Adriano Celentano se quita la mordaza

Silenciado siete años por Berlusconi, el cantante reaparece en San Remo con duras críticas a los políticos y la Iglesia

El cantante y actor Adriano Celentano, durante la 62ª edición del Festival de San Remo (Italia).
El cantante y actor Adriano Celentano, durante la 62ª edición del Festival de San Remo (Italia).CLAUDIO ONORATI (EFE)

Adriano Celentano ha vuelto. Se ha quitado la mordaza, esa que le ha atenazado por la influencia de Silvio Berlusconi que durante siete años le vetó en la RAI y por tanto en el Festival de San Remo. Y con él ha llegado la polémica. Desde el escenario del Teatro Ariston, Celentano pronunció un duro y largo monólogo durante el cual criticó la manera de predicar de los sacerdotes —“que hablan sin preocuparse de que los más desfavorecidos puedan oírlos”— y pidió el cierre “definitivo” del periódico de la Conferencia Episcopal Avvenire y del semanal Famiglia Cristiana, publicaciones “hipócritas porque se ocupan de política en lugar de hablar de Dios”.

Los obispos pusieron el grito en el cielo por las palabras de Celentano, retransmitidas por la televisión pública RAI 1, que en los últimos años se ha convertido en todo un showman, que se pasea por las pantallas a golpe de polémica. Tampoco esta vez falló en su misión de polemista casi profesional. “Los juicios de Celentano acerca de dos publicaciones católicas son la prueba del vacío que alberga dentro de el”, contestó la Conferencia Episcopal en un comunicado.

Famiglia Cristiana —semanal muy crítico con la actuación pública y privada de Silvio Berlusconi— contraatacó con un editorial en su página digital: “Celentano [que se define creyente] es solo un pequeño activista de la hipocresía, un falso intérprete de la moral cristiana que hace uso de la televisión para llevar a cabo sus venganzas privadas”. De hecho, hace unas semanas, la revista criticó el salario de 350.000 euros que la cadena estatal pagó al músico

“San Remo es San Remo”, dice el lema del veterano festival que concluye el sábado y que cada febrero atrapa a los italianos. Un ritual que deja en segundo plano los temas políticos y produce cada año su particular polémica. Todo sea por la audiencia.

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