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Reportaje:

Un 007 de pacotilla

Un británico estafa miles de euros a diez personas haciéndoles creer que era un agente secreto que debía protegerles

Robert Hendy-Freegard concluyó un buen día que se había cansado de ganarse la vida como camarero y decidió hacerse espía. En su mente revoloteaban las imágenes del agente secreto más famoso, James Bond, y trató de emularle comprando coches y relojes de lujo, y viviendo a todo tren. Para ello, convenció a tres estudiantes universitarios de que el grupo terrorista IRA quería acabar con sus vidas, y les sacó todo el dinero posible. Cuando la policía le trincó estaba de vuelta de un viaje a los Alpes franceses, con una mujer que también se creyó su fantasía. No le quedaba ni un duro.

Un tribunal británico (porque el tipo, como James Bond, afirmaba estar al servicio de su majestad) ha hallado culpable a Hendy-Freegard de secuestro y robo, y podría sentenciarle a cadena perpetua. Pero el supuesto espía no era un ladrón cualquiera.

"Al principio se mostraba encantador, escuchaba durante horas [a su víctima] hasta encontrar un punto débil en su carácter, un flanco vulnerable. Y cuando lo hallaba le sacaba partido de forma despiadada. Una vez que tenía bajo control a sus víctimas, les manejaba a placer para robarles todo su dinero y su dignidad", ha asegurado Robert Brandon, un policía de Scotland Yard que trabajó en el caso.

La farsa ha durado diez años, durante los que Hendy-Freegard, que tiene ahora 34, ha estafado miles de libras a al menos siete personas. Con este dinero se compraba relojes Rolex, coches BMW de la gama más alta, trajes y zapatos hechos a medida y cualquier otro extra que le acercara más a su papel de 007.

Su carrera delictiva comenzó en 1993, cuando convenció a tres estudiantes (dos chicas y un joven) de que era un agente secreto que trabajaba de incógnito, infiltrado en una célula del IRA, en la universidad de Shropshire (un centro del oeste de Inglaterra especializado en el área agrícola). Los tres dejaron sus estudios después de que les hiciera creer que habían interferido en la preparación de un atentado con bomba que planeaba cometer el grupo terrorista, y que ahora iban a por ellos.

Hasta medio millón de libras (algo más de 750.000 euros) les sacó el supuesto espía durante una década a las familias de estos chicos para costear un programa de protección de testigos, dinero que supuestamente les devolvería cuando pudieran volver a casa sin peligro. La policía cree además que estafó a otras cuatro personas. En 2003, cuando le pillaron en el aeropuerto de Heathrow, no le quedaba "ni un bien a la vista".