“Solo me divierten las malas compañías”

Una conversación con el presentador de 'Sálvame' sobre telebasura o, como él la llama, 'fast TV'

Ilustración de Jorge Javier Vázquez
Ilustración de Jorge Javier VázquezTOMÁS ONDARRA

Pregunta. ¿De qué le sirve su licenciatura en Filología Hispánica para dedicarse a lo que se dedica?

Respuesta. Pues al final es que yo veo Sálvame como una novela del XIX televisada. ¿Por qué se sorprende o se escandaliza la gente de que en un plató de televisión hablemos de lo que se viene hablando desde siempre: infidelidades, amores, lucha por el poder?

P. Analíceme, de filólogo, la palabra telebasura.

R. Cuando estaba en Aquí hay tomate tenía una compañera muy divertida que decía que ese término no tenía sentido, que lo que hacíamos nosotros era fast TV, televisión rápida, que se consume y se olvida. ¿Que de dónde vendría telebasura? Es que las cosas que no tienen que ver conmigo no me paro a pensar de dónde vienen.

A corta distancia

Cuando le llamo, le pillo en una camilla, haciéndose un tratamiento para la cara. Me reciben en su casa una señora uniformada y un galgo negro, ‘Cartago’. Llego a punto de que se vaya su profesora de canto: él quiere saber lo que se siente subido a un escenario, dice, como si no tuviera escenario suficiente donde dar el cante. Reidor a carcajadas, listo como el hambre, punto de ingenuidad quizá ficticia, trato encantador. Me cuenta que está escribiendo una novela. Nos bebemos sendas botellas de agua, que nos dan un punto estupendo.

P. ¿No sabe que las malas compañías son pecado?

R. Pero a mí solo me divierten las malas compañías. Me parece difícil que una persona sea cien por cien buena, y, además, sería aburridísima. Me da mucho miedo la gente que no tiene bajadas a los infiernos.

P. Usted puede hablar de política o de filosofía y luego se viste de lagarterana mediática. ¿Es bipolar?

R. Ja, ja, ja. Pues sí, probablemente. Supongo que para hacer este trabajo tenemos que tener un cierto punto de bipolaridad. O de capacidad de disfrutar con un montón de cosas.

P. Dice que Sálvame es un espacio de “neorrealismo televisivo”. Ande ya.

R. Sí, sí, de verdad. Y quiero que, ya que no renovamos el plató porque es muy caro, la gente de escenografía me coloque elementos que me hagan sentir más cómodo. Por ejemplo, pido a gritos que haya ropa blanca tendida.

P. Claro. Sería otro nivel.

R. Ja, ja, ja. Y que la vayamos recogiendo. ¿Se acuerda de la primera escena de Una jornada particular? Es que mi barrio de Badalona tenía muchísimo de cine italiano. Cuando las vecinas se peleaban, los niños nos poníamos debajo del balcón correspondiente y no nos íbamos hasta que acababan. Lo que podía salir por esas bocas.

P. En 2011, su programa fue el que tuvo más protestas por el tono y el contenido. ¿Esas minucias le resbalan?

R. A mí me gustaría saber de dónde vienen, cómo es la gente que protesta. Probablemente, también muchísima gente a la que se preguntase por la calle protestaría por mi forma de ser. Pero ¿tengo que hacerle caso?

P. En su circo, ¿se siente más en el trapecio o en la jaula de los leones?

R. Me gusta más la sensación del trapecio, estar siempre a punto de caerte.

P. ¿Quién es su personaje favorito allí en la pista?

R. Cada uno en su estilo. Pero una cosa me gusta mucho: se ayudan entre ellos. Un detalle: Lydia Lozano y Belén Esteban se llevan muy mal. Pero ayer Belén le dijo casi con cariño: “Lydia, el flequillo, el flequillo” [risas], para que se lo arreglara. Otra la hubiera dejado salir con el flequillo desmoñao.

P. ¿Tienen psicólogo de guardia?

R. Han venido varios a intentar resolver conflictos. Y al salir han tenido que ir a otro psicólogo [carcajada]. En una época en la que el enfrentamiento entre Mila Ximénez y Karmele Marchante era tremendo llevamos uno para que lo arreglara. No hubo manera.

P. ¿Le gustaría llevar a Rajoy de colaborador?

R. Creo que me daría más juego Rubalcaba. Me cae muy bien. Y me parece que su manera de destruir a los adversarios podría funcionar. Esto que estoy diciendo es casi un sacrilegio, ¿no?

P. Francino y Àngels Barceló se negaron a entregarle el Premio Ondas. Muchos profesionales consideraron su galardón como “vergonzoso”. ¿Lo entiende?

R. Sí, claro que lo entiendo. Pero cuando vas a presentar un acto así, ya sabes los nombres de los premiados. Me dio reparo por mí, pero sobre todo por mi familia, que vino desde Badalona al Liceu, y de todo lo que se tuvieron que enterar… Te da un poquito de vergüenza. No creo que nadie se merezca algo así. Me da pena.

P. ¿Comprende que Belén; Fran, su marido de ida y vuelta; su hija, Andreíta; su madre y demás compañeros mártires nos importen un pimiento?

R. [Más risas] Es que yo creo que todo lo que ponemos nos debe importar un pimiento. Hablamos siempre de Belén Esteban, pero el otro día pusimos un vídeo en el que contábamos que Elena Tablada había abandonado la casa que compartía con David Bisbal. Como comprenderá, a mí es que me da igual que se quede o no con David Bisbal [carcajada]. Yo me recreo más en los asuntos domésticos que me cuenta Belén que en los de la macroeconomía.

P. Veo que come de todo. ¿Toma omeprazol, o algún otro protector estomacal?

R. [Risas] Ahora estoy con la melatonina, porque el trabajo me ha quitado el sueño. Omeprazol, ja, ja, ja. Si al final es que yo los comprendo a todos. Llega un punto en que entiendes a los que van a la tele a hablar para sacar dinero, a los que cuentan de todo… Porque está todo muy mal.

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