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Desclasificados nuevos datos sobre el espía que inspiró a Le Carré

El famoso escritor recuerda al excompañero en quien basó su personaje de George Smiley

Además, el novelista contesta a quienes lo acusan de traicionar al que fue su amigo y mentor

El escritor y exespía John le Carré junto a los actores Gary Oldman y Tomas Alfredson, en el estreno de una de las películas de sus novelas. Ampliar foto
El escritor y exespía John le Carré junto a los actores Gary Oldman y Tomas Alfredson, en el estreno de una de las películas de sus novelas.

No hay lector de novelas de espionaje que no ame u odie a George Smiley, el protagonista de las famosísimas novelas de John le Carré. Y pocos son los que no saben que el personaje está basado en un espía real, uno de los más valorados durante la Segunda Guerra Mundial, que logró vivir en la sombra hasta que su excompañero en el servicio secreto lo inmortalizó en sus libros. El agente John Bingham y Le Carré mantuvieron una complicada relación de amistad que ha vuelto a discutirse 25 años después de la muerte del primero.

La semana pasada, el archivo nacional británico desclasificó documentos del MI5 que aportaron nuevos datos sobre la importancia de Bingham durante la guerra contra Alemania. El espía se hizo pasar por agente de la GESTAPO y se infiltró en un grupo de simpatizantes del régimen nazi en Reino Unido. Recopiló información sobre fascistas admiradores de Hitler dentro de la aristocracia, el ejército y la élite intelectual y los utilizó para recabar información y al mismo tiempo para entregarles datos falsos y confundir a su enemigo real. En otras palabras, los convirtió en una especie de agentes dobles, sin que ellos se enteraran. El grupúsculo era tan radical que aplaudía las muertes provocadas por los bombardeos alemanes en territorio británico.

Bingham, al que los documentos se refieren bajo el alias de Jack King, fue clave para neutralizar la influencia de los espías alemanes y, por lo tanto, impedir que los nazis recibieran información verídica. Sin embargo, siempre se movió discretamente y logró mantener un relativo anonimato, hasta que un joven colega en los servicios de inteligencia, rebautizado literariamente como John le Carré, se inspiró en él para la creación del personaje novelesco de Smiley.

Al hilo de las nuevas informaciones sobre Bingham, el historiador y político conservador Lord Lexden acusó públicamente a Le Carré de no tratar “con el debido respeto” a su protector y mentor. “Le dolió la manera en la que las novelas retrataron su mundo”, escribió Lexden en una carta al rotativo The Telegraph. Según los que lo conocieron, Bingham nunca se sintió cómodo con las novelas de Le Carré, a quien consideraba su amigo, y además “detestaba” lo que el autor publicó contra los servicios de inteligencia británicos.

El novelista se ha defendido con una carta enviada al mismo diario, firmada con su nombre real, David Cornwell. En ella, el escritor declara su “admiración” incondicional a Bingham: “Era el más honorable y patriótico de los hombres y juntos vivimos momentos maravillosos. No hay mejor tributo para una amigo y colega que tomarlo de inspiración –en solo algunos aspectos- para un personaje de ficción que ha provocado deleite y reflexión al público”, escribe el autor.

Le Carré reconoce, sin embargo, diferencias con Bingham respecto de su percepción del rol de los servicios secretos. Durante la década de los sesenta, el autor formó parte de del MI5 y el MI6 y se formó una opinión de primera mano acerca de estas agencias de espionaje interno y externo. Mientras Bingham creía que la devoción a los servicios secretos era sinónimo del amor a la patria, Le Carré aprendió que ese amor “debía ser examinado con vigilancia”.

En particular, el novelista culpa a las agencias de espionaje de urdir las pruebas que justificaron la invasión de Irak en 2003, añadiendo que Bingham también lo hubiera aborrecido. “Detesto la noción de que nuestros espías son uniformemente inmaculados, omniscientes, y que están más allá de la vulgar crítica de aquellos que no solo pagaron por su existencia, sino que en ocasiones van a la guerra basándose en la fabricación de inteligencia”, añade en la misiva.

El escritor reveló en 1999 que fue Bingham la persona en la que se inspiró para su personaje. Al año siguiente, en la introducción de la reedición de una de las novelas negras de Bingham (que también hizo sus pinitos literarios), aseguró que su amigo era uno de los dos hombres en los que basó la figura de George Smiley. Según el autor, tomó otros rasgos del reverendo Vivian Green, su tutor universitario, aunque los rumores siempre apuntaron al exjefe de los servicios secretos británicos Maurice Oldfield.

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