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Cartas al director

Tiempo de hogueras

Malos tiempos para la lengua. El uso indiscriminado e interesado de expresiones va dejando vacío de contenido nuestro rico legado.

“Pongo mi mano en el fuego”, resuena a diario como pieza clave del argumentario político. Resulta patético. No se han debido enterar de la poca confianza que nos inspiran en su conjunto, en su entera humanidad, incluidas ambas manos.

A la vista del gran número de extremidades superiores que pugnan por recibir para sus compinches el veredicto absolutorio de las llamas, lo primero que se piensa es que no habrá, probablemente, suficientes hogueras para dilucidar tanto juicio.

Por ello, y con la finalidad de no marear el lenguaje, de no aumentar la emisión de CO2 y de hacer las cosas con algo de seriedad, sería recomendable que en lugar de poner manos en el fuego se pusieran nuestros políticos e instituciones manos a la obra para traer algo de responsabilidad, dignidad y cordura a la vida nacional.

Y si, finalmente, hubiera que poner algo en el fuego mejor que se lancen de cabeza, con tronco y extremidades, superiores e inferiores.— Carmen Martín Moreno.

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