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¿Por qué nadie daba un duro por este hombre?

Matthew Mcconaughey y otros (grandes) actores por sorpresa. De guaperas sin gracia a brillantes intérpretes. Ellos se reinventan

¿Por qué nadie daba un duro por este hombre?
CORDON

¿Cuándo ha empezado Matthew McConaughey a ser buen actor? Quizás hayas oído esta pregunta más de una vez en los últimos meses. O de Sandra Bullock en los últimos años. Y sí, muchos ya les consideraban buenos antes, pero es innegable que son dos carreras que se han reinventado y consagrado con el aplauso de los compañeros, la crítica y el público. Ambos, además, están nominados este domingo al Oscar como mejores actores protagonistas.

McConaughey, tras más de 20 años haciendo cine, es el claro ejemplo del giro radical que se puede dar a una carrera. Lo conocimos como el guaperas de comedias románticas facilonas como Sáhara, junto a Penélope Cruz, o Planes de boda, con Jennifer López. Y de ahí ha pasado a dejarnos boquiabiertos con sus últimos trabajos. Su nombre hoy ya es sinónimo de calidad y la cima, por el momento, parece haberla alcanzado con sus últimos personajes: inmenso, a pesar de breve, es su papel en El lobo de Wall Street; su nominación al Oscar con su impresionante transformación en Dallas Buyers Club –ya le ha valido el Globo de Oro, el premio del Sindicato de Actores y el Critics Choice y muchos le ven como el rival más duro de Leonardo DiCaprio, no olvidemos que en Hollywood gustan y mucho los cambios físicos y el actor perdió más de 20 kilos para este papel–, y su magistral interpretación del detective drogadicto, pesimista y obsesivo Rust Cohle en la serie True Detective (HBO y Canal +).

El punto de inflexión de McConaughey llegó en 2011. Tras ser padre y tomarse un par de años sabáticos, en sus interpretaciones dejó de primar su portentoso físico para dejar paso a personajes complejos y potentes. Abrió esta bendita veda El inocente, a las que siguieron Bernie y Killer Joe, y se fue consolidando un año después con Mud, de Jeff Nichols, donde borda a un fugitivo de dudoso pasado, y Magic Mike, de Steve Soderbergh, en la que da vida de forma brillante al stripper y dueño de un club de mujeres por el que ganó el Independent Spirit Award como mejor actor de reparto. Este año nos ha regalado tres de los mejores papeles de su carrera. Además del imponente poli televisivo de True Detective, está inolvidable en El lobo de Wall Street como el despiadado y pasado agente de bolsa Jordan Belfort –los cánticos con golpes pectorales fueron cosecha propia del actor– tanto como encarnando a ese vaquero homófobo y drogadicto con Sida llamado Ron Woodroof, por el que está nominado al Oscar cada día con más opciones en las quinielas. Y este renacer, por suerte, no acaba aquí, porque queremos más interpretaciones con la misma fuerza como las que estamos viendo. Aún le queda estrenar en otoño Interstellar, de Christopher Nolan, y se acaba de sumar al reparto de la última de Gus van Sant, Sea of Trees.

Junto a él, aunque algún paso por delante, otra estrella que ha enderezado su carrera es Sandra Bullock. La consagración le llegó en 2010, también más de dos décadas después de su debut, cuando se alzó con el Oscar y el Globo de Oro por su interpretación en Un sueño posible. Ese mismo año, paradójicamente, también ganaba el Razzie a la peor actriz por All about Steve. Pero esta dicotomía no era nueva para la actriz. Siempre ha sido de las mejores pagadas de Hollywood, sus películas han sido muy taquilleras pero no terminaba de llegar el beneplácito de la crítica. Llegó con la estatuilla. Y este año se reafirma con su nominación por su papel de la astronauta Ryan Stone en la épica Gravity, de Alfonso Cuarón.

"Hay que mirar sus interpretaciones para ver que es la actriz de primera línea más valiente de Hollywood", escribía sobre Sandra Bullock 'The New York Times'

Atrás queda Speed (1994), el filme que la puso en el mapa, y comedias como Miss Agente Especial o Amor con preaviso. 2005 fue la fecha de su cambio de rumbo. La película, Crash, de Paul Haggis –que para más señas le arrebató el Oscar a mejor filme a Brokeback Mountain–. Y lo ha sabido aprovechar. Y eso que entre su primer Oscar y esta segunda nominación, en la que Cate Blanchett y Amy Adams parten como las grandes favoritas, solo ha participado en dos películas totalmente opuestas: el melodrama Tan fuerte, tan cerca y la alocada comedia Cuerpos especiales. “Hay que mirar sus interpretaciones para ver que ella es la actriz de primera línea más valiente de Hollywood”, decía el New York Times resumiendo la clave de su éxito: los riesgos que asume. Algo a lo que hay que sumar la cercanía y simpatía de la que hace gala y el hecho de que es una de las actrices más queridas de la industria norteamericana. Ella misma explicaba en una entrevista en El País que está viviendo el renacimiento de su carrera “no por el tipo de papeles que puedan llegar, sino por algo más personal. Con Gravity ha renacido mi ilusión por hacer cine”.

Las reputaciones

Pero McConaughey y Bullock no son los únicos que han dado en los últimos tiempos un vuelco a su carrera. Ben Affleck, por ejemplo, es otro que ha visto crecer su reputación pero esta vez tras las cámaras. Mucho más aplaudidos que sus papeles han sido sus trabajos como director. Ya nos puso en la pista en 2007 con Adiós, pequeña adiós y remató la jugada con su tercera película, la formidable Argo, con la que ganó el año pasado el Oscar a Mejor Película y el Globo de Oro a mejor película y director. Eso sí, no hay que olvidar que entró en la meca del cine con otra estatuilla en 1998 por el guión de El indomable Will Hunting, que escribió junto a Matt Damon.

El caso de Robert Downey Jr. es diferente. Él mismo se fue poniendo la zancadilla, tanto que parecía acabado tras sus problemas con las drogas y el alcohol, pero nada ha impedido que se haya convertido en una de las estrellas más aclamadas de Hollywood. Y lo ha hecho en la última década con auténticos taquillazos, en los que siempre ha demostrado su talento, como Sherlock Holmes, de Guy Ritchie, la saga Iron Man o Los Vengadores. Y, por supuesto, no hay que olvidar algunos de los títulos más celebrados (nominaciones al Oscar incluidas) como Chaplin (1992) o Tropic Thunder (2008), de un actor para el que el siglo XXI parece no tener techo.

Por último, una carrera que debería seguir despuntando es la de Mickey Rourke. El actor lo tenía todo. Fue un ídolo de los 80, se decía que era el nuevo Marlon Brandon o James Dean, y participó en filmes como La ley de la calle, El corazón del ángel, Manhattan Sur o el galán de Nueva Semanas y media. Pero su carrera se vio envuelta a partir de los 90 en una espiral de adicción, peleas de boxeo y cirugías plásticas. La redención le llegó en 2008 con El luchador. Con la cinta de Darren Aronofsky consiguió una nominación al Oscar y se alzó con el Globo de Oro y el Bafta. Así volvió a la primera línea tras demasiados años en el infierno, aunque su papel en Sin City (2005), en cuya secuela estará este año, ya comenzó a impulsar este cambio. "Amo pocas cosas en mi vida. Mi abuela, mi hermano, mis perros, mi ex esposa, el boxeo y, desde hace poco, he vuelto a amar la interpretación", decía en El País días antes de los Oscar de 2009. Esa es, sin duda, la buena noticia.

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