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Josep Font contra Josep Font

El diseñador catalán llevó a su socia capitalista, Carmen Ayats, a los tribunales

Él perdió la posibilidad de diseñar con su nombre y ella se quedó la marca

Una áspera batalla que precede a su estreno como sucesor de Jesús del Pozo

El diseñador Josep Font, fotografiado minutos antes de su desfile de 'prêt-à-porter' para la temporada otoño-invierno 2007-2008 en el hotel Westin de París. Ampliar foto
El diseñador Josep Font, fotografiado minutos antes de su desfile de 'prêt-à-porter' para la temporada otoño-invierno 2007-2008 en el hotel Westin de París.

Amenaza tormenta en las pasarelas españolas. El estreno del diseñador Josep Font en la Mercedes-Benz Fashion Week de Madrid (MBFW), que arranca el 30 de agosto con el desfile de su primera colección como director creativo de Delpozo, puede ser el pistoletazo de salida de una nueva batalla en la guerra no resuelta que libra con su antigua empresa.

En los años cruciales de su carrera, Josep Font (Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1964) contó con el apoyo y la financiación de una abogada catalana de prestigio, Carmen Ayats, de 59 años, que en 1992, tentada por la aventura de la moda, invirtió sus ahorros en la empresa creada un año antes por el diseñador y un par de amigos, Gabriela, SL, y terminó convirtiéndose en la accionista principal. Tras 18 años de estrecha colaboración laboral, en mayo de 2010 se produjo la ruptura. Un divorcio especialmente amargo porque se dirimió en los tribunales, a los que recurrió Font después de que la crisis económica golpeara la empresa, diezmara la facturación y redujera sus ingresos a la mitad.

Entre agosto de 2009 y diciembre de 2011 se desarrolló, lejos de la escena pública, el primer acto de un drama laboral y personal que ha deshecho el binomio Font-Ayats. Un drama tan secreto que Cuca Solana, directora de la MBFW de Madrid y una de las personas que mejor conocen los intríngulis de la moda española, asegura ignorar por completo. “Font es un genio, estoy encantada de que haya sido contratado para suceder a Jesús del Pozo. Espero que la ruptura con su antigua empresa no tenga consecuencias graves”, cuenta desde su retiro de Nerja.

Josep Font, junto a su exsocia capitalista, Carmen Ayats, en una imagen de archivo. ampliar foto
Josep Font, junto a su exsocia capitalista, Carmen Ayats, en una imagen de archivo.

Pero sí las ha tenido, para ambos. Carmen Ayats ganó las demandas planteadas por Font, y es la dueña de la firma Josep Font, pero vivió un largo y costoso drama, tuvo que encontrar sustituto al diseñador de la noche a la mañana, y se vio señalada con el dedo por un amplio sector de seguidores del modisto como la enemiga a batir. Font perdió el juicio en el que denunciaba ser un mero asalariado en Gabriela, SL, al que habían rebajado unilateralmente el sueldo, y también el recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, aunque consiguió de facto la extinción de su relación laboral con la firma, uno de los objetivos de su demanda.

“La situación es triste. Font puede diseñar lo que quiera, pero sin utilizar su nombre, y eso es duro, y Carmen Ayats se ha quedado con el nombre de la firma, pero sin el diseñador”, resume el sociólogo y periodista especializado en moda Pedro Mansilla. Algo similar opina un diseñador de larga y exitosa trayectoria como Modesto Lomba, responsable de Devota y Lomba y presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España, que añade: “El problema no lo tiene el creador, sino quien debe dirigir una gran marca sin una dirección clara. En España hay casos de enorme éxito en la gestión de terceros; por ejemplo, los hermanos Domínguez, que se ocupan de la marca Purificación García, o la de Pedro del Hierro, desarrollada espléndidamente por Cortefiel, que acaba de contratar como directora creativa a Carmen March”.

Lo cierto es que Josep Font no ha tardado en encontrar empleo. En marzo pasado, Perfumes y Diseño, la empresa propietaria de Delpozo, le fichó para sustituir al maestro, fallecido en agosto de 2011, Jesús del Pozo. Una decisión que ha llevado a Ayats a reclamar daños y perjuicios a su exsocio. “Calculo que la indemnización que me corresponde rondará los cinco millones de euros”, dice la empresaria. Su abogado, Luis Tejedor, prepara la demanda basándose en una cláusula del contrato, firmado por Font con Gabriela, SL, en 2001, que protegía a la empresaria en caso de incumplimiento del acuerdo por parte del diseñador. El contrato se prorrogó en 2006 hasta 2020, por lo que Tejedor se dispone además a denunciar a Perfumes y Diseño por competencia desleal.

“La situación es triste. Font puede diseñar lo que quiera, pero sin utilizar su nombre, y Carmen Ayats se ha quedado con la firma, pero sin el diseñador”, resume el experto en moda Pedro Mansilla

Josep Font no ha querido hablar del tema con EL PAÍS. En un reciente reportaje publicado en la revista Vogue se alude a que en 2009 “fue apartado de la firma que aún lleva su nombre”. Nada más. ¿No tiene él nada que añadir? “Es un hombre de perfil bajo, no le gusta salir en los medios”, excusa Paco Caro, director de Equipo Singular, la firma que lleva la comunicación y las relaciones públicas de Font. “La relación se rompió por diferencias profesionales. De todos modos, ya ha pasado página. No hay juicio pendiente, y si se planteara, ya lo abordaríamos. No vamos a hablar de temas legales. Josep está iniciando una nueva etapa”.

Sea como fuere, los pormenores del caso pueden encontrarse en los archivos del Juzgado de lo Social número 22 de Barcelona, donde se celebró el juicio por la demanda de Font contra su empresa y el Fondo de Garantía Salarial. Juicio en el que el magistrado Ignacio de Torres Guajardo dictó sentencia, en octubre de 2010, contraria a la demanda del diseñador. Font recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que en diciembre del año pasado ratificó la decisión de Torres Guajardo. Una pelea laboral más, de no ser por la mística de exquisitez y buen gusto que rodea el mundo de la moda y el diseño, y que se desvanece como el humo ante las crudas cuestiones económicas. Porque todo empezó con la crisis, que puso contra las cuerdas a una empresa modesta como Gabriela, SL, que alcanzó en 2007 los dos millones de euros de facturación.

En la estela de Jil Sander

Como Josep Font, la diseñadora Jil Sander o John Galliano han vivido o viven apartados de sus respectivas firmas. Sander vendió el 75% de la suya en 1999 al grupo Prada, pero a los seis meses dimitió como directora creativa, al parecer, por diferencias con Patrizio Bertelli, hombre fuerte de Prada. Dos años después se reconciliaron, pero en 2004 se produjo la ruptura definitiva. Raf Simons pasó a ser el director creativo de Jil Sander, hasta que, inesperadamente, en febrero pasado, la alemana recuperó su firma. Una pirueta del destino. Como la que llevó precisamente a Raf Simons a ocupar el puesto de Galliano en Christian Dior tras ser grabado profiriendo insultos racistas. El gigante LVMH, que también poseía la firma que el gibraltareño fundó bajo su propio nombre, John Galliano, lo apartó de ambas.

Era el momento álgido del diseñador, que al año siguiente desfilaría como invitado en la Semana de la Alta Costura de París. Presentada como un gesto de aprecio de los franceses hacia Font, la invitación se produjo tras superar Gabriela, SL, un cuidadoso examen de la Cámara francesa de la Alta Costura. Aun así resultó ser un caramelo envenenado. “Carmen invirtió su dinero con toda la ilusión. Jugaron a hacer alta costura, pero eso tiene enormes costes”, dice Pedro Mansilla. “Supongo que ella intentaría por todos los medios cerrar el grifo de las pérdidas. Muchos empresarios lo hacen cambiando los metrajes o la calidad de las telas que eligen los diseñadores”.

Fuentes de Gabriela, SL, alegan que en ningún momento dejó de cumplirse el contrato de 1997, retocado en 2001 y prorrogado en 2006, por el que Font cobraba un porcentaje de las ventas de sus colecciones. Según consta en la demanda del diseñador, recogida en la sentencia de octubre de 2010, Font alegó para recurrir a los tribunales que pasó de percibir una suma de 5.291,14 euros mensuales a cobrar 2.500 desde agosto de 2009 hasta julio de 2010, cuando dejó de percibir suma alguna. Lo cierto es que las ventas de Gabriela, SL, en 2009 –764.134,98 euros– fueron la mitad que las del año anterior –1.400.000 euros–. “La crisis estalló de un día para otro”, recuerda Ayats. “En 2008, de repente, la tienda de Barcelona, que siempre había ido muy bien, se quedó desierta. Y no supimos reaccionar de inmediato”.

Según una portavoz de la empresa, Font inició una especie de huelga de brazos caídos a partir de agosto de 2009, cuando sus ingresos menguaron considerablemente. “Las patronistas se encontraron sin los diseños que necesitaban para poner en marcha la colección del invierno de 2010. Al final no pudimos entregar la mitad de la colección a los compradores de Madrid. Fue una vergüenza. Tuvimos que decir que se nos habían perdido las cajas con la ropa”. Las relaciones se mantuvieron tirantes hasta que llegaron, a finales de mayo, las denuncias judiciales. Una, por reconocimiento de derecho, en la que Font denunciaba a su empresa, de la que se declaraba mero asalariado, por haberle rebajado el sueldo unilateralmente al tiempo que pedía la extinción del contrato. Otra, por reclamación de cantidades adeudadas. Muchos empresarios consideran que la de reconocimiento de derecho es la peor demanda que te pueden poner, por costosa y difícil de ganar. Ayats la ganó.

Para los incondicionales de Font, la empresaria pasó a ser la mala, la mujer que robaba al creador su nombre y le arrojaba al vacío. Font, un modisto con numerosos premios, siempre ha levantado pasiones, y a su alrededor se mueve un nutrido grupo de admiradores desde los años –anteriores a sus dos desfiles en la Semana de la Alta Costura de París, en 2008 y 2009– en que las actrices españolas más rompedoras lucían sus prendas en las galas de los Goya, las revistas de moda le dedicaban portadas y hasta las famosas lucían en ¡Hola! sus modelos. Enormemente introvertido, ha cultivado siempre un gusto por el misterio, y en aquellos años parecía que sus diseños barrocos y ultramodernos a un tiempo iban a comerse el mundo. Triunfaba en Japón, y en 2008 tenía cuatro tiendas en España, otra en el corazón del París más lujoso y decenas de puntos de venta en nuestro país. Pero las cosas no funcionaron. Cuando parecía que alcanzaba la cima se produjo el hundimiento. Algo difícil de aceptar.

Josep Font, saludando al final de su presentación de alta costura para la temporada primavera-verano 2009, en París. ampliar foto
Josep Font, saludando al final de su presentación de alta costura para la temporada primavera-verano 2009, en París. AP

Las comunicaciones entre diseñador y socia capitalista se interrumpieron por completo a partir del juicio, y las colecciones de ropa quedaron en el aire. Ayats contrató a toda prisa a una joven estudiante de diseño, Ana García, para seguir adelante como fuera, y logró que la firma Josep Font reapareciera con un desfile de prêt-à-porter en Madrid, en septiembre de 2011, firmado por García, nueva directora creativa.

En Facebook, los seguidores de Font criticaron la colección ásperamente, algunos se burlaron incluso de la joven diseñadora. Ayats lo sintió como un golpe bajo. Ella, una abogada muy conocida en Barcelona, con un importante bufete de mercantil, no hubiera imaginado nunca, cuando en 1992 dijo sí al cliente de su despacho que le propuso invertir en un joven diseñador, la “enorme complejidad” del negocio de la moda. Hoy sabe que es una industria como cualquier otra, más frágil, eso sí, poblada de tremendos egos y vulnerable a mil y un factores. Un mundo difícil. Pero con veinte años menos se sentía capaz de embarcarse en una nueva aventura. El joven talento en cuestión era Josep Font, que había causado buena impresión en algunos circuitos de expertos. Font y un par de socios acababan de crear Gabriela, SL, y en ella, Ayats y una amiga participaron como socias. “En tres o cuatro años nos convertimos en las principales accionistas porque los demás no invirtieron dinero al mismo ritmo”, cuenta Ayats. Hasta que terminó siendo ella la única propietaria.

Su exsocia pedirá daños y perjuicios. “Calculo que la indemnización que me corresponde rondará los cinco millones de euros”, dice Ayats

Font se desprendió de su participación en Gabriela, SL, en 1996 y pasó a ser el director creativo, una figura autónoma que cobraba porcentajes sobre las ventas (entre el 4% y el 8%, dependiendo de una serie de variables). El mecanismo que fijaba el contrato de 1997 se mantuvo más o menos inalterado en los firmados en 2001 y en 2006. En el mundillo de la moda española se miraba con envidia la asociación entre ambos: artista y socia capitalista unidos en una sólida colaboración. Ayats ponía el dinero para expandir una firma que recibía aplausos incluso internacionales y abría mercados y tiendas a un ritmo sorprendente.

Y las cosas marcharon durante unos años. La firma empezó a tirar. En 2004 abrió tienda en París, cerca de la emblemática Rue Saint-Honoré, con la correspondiente agencia de prensa, y en la primavera de 2008 la empresa coronó su expansión con otra boutique en Palma de Mallorca. Ese año, Font presentó su primera colección en la Semana de la Alta Costura de París. Una cima que vale su peso en oro.

En enero de 2009, en vísperas de su segundo desfile en este selecto marco, Font reconocía, en declaraciones a YODona.com, el esfuerzo económico que esto representaba. Preguntado por los costes, respondía: “Manejamos las mismas cifras que el año pasado, entre 25 y 30 millones de pesetas [entre 150.000 y 180.000 euros]. Y no recibo ayudas de nadie, ni del Gobierno español, ni del catalán, ni de ningún patrocinador. Tan solo el Icex colabora con un porcentaje, al igual que con otros colegas que también desfilan fuera. Mi socia, Carmen Ayats, soporta todo el peso”. Aunque para entonces la crisis era ya una realidad y se fraguaba una ruptura histórica entre ambos, que comenzaría meses después con la primera gran batalla de Josep Font contra Josep Font. Ahora se inicia la segunda.

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