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Vienen, posan y se van

Marivent antes era un palacio de verano con una gran familia: comían, navegaban, jugaban al pádel con esa sensación olímpica de equipo. Hoy parece un 'sprint', todos con prisa por irse.

Ana Obregón posa en una playa artificial cercana a la Gran Vía de Madrid.
Ana Obregón posa en una playa artificial cercana a la Gran Vía de Madrid.

Da la sensación de que la semana ha sido más tranquila porque la clase política se ha ido de vacaciones y con ellos sus chanchullos y sus escándalos. En cualquier caso, estos días las comparecencias se han transformado en posados.

Los primeros en posar han sido los Príncipes de Asturias y sus hijas, aprovechando su paso por Marivent, el refugio real en Mallorca. Ese posado parcial fue una acorralada sesión fotográfica en una granja próxima a la sierra de Tramontana. Luego vino el integral y más oficial posado con los Reyes y la infanta Elena en el palacio de la Almudaina. Pese a los esfuerzos, ambos posados han dejado claro que el veraneo ya no es lo que era. Marivent antes era un palacio de verano lleno. Con una familia que lo poblaba, hijos, yernos, hermanos, nietos. Comían, salían a navegar, jugaban al pádel, merendaban, siempre con esa sensación olímpica, de equipo. Ahora parece un sprint, todos con prisa por irse. Vienen, posan y se van. Solo la Reina aguanta deportivamente casi el mes completo, acompañada por la entrenada fidelidad de su hermana Irene. El Príncipe se queda poco porque tiene que acudir a la toma de posesión del nuevo presidente de Paraguay; Letizia dejó a las infantas y regresó a Madrid casi sin digerir la cena. El propio Rey despachó, y posó con Rajoy, muy pendiente de su inmediato retorno a la capital para seguir con su rehabilitación.

¿Se puede rehabilitar Marivent? ¿Algo puede oler tan mal para que todos se marchen? ¿Son las cañerías? El propio Rey sinceró la difícil situación del palacio cuando advirtió, delante de los medios y antes de la cena de autoridades, que “hay más fotógrafos que invitados”. Da un poco de miedo que Marivent termine por convertirse en una casona habitada por fantasmas y recuerdos, igual que la finca Yerbabuena de Ortega Cano.

La venta de “La Yerbabuena” nos deja partículas de melancolía en el aire de agosto. Empezamos a vender escenarios de nuestro universo rosa. En Yerbabuena se celebró la inolvidable boda del torero con Rocío Jurado, donde nació el famoso término “tan a gustito”, que de alguna manera consiguió sintetizar lo que fuimos en los años noventa: ricos, fiesteros y enamorados. Ahora la ha comprado una acaudalada heredera peruana y es un poco como cuando la japonesa Sony se compró Columbia Pictures aprovechando un mal momento económico en Estados Unidos. Aunque Ortega Cano no confirma la cifra, se especula que la venta de este trozo de nuestra identidad cultural ronde los seis millones de euros. “¿Tan poco?”, se preguntan en la televisión matinal. Quizá Ortega Cano se ha plegado a las peticiones del FMI de devaluación interior, que rebajemos nuestros sueldos un 10% para combatir el desempleo. Esta recomendación del FMI es una poco consistente receta veraniega elaborada sin ambición. Si tenemos un desempleo del 25% y si reduciendo los sueldos un 10% rebajamos la tasa de desempleo un 6%, en realidad deberíamos recortar los salarios en un 40% para conseguir una reducción del 24%, ¿no?

Seguramente ajenas a estas recetas del Fondo permanecen cualquiera de las cocinas de las dos galas benéficas que estos días se celebran en Marbella. ¡Es la guerra de las Galas! Antes amigos, Eva Longoria y Antonio Banderas posaban muy unidos en la Starlite Gala. Ahora, Longoria y María Bravo posan en su propia fiesta solidaria, la Global Gift Gala, y en el otro lado del ring, Banderas y Sandra García-Sanjuán posan en la Starlite Gala. ¿Cuándo se inició esta multiplicación benefactora? Se dice que Banderas no estaba tan de acuerdo en que algunos viajes y gastos de la fiesta se adjudicaran a la organización benéfica. Y también se ha comentado lo distintos que son en el trato con periodistas en ambos eventos. En la GG Gala Longoria habló con la prensa mediante barreras. Banderas se las saltó todas y estuvo próximo y españolísimo. Lo cierto es que parece haber suficientes ganas y dinero en Marbella para satisfacer el deseo de ayudar de ambas organizaciones. Pero la duda aún recorre las mesas: ¿será sostenible tanta filantropía?

Esta noche en la Starlite muchos desean comentar no solo la capacidad gestora, sino también el duelo de solidaridad y looks entre las invitadas. En la Starlite se espera mucho renombre y que Antonio Banderas y Alejandro Sanz hagan, más que un posado, un buen show recaudatorio.

La confirmación de que el posado sí es sostenible y resiste a todo es que Ana Obregón lo mantenga un año más. ¡Qué haríamos en verano sin Ana Obregón! Fue a la vez comparecencia y posado, en una playa artificial a escasos metros de la Gran Vía de Madrid, con triquini. Hace varios años que defiende esta opción: “Es más elegante que un biquini”, aseguró en la entrevista posterior. Cubierta por un livianísimo caftán rojo sandía, la reina del posado y firme defensora de la transparencia promocionaba y sorbía una bebida fría con pajita declarando que ella y los suyos sí que disfrutan a tope con Mallorca en su residencia familiar. “Nos reunimos todos allí, hijos, nietos, hermanos, vamos, que somos unos treinta y pico”, declaró superfeliz. ¿No deberían pensar las autoridades mallorquinas un refrescante cambio de ciclo: Ana, su majestad del posado, a Marivent, y la reina Sofía, a Costa de los Pinos?

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