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Nadie quiere a Valérie Trierweiler

Cuando se cumple un año de la llegada de Hollande al Elíseo, la primera dama de Francia se hunde en las encuestas y la calle pide a su presidente: “No se case, no la queremos, en Francia”

Valérie Trierweiler en una cena en el Elíseo, el 7 de mayo de 2013. Ampliar foto
Valérie Trierweiler en una cena en el Elíseo, el 7 de mayo de 2013. REUTERS

Hundido en los sondeos un año después de su llegada al Elíseo, el presidente francés François Hollande poco puede esperar de su compañera para recuperar a la opinión pública. La intriga inicial por aquella mujer atractiva e independiente, periodista de profesión, con nombre impronunciable, Valérie Trierweiler, que avisaba que no sería una primera dama al uso, dejó pronto lugar al rechazo. Al mes de instalarse en la presidencia, el polémico tuit de apoyo a un disidente político de Ségolène Royal, la ex de su pareja y madre de sus cuatro hijos, la relegaba a la categoría de impulsiva y cegada por los celos. Ni sus continuados mea culpa en la prensa, ni su progresivo cambio de actitud, ni su compromiso con causas caritativas parecen surtir efecto.

“No se case con Valérie… sabe, no la queremos, en Francia”. De todas las críticas y comentarios desagradables recibidos por el mandatario francés, esta es quizás una de las frases más duras que le ha tocado oír. La pronunciaba una señora de Dijon, el pasado mes de marzo, durante una visita del presidente Hollande y uno de sus habituales baños de multitud. Aunque con poca delicadeza, la ciudadana anónima resumía un sentimiento bastante generalizado.

Los sucesivos sondeos han mostrado el desapego de los franceses con su primera dama, quien partía en principio con la mitad de opiniones positivas. Sus primeros pasos recibieron de hecho el aplauso de la prensa, empezando por su estreno como compañera del nuevo presidente en su viaje a Chicago con Michelle y Barack Obama, en la que destacó por su elegancia y su estilo. Pero menos de un mes de su llegada tiraba por la borda su imagen con un mensaje en Twitter en el que mostraba su apoyo a un socialista tránsfuga que se presentaba –y ganó- contra la que ha sido pareja de Hollande durante tres décadas, Ségolène Royal. El conocido como tuitgate ha sido desde entonces el punto de partida de un sinfín de biografías, la mayoría poco halagadoras, de la compañera de Hollande.

Al margen de sus errores, la periodista sufre de una doble confusión sobre su papel. El primero es la falta de estatuto de primera dama, que obliga a cada inquilina del Elíseo a crearse un papel a medida y buscar su propio espacio. En el caso de Trierweiler, la confusión se ve reforzada por el hecho de no estar casada al mandatario. “Es más fácil ser la esposa legítima del jefe de Estado que su compañera”, comentaba al respecto su predecesora, Carla Bruni, en una entrevista a la revista Elle en la recomendaba a Treirweiler hacer lo propio. “Sentí un verdadero alivio de la preocupación general respecto a mi persona cuando me casé con Nicolas Sarkozy", añadía la exmodelo, quien se casó con Sarkozy cuando él era ya presidente.

En el caso de Treirweiler, su condición de periodista todavía en ejercicio tampoco le hace ningún favor. Consciente del posible conflicto de intereses, ella misma aceptó renunciar a la sección de política y a la televisión y limitarse al ámbito cultural. Desde que es primera dama escribe un par de crónicas en la revista Paris Match, a medio camino entre la crítica y la columna de opinión, que para muchos sigue siendo incompatible con su condición de inquilina del Elíseo. A esto se suma su falta de tacto con sus compañeros de profesión, como las críticas a su propia revista, a la que acusó de hacer “solo mierda”, sus gestos malhumorados y sus repetidas denuncias judiciales.

Con motivo del primer año en Elíseo de Trierweiler, el consultor en comunicación política Philippe Moreau Chevrolet da tres consejos a la periodista en una entrevista a la versión digital del diario Le Figaro. El primero es rodearse de un buen equipo de comunicación. El segundo, legitimar su situación: o bien mediante la aprobación de una ley que regule el estatuto de primera dama, o bien, como aconsejaba Bruni, casándose con Hollande. “También permitiría borrar la imagen de mujer que rompió la pareja de François Hollande”, añade. El tercero, en línea con este último argumento, escenificar una reconciliación con Royal y sus cuatro hijos, con los que no tiene relación, mediante un bonito reportaje por qué no, en la misma revista Paris Match.