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Lujo aéreo para el sueño de los Netanyahu

El primer ministro israelí y su mujer instalan una habitación en el avión para viajar a Londres

La gracia le cuesta al contribuyente 231.100 euros

Sarah y Benjamin Netanyahu durante su viaje oficial a Pekín el 9 de mayo de 2013. Ampliar foto
Sarah y Benjamin Netanyahu durante su viaje oficial a Pekín el 9 de mayo de 2013. AFP

El vuelo del Tel Aviv a Londres dura sólo cinco horas y 20 minutos. Pero el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y su mujer, Sara, querían descansar. Así que se hicieron instalar una habitación privada en el avión, con un coste aproximado de medio millón de shékels (105.500 euros). El motivo no era una cumbre de urgencia para discutir el plan de paz o el conflicto en Siria, sino el viaje oficial de la delegación israelí al funeral de la exprimera ministra británica Margaret Thatcher. Coste total al contribuyente del vuelo chárter, operado por la aerolínea nacional El Al: 231.100 euros.

Netanyahu es un político muy astuto, versado en las artes de la diplomacia y la negociación, pero parece tener en este momento poca memoria y poca idea de cuál es la opinión generalizada en las calles de Israel. No es la primera vez que su afición a instalar camas en aviones le reporta problemas. Y las revelaciones de su gusto por acostarse mientas vuela llegan justo en un momento en que crecen en el país las protestas contra los recortes y aumentos de impuestos que propone su ministro de Economía, el expresentador de televisión Yair Lapid.

En febrero la oficina del primer ministro admitió que en su presupuesto había aproximadamente 2.080 euros anuales destinados a la compra de helado, concretamente de sabores pistacho y vainilla, comprados en una exclusiva heladería artesanal

En 2010 Netanyahu ya se hizo instalar una cama doble en un vuelo de París a Canadá. Era un trayecto trasatlántico, de más de ocho horas, por lo que el asunto no llamó excesivamente la atención. El año posterior otro incidente ya generó más sospechas. En un viaje a Berlín, de cuatro horas y 20 minutos, el primer ministro volvió a pedir una cama. Aparte de que se trataba de un vuelo de corta duración, el trayecto se hizo por la tarde, y no de noche, con lo que el gasto le pareció, a los críticos de Netanyahu, doblemente superfluo. En aquella ocasión su oficina canceló la petición. Ahora, Netanyahu ha vuelto a tropezar por tercera vez con el mismo problema.

“Un vuelo de cinco horas en la cabina de primera clase sería nada para ellos”, escribió el domingo en el diario Yedioth Ahronot la comentarista Sima Kadmon. “Nuestro presidente [Simón Peres], que celebrará su 90 cumpleaños el mes que viene, hizo un viaje de 11 horas a Corea del Sur sin efectuar ninguna petición especial. Pero él es solo el presidente. Bibi es el rey. Y en una monarquía, cuando el rey y la reina vuelan, no hay precio que valga para ellos”, añadió, empleando el apodo informal de Netanyahu.

En febrero la oficina del primer ministro admitió, después de que la prensa israelí publicara informaciones al respecto, que en su presupuesto había aproximadamente 2.080 euros anuales destinados a la compra de helado, concretamente de sabores pistacho y vainilla. Nada de supermercados, el producto se compraba en una heladería artesanal del barrio de Rehavia, cerca de su residencia oficial. Ante la indignación de los israelíes, Netanyahu renunció al helado, y pidió disculpas públicamente.

El sábado, de nuevo a modo de petición de disculpas, el primer ministro dijo que ya no volverá a pedir que se le instalen camas en los aviones en sus viajes a Europa. Era un momento adecuado para el mea culpa. Precisamente el sábado por la noche miles de israelíes salían a las calles a protestar contra los recortes y las medidas de austeridad de su Gobierno. Una campaña en Facebook pide además que Netanyahu no se limite a pedir perdones, y que pague de su bolsillo los 105.500 euros que costó instalar la cama volante.