Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Así es como Mecano esquiva su leyenda

Los rumores sobre la reunión del grupo más exitoso del pop español no acaban de fraguar

Ana Torroja sí ha anunciado una gira para marzo, pero en solitario

¿En qué andan metidos los hermanos Jose María y Nacho cano?

Ana Torroja durante una actuación de Mecano en el Parque de Atracciones de Madrid, en agosto de 1989. Ampliar foto
Ana Torroja durante una actuación de Mecano en el Parque de Atracciones de Madrid, en agosto de 1989.

Treinta y un años después de su primer éxito con Mecano, José María Cano (Madrid, 1959) anda buscando los guiones y tablaturas de sus canciones en sus lujosas mansiones de Londres y Madrid. Hace tiempo que dejó de tocar y necesitará practicar a fondo si los rumores sobre la reunión del trío acaban por fraguar. Los fracasos de Luna, su intento operístico de 1997, su sello discográfico y su álbum en solitario le han mantenido apartado de la música y centrado en sus pinceles, con los que ha conseguido mejor aceptación.

Su hermano menor, Nacho (Madrid, 1963), se dedica ahora al bikram, una modalidad del yoga que se practica a 40 grados y le ha servido para poner los pies en tierra. Ha fundado un centro en Miami y se entrega a su promoción con entusiasmo. El precio, 50 dólares por semana. Nicolás Vallejo-Nájera y Paulina Rubio ayudan asistiendo a la apertura.

Detrás de la voz electrónicamente tratada de Ana Torroja (Madrid, 1959) existe una mujer celosa de su intimidad que vive en Tarifa y está en paz consigo misma y su pasado musical. Ha anunciado que retomará la carretera en marzo. Ocho ciudades, en pequeño formato. Y en solitario. Entonces, ¿en qué quedó la noticia sobre la reunión del trío disparada en noviembre?

Lo mejor es un telefonazo a la oficina de RLM, mánager del grupo. “Buenos días, quisiera información sobre la gira de Mecano”. Telefonista: “¿Qué gira?”. En la web oficial, zonamecano.com, sin embargo, figura un enlace a un perfil en Twitter llamado @quevuelvamecano. Tiene 450 seguidores y 64 tuits.

La persona que más sabe del grupo es Javier Adrados, promotor discográfico y autor de Los tesoros de Mecano, editado por Planeta. Su colección de memorabilia y fetiches es asombrosa. “Es secreto de Estado”, dice respecto a la posible reaparición. Ha trabajado para José, Ana y Nacho, y cuenta con la promesa implícita de que va a ocuparse de la promoción cuando la reunión tenga lugar. “Considero que nos deben una gira”, concede.

Según el diseñador Antonio Alvarado, con su imagen Mecano siempre quiso ir a la contra de todo. En la imagen superior, la banda fotografiada para EL PAÍS en mayo de 1982, un mes después de lanzar su homónimo álbum de debut ampliar foto
Según el diseñador Antonio Alvarado, con su imagen Mecano siempre quiso ir a la contra de todo. En la imagen superior, la banda fotografiada para EL PAÍS en mayo de 1982, un mes después de lanzar su homónimo álbum de debut

EL TÚNEL DEL TIEMPO

Corre el final de los setenta. José María ha deseado ser músico toda la vida, pero sus padres le obligan a matricularse en la Universidad y empieza arquitectura en Valencia. Se le da bien el dibujo, pero solo aguanta dos cursos. Sus lamentos y quejas son constantes, lo suyo es verdadera vocación musical. A los estudiantes aplicados su cantilena les resulta un poco desalentadora, y todos se acordarán de él cuando, tres años después, comienzan a verle en TVE.

De vuelta a Madrid, y junto a Ana, novieta de la adolescencia, canta en colegios, fiestas y pubs. Se presenta a un concurso televisivo entre orquestas de verbena y tonadilleras. Con peloafroy poca voz, canta, con toda su alma, Al alba, de Aute. Quiere ser cantautor. Le acompañan Ana, con melenita, y Nacho, a la guitarra.

La crítica especializada lideró con éxito un boicot para evitar que la ópera de José María, 'Luna', se estrenara en el Teatro Real de Madrid

El menor de los hermanos está igualmente obsesionado con la música. Formará el grupo Prisma con otras dos promesas de la música española, Toti Árboles y Eduardo Benavente, que fallecerán prematuramente.

Al tiempo, tres jóvenes muy maquillados y disfrazados posan en un decorado grecorromano de escayola. Un adinerado hombre del negocio textil, padre de los dos chicos de la foto, compra un lote de discos para promocionar al grupo. La discográfica se cree que el centenar de copias salido de sus almacenes en un solo día son ventas reales y se vuelca en apoyar al trío. Los Cano habían visitado todas las compañías diciendo que estaban a punto de fichar con la competencia. CBS pica el anzuelo, pero les contrata por un solo sencillo. Hoy no me puedo levantar, escrito por Nacho, un muchacho de 17 años, sorprende a propios y extraños. Con todo, publicar un segundo es toda una hazaña en 1981.

Se visten en Ararat, una tienda de la calle del Almirante, hasta la llegada a Madrid del diseñador Antonio Alvarado, que colabora en su estudiada imagen hasta “un pelín antes de Barco a Venus”. “Luego les dio por elegir la ropa a ellos”, aclara. “El más atrevido era Nacho, José era más conservador, y Ana era la que más se dejaba aconsejar. Una figura muy proporcionada, nunca ha tenido problemas con la ropa”.

En el vídeo de Me colé en una fiesta, José y Nacho llevan unos trajes retro, copiados de las últimas fotos de Spandau Ballet, que encargaron a una sastrería del espectácu­lo de la plaza de Tirso de Molina. Van adquiriendo osadía con el éxito. La compañía y las emisoras se vuelcan. Los hermanos deciden quedarse en la casa de sus padres en la madrileña calle de Ríos Rosas cuando estos se mudan a un chalet. Alvarado les visita. “Su madre era encantadora”, rememora. “¿Y la familia de Ana? ¿Qué te puedo contar? Son de clase alta, pero muy liberales”. El padre de la cantante, entonces director de la Escuela de Caminos, concede permiso para celebrar allí conciertos de pop y rock que apuntalarán la movida madrileña.

Su homónimo álbum de debut es bien recibido y el gran reto ahora es el directo. Calientan motores en la periferia y dejan Madrid y Barcelona para diciembre de 1982. Para esa última cita, Torroja elige un vestido rosa entre bailarina de tutú y Papá Noel con algo que el comentarista de EL PAÍS describe como “orlas de pielecilla”. “Era marabú”, puntualiza Alvarado, creador del diseño. El trío se juega mucho y contrata a Trident, la mejor empresa de la época para luces, llamas, plataformas y rayos láser, pero el sonido, según las crónicas, deja todavía mucho que desear.

ALTOS Y BAJOS

La fiebre Mecano se dispara. En 1983, un anuncio de las oficinas españolas de turismo en Europa usa Barco a Venus sin percatarse de que su letra habla de un drogadicto. Nacho se ve dueño de una pequeña fortuna que gasta en un ostentoso Alfa Romeo con el que lleva a las periodistas a Rock-Ola, aunque él no acaba de decidirse a entrar en la célebre sala de conciertos. A diferencia de otras estrellas comerciales de la época, como Antonio Flores, los miembros de Mecano no se acercan a ver a otros grupos. No se les ve compadrear en los locales de ensayo ni en los bares musicales. Quizá por ello, y a pesar de sus esfuerzos desesperados, nunca serán aceptados por la modernidad.

A imitación de Alaska, que presume de ser bodybuilder, se apuntan a un gimnasio. Los Cano se ponen enormes. Ya no volverán a llevar camisas para actuar, y mucho menos mangas. A su vez, empieza la carrera por la desnudez de Ana Torroja. “Un cuerpo bonito es mejor que un cuerpo feo, sobre todo si tienes que enseñarlo”, declara. En un show de variedades de TVE bromea presentándose a sí misma: “La cantante es guapísima y… ¡tiene unas piernas!” (Alvarado revela ahora que a Torroja nunca le gustaron sus tobillos y que por ello siempre calza botitas tobilleras). En otra ocasión, una cámara capta el cambio de expresión de la cantante cuando el presentador la define como “modosita”. Todo su exhibicionismo no consigue convertirla en una mujer dura y depravada a la moda de la época.

Celoso de los bombazos comerciales que factura Nacho, José María comienza a colaborar con Joan Albert Amargós, compositor de una importante obra clásica. “[José María] Te va diciendo: ‘Prueba esto, prueba lo otro’, y tú vas enseñándole una paleta, como un pintor. Expones varias líneas y muchas veces acabas decidiendo tú”, recuerda hoy el pianista y arreglista catalán de las sesiones de trabajo con el mayor de los Cano. Una simbiosis habitual en esta industria que resta sentido a las sospechas que despertó el súbito salto cualitativo de sus composiciones. “Existen cuestiones técnicas que José María no podía subsanar y eligió rodearse de gente con experiencia. Este oficio no se aprende en dos cursillos”, le disculpa Amargós. Nadie cree tampoco que Nacho fuera capaz de reproducir en directo los virtuosos toques flamencos de Tomatito en Por la cara, uno de los cortes del posterior Descanso dominical (1988), pero en el vídeo lo parece, y además da igual.

En el álbum Entre el cielo y el suelo (1986), José María empieza a componer preciosidades. Todos los singles menos uno son suyos. La industria se da cuenta de que Nacho ha perdido la exclusiva de la fórmula vendedora. Wikipedia recoge hasta 30 versiones internacionales de Hijo de la luna, escrita por su hermano mayor. Con Descanso dominical y Aidalai (1991), recorren España y Latinoamérica en loor de multitudes. Sudorosos y convulsos, los Cano flanquean desde sus enormes torres a una Torroja que recorre las tablas con los pasitos bien aprendidos de su coreógrafo, Giorgio Aresu, del Ballet Zoom de TVE. Si no hace el mono en escena, declara, se aburre. En Castellón, la cantante se cae de un escenario de dos metros y medio de altura. Con una fisura de coxis, termina la gira cantando sobre un cojín. Cada vez lleva menos ropa.

Las tensiones internas del grupo son tan aparentes que el público empieza a fantasear y circulan todo tipo de rumores: los Cano se odian, su competición por lograr el mayor éxito ha dejado de ser fraternal y andan a tortas. Tras la disolución del trío en 1993 y ante el escepticismo inicial de muchos, Ana Torroja consigue labrarse una carrera en solitario de nueve álbumes. Desde siempre, mantiene una relación especial con sus fans y llama por su nombre de pila a muchos de ellos. Cuando, ya entrada la década de los 2000, se entera de que uno de ellos es seropositivo, se presenta en el centro médico donde le están tratando para actuar gratis ante todos los internos. Empieza también a aparecer en los medios por motivos extramusicales. En 2009, la Agencia Tributaria atribuye a la cantante, que aduce residencia fiscal en Reino Unido, una deuda fiscal de más de 600.000 euros. Con su habitual discreción, Torroja declina hacer declaraciones.

El padre de los  Cano compró un lote de copias de su ‘single’ de debut. el sello creyó que eran ventas reales y se volcó en apoyar al trío

Además de firmar cuatro álbumes en solitario y cosechar un éxito considerable con los sencillos Vivimos siempre juntos y El amargo del pomelo, Nacho triunfa en 2005 como director de una comedia musical basada en las canciones de Mecano, Hoy no me puedo levantar. Dos años después, un cambio en la productora y las diferencias con ella aireadas por el propio músico acaban en su destitución. Lo vuelve a intentar con dos nuevos espectáculos, A y Mecadance. Conmocionado por la figura de la Madre Teresa de Calcuta, los temas espirituales entran definitivamente a formar parte de su vida. Hoy sigue tremendamente en forma a pesar de algunos achaques. No se ha metido en ningún lío desagradable que se sepa y sigue siendo budista y vegetariano.

José María también atraviesa una etapa mística. En 1997 bautiza con el nombre de Santa Teresa su editorial de canciones. Compone para Françoise Hardy y el Real Madrid, que le encarga el himno de su centenario. Con su proyecto operístico pierde 40 millones de las antiguas pesetas. La crítica especializada se ensaña y lidera con éxito el boicot para evitar que Luna se estrene en el Teatro Real de Madrid. El autor del verso “magdalenas de sexo convexo” se refugia en la pintura, que le reporta muchas satisfacciones. Emplea técnicas complicadas y firma Cano de Andrés. Según el Times de Londres, la “profundidad translúcida” de su obra “le da un aspecto de escultura más que de pintura”. Una colaboradora trata de aguar la fiesta contando a la prensa sensacionalista que es ella quien hace todo. Nadie hace caso.

La historia de su divorcio ha hecho correr mucha tinta. José conoce a una azafata en un vuelo que termina quedando embarazada. Deciden casarse y nace un hijo, Daniel, pero el matrimonio hace agua. La mujer acusa a José de malos tratos, cuenta al juez historias truculentas y pide muchísimo dinero. El músico consigue finalmente la custodia compartida del niño, pero queda muy afectado. Recientemente ha sido fotografiado con una modelo.

¿Volverá Mecano a recorrer los escenarios a lomos de sus estribillos juguetones? ¿Repetirá sus montajes espectaculares o preferirá la cercanía del público en tiempos de crisis? Poco importa: en la memoria colectiva de la España contemporánea siempre habrá un rinconcito para ellos.