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CARTAS AL DIRECTOR

Adiós, mi España querida...

Mas Palet Peratallada, Girona

En mis frecuentes viajes por España en automóvil o en tren, me angustia observar la rápida transformación que están sufriendo nuestros paisajes.

Hace unos días, recorriendo la costa de Tarragona, por la N-340 a la altura de Vinaroz, me preguntaba si todavía podría existir paisaje más triste, más vejado, más desolado que el que me “acompañaba”. Kilómetros de naves industriales: con pintadas, sin pintadas, alquiladas, por alquilar, por vender, abandonadas; vallas publicitarias oxidadas, cables descolgados, plásticos acumulados en arroyos vacíos, árboles resecos, casitas de huerta en ruina con una hermosa palmera testimonio de un pasado no lejano. En resumen, un paisaje apocalíptico.

Esta es la huella del engaño, del falso progreso, es la huella de la ambición, de la falta de rigor de nuestros políticos que permiten e ignoran el incumplimiento de tantas leyes que protegen nuestros paisajes y que ellos mismos han firmado.

Así, día a día, allí donde hubo identidad, tradición, nobleza, hoy tenemos desolación, cutrez y asfalto. Día a día las raíces de nuestros pueblos van desapareciendo. Alguien dijo que para valorar el paisaje es necesario un buen nivel de cultura. Por desgracia este no es nuestro caso.— Lola Arpa Vilallonga.

 

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