Una medalla con 31 años de "retraso"

El hijo de Jordi Solé Tura agradece la medalla de Oro de la Generalitat concedida al político a título póstumo

El cineasta e hijo de Jordi Solé Tura, Albert Solé, indicó hoy que la Medalla de Oro que la Generalitat concedió hoy a título póstumo a su padre llega con 31 años de retraso. "Pero era muy importante hacerlo. Nos ayuda mucho", precisó, ante una nutrida representación de la sociedad civil y política.

En un acto celebrado en el Salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat, otro de los padres de la Constitución, Miquel Roca, consideró que "sería injusto plantearnos que diría sobre el debate" estatutario Solé Tura, aunque aseguró que las características del debate "le dolerían mucho" y que "no entendería que se pusiera en duda un texto refrendado por el pueblo de Cataluñaa".

En su intervención, el presidente de la Generalitat, José Montilla, aseguró que el homenaje también es un elogio a la política que parte de las propias convicciones. "Hacía falta ver de dónde venimos para ser más clarividentes del camino que hay que tomar". A su juicio, el país sigue teniendo un "horizonte común", en el que Solé Tura trazó "muchos de los caminos para llegar a él".

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La ministra de Cultura, Angeles González-Sinde, recordó que hace unos meses al prepararse su primera comparecencia leyó la que se preparó Solé Tura en 1991 y se percató de que eran "palabras válidas aun hoy" y pidió que toda la clase política y la sociedad se comprometan a seguir su "capacidad de inspirarse".

Al acto, al que la familia entró acompañada de Montilla y González Sinde -de negro riguroso- asistieron profesionales de la cultura como el actor Jordi Dauder y los interpretes Marina Rossell y Joan Manuel Serrat.

Tras proyectar un vídeo sobre la trayectoria de Solé Tura, Rossell cantó La Mare de Déu, Dauder leyó poemas escritos por el homenajeado y Serrat interpretó Res no és mesquí.

La viuda de Solé Tura aseguró que los últimos cinco años han sido "difíciles" y pidió que se olvide al "Jordi de los últimos cinco años y que se reencuentren con el de siempre". Ante la enfermedad del alzheimer, indicó que los familiares tienen que aprender a "querer de nuevo y olvidar, porque el espíritu de la persona se apaga" y explicó que su marido mantuvo hasta el final el beso como signo de aprecio y la lectura para mantenerse activo aunque le constaba encontrar el sentido de las palabras.

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