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“Tengo buena pinta ¿no? Pues me deshago por dentro”

Se llama a sí misma “la mujer biónica”, porque a Jane Fonda la osteoartritis le está pasando factura

Pero la actriz, cerca de los 77 años, sigue en plena forma: estrena película, participa en una serie de televisión y está de nuevo enamorada

La actriz Jane Fonda, en el Festival de Toronto el pasado 7 de septiembre.
La actriz Jane Fonda, en el Festival de Toronto el pasado 7 de septiembre.

Con Jane Fonda llega el escándalo. La leyenda, la actriz icono, la estrella, y la intérprete además de la activista no cambia. Nos hizo fijarnos en ella por su trabajo —desde Barbarella a El regreso—, por sus protestas contra la guerra de Vietnam en sus años de Hanoi Jane, por sus ejercicios durante los años en los que también fue la reina del aerobic o por sus matrimonios, tres, uno más que premios Oscar en la carrera de la hija de Henry Fonda. Y hoy, a sus 76 años (cumple 77 en diciembre), sigue llamando la atención por esa figura que ha sido la envidia en la alfombra roja del reciente Festival de Toronto. O por esos senos (no del todo reales) que la actriz enseña sin ningún tipo de pudor en su último estreno, Ahí os quedáis, por no hablar de ese beso lésbico que se marca con Debra Monk en el filme. La que tuvo, retuvo, y guardó para la vejez.

Pregunta. Shawn Levy, director de Ahí os quedáis, asegura que se lo pasó cañón con los pechos prostéticos que le dio en la película.

Respuesta. ¡Cómo no disfrutar de algo así! Quise enseñarlos más pero Shawn no me dejó.

P. Usted tuvo sus propios implantes de los que se deshizo a los 50 años. ¿Por qué?

R. Cuando te haces vieja se te ponen más grandes y los implantes no me parecieron apropiados. ¡Pero no querrás que me ponga a hablar ahora de mis tetas!

P. ¿Y de su primer beso?

R. ¿El lésbico?

P. ¿Quién besa mejor?

R. Las mujeres. Siempre. Somos mucho más sensuales. A excepción de mi novio actual, por supuesto. Fui a Los Ángeles para operarme y volví con una nueva rodilla y un amante.

P. ¿Su futuro marido?

R. ¡Estás loca! ¿A los 77? ¿Por qué me iba a casar? Sólo me casé con Ted (Turner) porque él lo quiso. Tenía cinco hijos y vivía en el sur. Él fue quien quiso la seguridad del matrimonio.

P. ¿Qué es lo que busca ahora en su relación?

R. Cariño. Nadie nos enseñó eso de jóvenes. Buscamos el glamour, el sexo, el poder, pero nadie nos dice que quizá los más calladitos a la larga son los mejores. Tengo un novio judío. ¡Por fin! Tuvo una madre de armas tomar y no le tiene miedo a las mujeres con carácter. Y es amable y cariñoso.

Fonda se refiere al productor musical de 72 años Richard Perry, el último amante de una larga lista que incluye al director francés Roger Vadim, con quien estuvo casada en sus años de rebeldía; al político Tom Hayden, su marido en los años de activismo, y al magnate de los medios de comunicación Ted Turner, su tercer esposo en los años de señorona retirada de Hollywood. Con Turner hubo un antes y un después. Antes de conocerle dejó en la pantalla lo mejor de su carrera. Tras su divorcio, al cine no le da más que comedias ligeras. Pero fuera de la gran pantalla ella ahora disfruta de ser Jane.

R. Tuve que esperar a los 62, a dejar a Ted, para darme cuenta por primera vez que no necesitaba a un hombre para ser quien soy.

P. ¿Por qué recordará a Ted Turner?

R. Por su humor. Es divertidísimo. Él me enseñó que uno puede ser excesivo y a la vez adorable, algo estupendo para alguien que viene de un largo linaje de depresivos.

P. ¿Y de su padre? ¿Cuál es el mejor recuerdo?

R. Cuando murió nos reunimos en su casa. Con Jimmy Stewart, con algunos de sus amigos de siempre. Y también vino el que fue su maquillador durante años. Me contó que en cuanto se sentaba no hacía otra cosa que hablar de su hija. Mi padre nunca me lo dijo. Yo sólo quería su amor. Fui una activista por los personajes que interpretó en sus películas, Las uvas de la ira, Incidente en Ox-Bow, Doce hombres sin piedad. Sabía que eran sus preferidas, los personajes que amaba y quise darles vida.

P. ¿Por qué dejó el cine? ¿Por miedo?

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R. Cualquier actor te dirá que el miedo es constante. A fracasar. A que se sepa que eres un fraude. Y el que diga lo contrario, miente. No fue eso. Lo dejé durante 15 años porque era infeliz. Y uno no puede actuar cuando es infeliz.

P. ¿Cómo es su vida ahora?

R. Me mantengo activa. No es que me guste vestirme y arreglarme. Preferiría quedarme en casa, en el rancho. Cabalgar, dedicarme a la pesca con mosca. Pero el rancho está a la venta porque ya no puedo montar a caballo. Tengo buena pinta ¿no? Pues me deshago por dentro. Osteoartritis. Voy reemplazando las piezas poco a poco. Me llamo a mí misma la mujer biónica.

P. ¿Por qué volver al cine?

R. ¡Hay que pagar facturas! También he escrito siete libros y estoy trabajando en una novela pero te diré algo que no debería: me la han rechazado 11 editoriales. Una lección de humildad.

P. ¿Qué es lo que queda de la Jane Fonda revolucionaria?

R. Hubo mucho de frivolidad hedonista y estupidez en mis 30 primeros años de vida. Pero a partir de los 60 nació esta otra mujer que sabe escoger sus batallas, que trabaja con adolescentes, que lucha para que las mujeres se hagan escuchar en los medios de comunicación. Yo encontré mi voz a los 62. No hay amargura. Dicen con razón que a partir de los 50 uno es más positivo. Dejas de hacer montañas de granos de arena. Esa soy yo, la que hace limonada de los limones que me llegan.

Además de su nuevo filme, la limonada de Jane Fonda incluye la serie de televisión Grace & Frankie en la que junto con su amiga Lily Tomlin aprovecha para defender el matrimonio homosexual a la vez que hace comedia y se gana un sueldo. Y en lo personal tiene apalabrado un viaje con su hermano, el también actor Peter Fonda, para visitar la tumba de su madre en Ontario, Canadá. “Por lo demás, hace tiempo que dejé de provocar porque mis hijos me echan la bronca”, concluye divertida con un guiño con el que asevera que la fierecilla en Jane Fonda está muy lejos de ser domada.