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¿Es normal tanto frío?

Para que se considere una ola de frío tiene que darse al menos tres días consecutivos

Un hombre camina frente al hospital Lucus Augusto, en Lugo. Ver fotogalería
Un hombre camina frente al hospital Lucus Augusto, en Lugo. EFE

Sin duda alguna que el frío está siendo uno de los temas estrella de conversación desde que empezó este mes de febrero y, en los últimos días, aún más por la crudeza con la que ha llegado a muchos puntos de nuestro país, con nevadas a nivel de costa (como en Cataluña y el Cantábrico) y acumulados de nieve provisionales que hacía muchos años que no se veían. Febrero siempre ha gozado de muy mala fama entre los meses del calendario, precisamente por su carácter cambiante y traicionero. Nuestro refranero popular se hace eco de ello: "Febrerico el loco, un día peor que otro", o aquel que dice… "Febrero febrerín, el más corto y el más ruin". Encontraríamos muchas referencias y definiciones de este mes, y ninguna lo dejaría en buen lugar aunque el récord de frío en nuestro país se lo lleva el mes de diciembre.

El día 17 de diciembre de 1963 se registró en Calamocha (Teruel), la temperatura más fría de España en un lugar habitado, donde descendió a -30ºC. En todo caso, este año febrero ha sacado su carácter más cruel con la llegada e irrupción en nuestra península de esta masa de aire frío que ha hecho descender bruscamente los termómetros, acompañado también de un duro temporal de nieve que ha afectado a muchas de nuestras provincias. La AEMET ya emitía este paso lunes un aviso especial por ola de frío para esta segunda mitad de la semana y así ha sido. Temperaturas muy por debajo de lo normal y muchísimas complicaciones allá donde la nieve se ha dejado ver (en Cuenca hacía muchos años que no nevaba tanto como esta pasada noche). A ello se ha unido el viento que también ha hecho aumentar la sensación de frío.

Precisamente la evolución del tiempo esta semana ha ido recrudeciendo la sensación de ambiente invernal en la península. Por una parte, la presencia del anticiclón de las Azores alargándose en forma de cuña por el noroeste de Europa y una borrasca situada sobre el Mediterráneo occidental, han formado una perfecta maquinaria de succión que ha bombeado aire frío y seco desde el centro de Europa hasta nuestra península produciendo este desplome térmico. Por último, la formación de una segunda depresión que ha cruzado la Península desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo entre este jueves por la noche y la mañana de este viernes, junto con la masa de aire frío que estaba entrando al país por los Pirineos hacia el sur, ha favorecido que la cota de nieve fuera tan baja en muchísimos puntos del norte, este y noreste peninsular.

Sobre si se puede considerar una ola de frío lo veremos al final del episodio aunque todo apunta a que sí, ya que esta se ha previsto con la suficiente antelación, dada la poca dispersión de los modelos y es generalizada. No existe una definición exacta del término ola de frío. Como bien establecía César Rodríguez Ballesteros (AEMET), para que se considere como tal tienen que darse al menos tres días consecutivos en que, como mínimo, el 10% de las estaciones consideradas registren valores mínimos por debajo del percentil del 5% de su serie de temperaturas mínimas diarias de los meses de enero y febrero del periodo 1970-2000.

En todo caso, esta sí que parece que lo será por los valores que estamos registrando en gran parte del país y porque la situación no mejorará en lo que queda de semana. Las precipitaciones remitirán el fin de semana (salvo en el Cantábrico, donde seguirán siendo en forma de nieve) y las mínimas más bajas las podremos sufrir la madrugada del sábado al domingo. Hacía tres años que no registrábamos una ola de frío de estas características (la última fue en febrero de 2012, aunque entre el 30 de diciembre de 2014 hasta el 1 de enero de 2015 se produjo un episodio frío de poca importancia, si se compara con esta o la anterior). Por lo tanto, estas entradas tan frías no pueden ser consideradas como normales puesto que, aunque pertenecen a la misma variabilidad natural que puede presentar la atmósfera en invierno, no suelen hacer acto de presencia todos los años en nuestra geografía. Ahora toca abrigarse y combatir como mejor podamos estas anomalías del tiempo. Eso sí, nadie puede asegurar que vaya a ser la última entrada fría de este invierno.

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