Leña del árbol caído
Y una vez más, pasaron las Navidades. Los tres Reyes Magos, que con tanto afán y trajín dejaron las comodidades de su palacio para obsequiarnos con una magnífica corbata o una fresca colonia, se retiran ahora al lejano Oriente. Los cubos de basura, testigos mudos del festín y el boato, yacen con sus barrigas repletas de restos de percebe, roscón y envoltorios de juguetes.
Y de nuevo empezará la normalidad para todos nosotros, sin un buen pellizco de la lotería y con la bodega vacía de gran reserva. El agraciado que tenga un empleo dará las gracias por conservarlo, el parado seguirá quieto y el jubilado retomará el hábito de ir a por recetas.
No sé qué pensará el operario municipal de limpieza que adecenta las calles, de tanto petardo y petardista que nos amenizó las Navidades. Quizás este operario se dé cuenta de que ya no se tiran árboles secos de Navidad. Con tanto árbol de plástico, se guardan hasta los buenos deseos en una caja, y al año siguiente volvemos a utilizar todo excepto las gambas, ya que no sería prudente.
Uno en realidad no sabe quién ha pasado. Si los Reyes de Oriente, o la banda de Alí Babá también residente en Oriente. Sea lo que sea, mi mejor deseo para todos este año, donde espero que todos nos desprendamos de, al menos, alguno de nuestros propios convencimientos de plástico.
Seamos felices.— Rubén García Codosero.


























































