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Una supuesta maltratada se enzarza con sus vecinos por avisar a la policía

"¡Decidme quién os ha llamado, porque si tengo unos vecinos que son gilipollas, no es culpa mía!". Es lo que espetó Encarnación V., de 40 años, a los agentes policiales que habían acudido a su domicilio al ser avisados por los vecinos de que ella y su marido mantenían una fuerte discusión y se oían golpes.

"Sí, hemos discutido, pero no pasa nada, marchaos". Justo cuando la esposa hablaba con los agentes en el hall de casa, salió el marido, muy enfadado, y dando voces: "No habéis escuchado a mi mujer, marchaos que aquí no pintáis nada". La esposa dio un portazo y los agentes abandonaron el lugar.

Ocurrió en un bloque del barrio de Carabanchel hacia la una y media de la madrugada. La noche fue agitada en el bloque. Sobre las dos y media, la emisora de la policía avió de nuevo a los mismos agentes para que volvieran al domicilio de Encarnación. Los vecinos habían vuelto a llamar al 091. El matrimonio seguía inmerso en disputas. Incluso oyeron las voces que salían de la casa, y que se apagaron al tocar el timbre los policías, según el atestado policial.

Esta vez abrió la puerta el marido, Luis M. G.: "¡Qué cojones hacéis aquí otra vez! ¡No os dije antes que os fuérais!". Los agentes le conminaron a que bajase la voz y les tratase con más respeto. "Aquí no hay ruido ni nada, iros". Y volvieron a marcharse. Pero dos horas después, la emisora les avisó de nuevo. En esta ocasión se entrevistaron con una vecina que se quejaba de que después de haberse ido ellos, habían pateado la puerta de casa y soltado insultos y comentarios racistas. Ella es de origen sudamericano: "Negra de mierda, vete a tu país y métete en tus cosas". Los agentes volvieron a llamar a la puerta del matrimonio, que en ese momento ya no discutía. La pareja se enzarzó entonces con los policías. Incluso les amenazaron con dar cuenta de ellos a un conocido que "os puede quitar ese uniforme".

Mientras, la vecina oía los insultos a través de la puerta, llena de patadas. Los agentes le pidieron que acudiera al día siguiente a comisaría para prestar declaración. La mujer declaró que había sido otro el vecino que alertó inicialmente al 091 tras escuchar la fuerte discusión del matrimonio, pero que ella misma ha podido comprobar que son "continuas" las peleas que hay en el matrimonio. Según la vecina, mientras daba patadas la insultó con frases del tipo "inmigrante de mierda, te vas a enterar". La vecina indicó que en las tres veces que había estado allí esa noche la policía, nada más irse los agentes, la supuesta agredida bajaba muy enfadada y la emprendía con ella. "Me dejaba notas insultantes en la puerta, que retiraba cada vez que veía llegar a los policías". También comentó que, en un momento dado, la mujer se situó en las escaleras y, dirigiéndose a los vecinos, a gritos, soltó: "Hijos de putas, es que venís a joderme a mí a y a mi marido, meteros en vuestras cosas".

Finalmente, la policía ordenó al marido que se personase en la comisaría al día siguiente para tormarle declaración, pero no aplicó el protocolo de violencia doméstica en vista de la fiereza de la esposa negando haber sido agredida, y contra el criterio de los vecinos, que habían escuchado muchas peleas. Por otra parte, y según fuentes jurídicas, la policía ha detenido a Edgar Stalin G. C. tras ser sorprendido en casa de su esposa, a la que no podía acercarse al pesar sobre él una orden de alejamiento. Lo llamativo de este caso, ocurrido en el barrio de Ciudad Lineal, es que la esposa, María Z., trató de engañar a los policías diciéndoles que ya se había celebrado el juicio y que la citada orden de alejamiento estaba revocada. Los agentes se acercaron al domicilio para ver si su marido cumplía el alejamiento.

Pero se econtraron con la sorpresa de que estaba con ella quien no debía, el marido. Eran policías de la Unidad de Atención y Protección de la Familia. La pareja comentó la orden de alejamiento había sido revocada, pero los agentes consultaron el registro y se cercioraron de que no. Y se lo llevaron detenido a la comisaría, ante el disgusto de la mujer. Posteriormente, comprobaron que, aunque la medida de alejamiento persistía, los hechos que lo motivaron habían sido juzgados y Edgar, absuelto.