Lucian Bebchuk: “La apuesta verde de los fondos es más un ‘show’ que un compromiso firme”

Bebchuk, profesor de Harvard, ha ganado el Premio Jaime Fernández de Araoz sobre finanzas corporativas por su estudio del impacto en el mercado del bum de la gestión pasiva

El profesor de la Universidad de Harvard, Lucian Bebchuk, en una reciente visita a Madrid.
El profesor de la Universidad de Harvard, Lucian Bebchuk, en una reciente visita a Madrid.ANDREA COMAS

Lucian Bebchuk, estadounidense de origen israelí, es profesor de Derecho, Economía y Finanzas y director del programa de gobierno corporativo de la Facultad de Derecho de Harvard. Junto a su colega Scott Hirst ganó recientemente el Premio Jaime Fernández de Araoz sobre finanzas corporativas por un trabajo donde analiza el impacto que tienen los fondos ligados a los índices bursátiles sobre las decisiones que toman los directivos de las empresas cotizadas.

Pregunta. ¿Por qué le preocupa tanto el rápido crecimiento de la denominada gestión de fondos pasiva?

Respuesta. En las últimas décadas hemos asistido en todo el mundo a una transición que ha provocado que la mayor parte del capital de las compañías esté en manos de unos pocos inversores institucionales. Producto de esto, tenemos tres tipos de actores en el mercado: los directivos de las empresas, los responsables de los fondos indexados y los pequeños inversores. Los intereses de los gestores de fondos y los accionistas minoritarios a veces divergen, producen problemas de agenda y es algo que hay que resolver si queremos que los mercados financieros funcionen correctamente.

P. ¿Qué tipo de impacto tienen estos grandes inversores institucionales en el gobierno corporativo de las compañías?

R. En teoría, estos fondos, bien por tamaño, recursos o sofisticación, deberían de ser capaces de vigilar a las empresas cotizadas de una manera mucho más efectiva, mejorando con ello su gobierno corporativo. Sin embargo, su funcionamiento limita su capacidad de supervisión, lo que les hace funcionar no tan bien como deberían. Se enfrentan a problemas de incentivos.

P. ¿A qué se refiere?

R. El primero de los problemas es que los grandes inversores institucionales pueden invertir por debajo de lo conveniente en temas de supervisión, ya que la mejora de las compañías en este aspecto no les genera el rédito suficiente. Y el segundo problema es que tienen bastantes incentivos para ser magnánimos, menos críticos, con los directivos de las empresas en las que invierten.

P. ¿Podrían hacer algo los reguladores para cambiar esta situación?

R. En el mercado de capitales este tipo de situaciones son difíciles de resolver con normas, hay que plantear suficientes recompensas para que sean los propios actores del mercado los que traten de hacerlo. Los reguladores no pueden tomar decisiones en lugar de los inversores institucionales. Hay que hacerles ver la importancia de una mayor transparencia en sus relaciones con los directivos de las empresas cotizadas.

P. En una Bolsa dominada por los fondos pasivos cada vez es más importante el papel de los proxy advisors. Estos consultores, que asesoran a los inversores institucionales sobre qué deben votar en las juntas de accionistas, han recibido muchas críticas precisamente por su falta de transparencia y sus potenciales conflictos de interés. ¿Qué opina de ellos?

R. No son perfectos, pero cuando se hace un balance de su aportación creo que prevalecen los aspectos positivos por su labor para educar a los participantes del mercado. Muchas de las críticas a los proxy son de los directivos de las empresas, no tanto de los fondos de inversión. Y los directivos son más críticos porque en general los proxy lo son también con la forma en que estos gestionan las empresas.

P. Larry Fink, presidente de BlackRock, envía cartas cada año a los consejeros delegados de las principales empresas del mundo para sugerirles cómo deben gestionar sus empresas. ¿Le parece una buena idea?

R. Los grandes dicen estar muy preocupados por los criterios ESG (siglas en inglés de medio ambiente, responsabilidad social y gobernanza). Estos inversores institucionales sugieren que dedican gran parte de su tiempo a analizar cómo los directivos de las empresas tratan a sus stakeholders [grupos de interés, que incluyen no solo a los accionistas sino también a empleados, proveedores y clientes]. Algunos han criticado esta actitud porque creen que con estas campañas empujan a los directivos de las empresas a conceder mucha importancia a los intereses de los stakeholders y no tanto a la rentabilidad de los accionistas. Sin embargo, creo que si uno se fija en la letra pequeña de sus propuestas, la actitud de los fondos indexados es más show, y no tanto de un compromiso firme para guiar a las empresas hacia un mundo más sostenible.

P. Hay una corriente en el mercado donde todo el mundo se declara preocupado por el cambio climático. Todo es verde, desde los proyectos de las empresas hasta los productos de inversión. ¿Teme que corramos el riesgo de green washing (lavado de imagen medioambiental mediante medidas artificiales)?

R. Ese riesgo es real. La etiqueta verde está por todos lados y me preocupa. Hay más retórica que acciones concretas. Son los gobiernos los que deben de crear los incentivos fiscales, regulatorios, para que las empresas avancen hacia esos objetivos más sostenibles.

P. ¿No cree que englobar los temas ESG en una misma política es un error?

R. Sí, creo que es un gran error, porque son temas distintos. Desde un punto de vista conceptual, sería beneficioso separar los criterios y los objetivos.

P. Uno de los puntos que más rechazo suelen generar en las juntas es el referido al sueldo de los consejos, especialmente de los consejeros ejecutivos. ¿Cree que un directivo genera tanto valor como para justificar que su retribución suponga 100 o más veces el salario de sus trabajadores?

R. Los medios y el público en general se suelen quedar con la suma total de las retribuciones. Es muy impactante ver tantos ceros juntos. Pero creo que el riesgo principal está en los sistemas que diseñan los comités de retribuciones de los consejos para alcanzar semejantes sueldos. Estos sistemas han destruido por completo los incentivos de los directivos para lograr semejantes cifras.

P. ¿Cree que la labor de los fondos activistas es positiva? ¿O promueven una gestión en las empresas cortoplacista?

R. He investigado sobre las campañas de los hedge funds activistas y la conclusión es que promueven beneficios para las empresas y no solo en el corto plazo. Su labor ayuda a detectar situaciones de infravaloración en las compañías cotizadas y presiona a los directivos para mejorar. Si no existieran inversores que detectasen casos de mala gestión sería imposible aspirar a que el sistema capitalista funcione de forma correcta.

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Sobre la firma

David Fernández

Es el jefe de sección de Negocios. Es licenciado en Ciencias de la Información y tiene un máster en periodismo por EL PAÍS-UAM. Inició su carrera en Cinco Días y desde 2006 trabaja en EL PAÍS, donde se ha especializado en temas financieros. Ha ganado los premios de periodismo económico de la CNMV, Citigroup, Aecoc y APD.

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