tres dñecadas. Hoy, ayuda a otros como él.

La vida le enseñó muy pronto a sobrevivir sin nada. Con cinco años, Amin Sheikh (Bombay, 1980) huyó del barrio de chabolas en el que vivía y se instaló en una de las estaciones ferroviarias de su ciudad natal. No solo tuvo que aprender a cuidar de sí mismo, sino también de su hermana pequeña, quien, siguiendo su ejemplo, se escapó de casa poco tiempo después que él. Pronto descubrió que las calles de Bombay no eran el parque de atracciones que había imaginado. Se convirtió en una paloma más en medio de un nido de halcones. Le robaron, abusaron sexualmente de él y raptaron a su hermana para ampliar los trofeos del barrio rojo, donde obligan a prostituirse a cientos de niñas.

La historia de Amin no es muy diferente de la del resto de los 150 millones de niños que Naciones Unidas estima que viven en al raso en las ciudades de cualquier rincón del mundo. Productos de sus circunstancias, muchos pequeños se ven forzados a ganarse la vida en las calles grandes urbes que proliferan en los países en vías de desarrollo. Si la madre de Amin no hubiera sido la segunda de 13 hermanos en una familia pobre de India, no habría empezado a trabajar cuando era una niña. No le habrían concertado un matrimonio con un hombre al que no conocía y que resultó ser alcohólico. No se habría separado y vuelto a casar. Amin no habría soportado las palizas de su padrastro, ni las de su jefe. Y jamás se habría escapado de casa. No habría tenido que sobrevivir a base de mendigar, robar o hurgar en basureros. Pero, probablemente, ahora tampoco estaría luchando para dar una oportunidad a otros niños de la calle, como hicieron con él.

En India, un sirviente es un sirviente. Dormía y comía en el suelo. No era consciente de que existía otra realidad. No sabía qué había más allá de las montañas

El rapto de su hermana Sabira fue un punto de inflexión. La chica consiguió huir de sus captores gracias a un taxista anónimo. Regresó junto a su hermano, pero la percepción del peligro que corrían aumentó. Amin aceptó la oferta de una monja, que les propuso vivir en un orfanato donde tendrían comida, ropa y un techo bajo el que dormir. “No era mucho, pero para mí fue el hogar de mis sueños”, rememora, casi 30 años después de todo aquello, en un pequeño café del centro de Madrid. Tuvo suerte. Si hubiera seguido en la calle, lo más probable es que hubiera muerto hace tiempo, víctima de las drogas, la rivalidad entre pandillas o cualquiera de las enfermedades que asolan su país. Es lo que suele ocurrir.

“Yo encontré a mis héroes, o ellos me encontraron a mí. ¿Pero qué pasa con los niños que no tienen a nadie que pelee por ellos?”. Esta idea le llevó a plantearse el proyecto en el que lleva embarcado desde hace unos años. Pretende poner en marcha una cafetería en Bombay para dar una oportunidad laboral a los jóvenes de su orfanato, “que ya tienen más de 20 años y se han vuelto a quedar en la calle”. Lo tiene todo pensado. “Crearemos una bolsa de trabajo para ponerlos en contacto con gente que necesite empleados y un espacio para que los artistas expongan sus creaciones”. Señala su camiseta y anuncia: “La ha diseñado una chica que, como yo, no ha estudiado y que sueña con ser diseñadora de moda". "Estoy muy orgulloso de ellos”, reconoce con una gran sonrisa.

Calcula que necesita cerca de 300.000 euros para que la maquinaria empiece a rodar. Una tarea difícil, pero no imposible para alguien acostumbrado a sortear obstáculos. La solución la encontró en su propia historia. La convirtió en novela y ya lleva más de 7.000 ejemplares vendidos y unos 40.000 euros recaudados. La vida es la vida. Soy gracias a ti se ha traducido —“de momento”, bromea— a cinco idiomas. Y las ventas no paran de aumentar gracias a la red de amigos y colaboradores que ha ido creando a lo largo de los años.

Todo empezó en otro viaje a España. Su primera incursión fuera de las fronteras de India. Acababa de empezar la primavera de 2003 cuando el hombre para el que trabajaba de chófer, y a quien describe como el padre que nunca tuvo, decidió llevarle con él a Barcelona. “Me pasé toda la noche mirando a través de la ventanilla”. La emoción se refleja en sus ojos. “Cada momento de ese viaje fue especial. Comí sentado en una mesa con cuchillo y tenedor por primera vez”, recuerda fascinado. “En India, un sirviente es un sirviente. Dormía y comía en el suelo. No era consciente de que existía otra realidad. No sabía qué había más allá de las montañas”.

Si puedo mejorar la vida de un solo Amin, ya habrá merecido la pena el esfuerzo

Durante aquellos días, comprendió que no tenía por qué conformarse con la vida que le había tocado. Conmovidos con su historia, los amigos que conoció en Barcelona le convencieron para que escribiera todo lo que había vivido. Al principio no sabía si sería capaz dada su escasa educación escolar. “Pero lo conseguí”, afirma orgulloso ojeando las páginas del libro cuya promoción le ha traído de nuevo a España. Su vida ya no se parece nada a la que relata por escrito. Ahora es “empresario”, como él mismo se define. Compró un coche y, durante los meses que no está viajando por el mundo, se dedica a enseñar a los turistas “el auténtico Bombay”, como solo puede hacerlo alguien que durmió en sus calles durante tres años. Esto, además de ser otro canal para reunir el dinero que necesita, le ha servido para conocer a muchos “amigos” que le han ayudado a promocionar el libro en sus diferentes países de origen.

“Tengo una lista de sueños y los voy tachando cuando los consigo. El taxi y el libro formaron parte de ella. Ahora toca la cafetería”, asegura. Y ni por un momento duda de que lo vaya a lograr. “Si he superado todo lo que me ha pasado, puedo con todo lo que venga”, dice con firmeza en un perfecto inglés, con un acento que revela su origen. Pero, ¿por qué una cafetería? “Sueño con un sitio donde todos los pequeños puedan tener el mejor batido, la mejor galleta y el mejor trozo de pastel”. De alguna forma, quiere que los niños de la calle puedan disfrutar de los lujos que él no tuvo. “Yo no estaría aquí si no fuese por la gente que he conocido. Podría ser un ladrón o incluso un asesino”, reconoce. “Sé que no puedo cambiar el mundo, pero el lago se llena de gotas. Y si puedo mejorar la vida de un solo Amin ya habrá merecido la pena el esfuerzo”.