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Bodas de oro en Grecia del rey destronado

Tras su regreso del exilio, Constantino se deja ver con más frecuencia. Doña Sofía apoya con su presencia a su hermano

La reina Sofía a su llegada al Museo de la Acrópolis, en Atenas.
La reina Sofía a su llegada al Museo de la Acrópolis, en Atenas. EFE

La reina Sofía vive dedicada a la familia y a sus aficiones desde que se produjo el relevo en la Corona, el pasado 19 de junio. Si antes viajaba con frecuencia a Londres para ver a sus hermanos ahora lo hace a Grecia. Y es que allí se ha instalado Constantino tras un largo exilio. Hace algo más de un año vendió su casa del elegante barrio londinense de Hampstead por 11 millones de euros y regresó al país del que salió tras un breve reinado —de 1964 a 1967— interrumpido por un golpe de Estado. Constantino asegura que no tiene más pretensión que ayudar a su país, azotado por la crisis, aunque hay quien ve en todos sus movimientos la intención de recuperar una cierta influencia en la vida política griega. Lo que fue un discreto aterrizaje se ha convertido ahora en una presencia notoria. Quien un día fue rey aprovecha todas las ocasiones para dejarse ver.

Constantino y su esposa Ana María de Grecia, hermana de la reina Margarita de Dinamarca, celebraron sus bodas de oro y en torno a esta cita organizaron varios actos. Doña Sofía, muy unida a su familia griega, ha participado en todos ellos. Don Felipe y doña Letizia se han excusado. Se esperaba a las infantas y a Iñaki Urdangarin, pero al final solo estuvo doña Elena, A don Juan Carlos hace tiempo que no se le espera en estos acontecimientos.

También participan en los actos los hijos de Ana y Constantino: Pablo con su mujer Marie Chantal Miller; Nicolás, con su esposa Tatiana; Alexía con Carlos Morales; y Theodora y Philippos. Y fieles amigos como Simeón y Margarita de Bulgaria. La gran sorpresa fue la llegada de Ernesto de Hannover, eexmarido de Carolina de Mónaco, que salió de su escondite para felicitar a su primo Constantino.

La celebración comenzó el miércoles con una cena en el Museo de la Acrópolis de Atenas aunque fue el 18 de septiembre de 1964, cuando la entonces princesa de Dinamarca, con 18 años recién cumplidos, entraba en la catedral de Atenas y salía como reina de Grecia. Constantino había accedido al trono meses antes.

Constantino y Ana María de Grecia, con sus hijos antes de la cena.
Constantino y Ana María de Grecia, con sus hijos antes de la cena. CORDON

Cuando los entonces reyes iniciaron el camino del exilio, primero en Roma y luego en Londres, ya eran padres de dos hijos: Pablo y Alexía. Pero ha sido el tercero, Nicolás, quien más apegado se ha sentido a Grecia. De hecho decidió casarse, en agosto de 2010, en la isla de Spetses delante de representantes de todas las casas reales. Esa cita fue de alguna manera el comienzo del regreso.

Nicolás fue el primero que se instaló, con su esposa Tatiana, en Atenas. Lo hizo en un apartamento casualmente propiedad de Sofía Papandreu, hija del ministro socialista Giorgios Papandreu, que en 1994 expropió a la familia real griega sus bienes y les quitó la nacionalidad. Al tercero de los hijos de Constantino le interesa la política pero de momento, al menos de manera oficial, se ocupa de la secretaría de su padre. Su esposa Tatiana aparcó su trabajo con la diseñadora Diane von Furstenberg para dedicarse a ayudar a la población más desfavorecida por la crisis.

En el interior del museo de la Acrópolis de Atenas donde se celebró la primera cena se vio a la reina Sofía muy sonriente posando con sus familiares y alguno de los invitados mientras que Pablo, el hijo mayor de Constantino, y su esposa Marie Chantal, se hacían selfies con la gente que esperaba a la salida del recinto. Y es que en algunos sectores de la sociedad griega todavía hay una cierta curiosidad por la monarquía. A ello se agarra Constantino y por eso el pasado marzo reunió por primera vez a toda la familia para conmemorar los 50 años del fallecimiento del rey Pablo. Fue un acontecimiento de carácter íntimo pero visto por algunos observadores como una manera de dejar claro ante la opinión pública que la familia real ha regresado. Junto a la tumba de Pablo, en el cementerio de Tatoi, estuvieron sus tres hijos, Constantino, Sofía e Irene, sus nietos y varios de los hijos de estos. Fue también la última vez en la que posaron juntos para una foto de grupo, aunque en extremos opuestos, don Felipe y la infanta Cristina.

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