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Una fiesta con poco arte

Muchos famosos en la fiesta de inauguración de Arco 2012 y un gran ausente, Borja Thyssen

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La actriz Rossy de Palma durante la fiesta de inauguración de ARCO 2012.

El Palacio de Neptuno, en la madrileña calle de Cervantes, se convirtió durante varias horas de la noche del martes en un almacén de amantes del arte. O eso pretendía. A las nueve comenzó a desfilar por el photocall una larga ristra de celebridades que no quisieron perderse su cita anual con la fiesta de inauguración de Arco, por mucho que no tuvieran siquiera en mente visitar la exposición.

Muchas caras conocidas se dieron el tiempo de posar sobre la alfombra verde. Desde Olivia de Borbón, pasando por Rafael Amargo, hasta escritores como Lucía Etxebarría, diseñadores como Modesto Lomba o la picassiana Rossy de Palma no quisieron perderse la oportunidad de celebrar. Y a pesar de que era esperable que no acudieron los 80 invitados que habían confirmado su asistencia, hubo una ausencia que llamó especialmente la atención: Borja Thyssen, uno de los principales inversores de arte en España y que había asegurado que iría con su mujer, Blanca Cuesta, nunca llegó a la cita.

Pero las novedades expuestas en Arco no eran ni por asomo el tema principal de conversación entre los asistentes. Ese puesto lo ocupaban en cambio la política y la forma en que afecta la crisis económica al arte. Aunque claro, la mayoría hablaba de asuntos más triviales, como qué tal les va la vida a unos y a otros, que no se veían desde hacía tiempo.

Una de las preocupadas por la situación artística actual resultó ser la presentadora de Telecinco Sandra Barneda. Para ella, “el arte se nutre de la crisis. Hace emerger aquellos sentimientos que cuando todo va bien uno no se acuerda”. Así comentaba sentada en un cajón al fondo del palacio. Sus acompañantes, Emiliano Suárez, de la joyería Suárez y la actriz María Adáñez eran de la misma opinión. De los tres, solo Suárez venía directamente de ver la macroexposición. Tanto Barneda como Adáñez prefieren dejarlo para el fin de semana.

Pero entre los asistentes se podían encontrar opiniones para todos los gustos. El embajador de los Países Bajos, Peter Paul van Wulfften Palthe, país invitado de honor en la 31ª edición de la exposición, opinaba con fuerte acento holandés: “El mundo está en crisis, pero el arte nunca. Está por encima de todo y de todos”. El galerista Damián Casado también se apuntaba a la teoría del embajador: “El arte está en su mejor momento y Arco es la viva representación de ello”. Y dos jóvenes emprendedores en el mundo del arte corroboraban sus palabras: “Desde que abrimos nuestra tienda online, Otherwise occupied, hemos vendido varias obras, le gente sigue comprando”.

Pero tampoco faltaban los que reconocían que hace años que no pisan la exposición. La presentadora de televisión Jose Toledo, por ejemplo, admitía sonrojada que el arte no es su fuerte. "Y menos el contemporáneo", corroboraba. Priscila de Gustín, modelo y exnovia del tenista español Fernando Verdasco también reconocía que aun no había ido a ARCO y que no recordaba cuándo fue la última vez que había invertido en arte, ya que “los bolsillos no están para homenajes”.

Pero con inversores como Rafael Amargo y Carmen Lomana, el mercado artístico no tiene de qué preocuparse. El bailaor y la coleccionista de moda contaban que sí han comprado recientemente un par de cuadros. Amargo, un grabado de Soledad Barbadillo y Lomana dos: uno de Jordi Mollá y otro de Miriam Fontaneda, aunque rehusó revelar la cuantía de la inversión. “Es poco elegante hablar de dinero y menos que te pregunten por él”, dijo, mostrándose visiblemente indignada ante la pregunta. Pero a la hora de hablar sobra Arco y sus constantes polémicas, la tertuliana no tuvo problema. “Algunas de las cosas que se ven son todo menos arte”, reconocía.

Más prudente resultaba la actriz de Hospital Central Bárbara Muñoz, quien compartía esta opinión, aunque con menos desenfado: “En el arte no todo vale y tal vez la crisis asiente un poco los parámetros de lo que se puede vender y pagar”.

Pero sea como fuere, una cosa quedó clara en la fiesta: puede que haya desacuerdos en torno en a lo que es o no es arte y lo que vale o deja de valer, pero si hay algo en lo que coincidían todos los invitados era en lo bueno que estaba el cátering y en ocupar la pista de baile hasta bien entrada la noche. Después de todo, la idea era celebrar.

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