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Richard Koo: “Me preocupa que Estados Unidos, supuestamente el líder del libre comercio, aumente tan fácilmente los aranceles”

El creador del concepto “recesión de balance” muestra los peligros del estallido de la burbuja inmobiliaria en China

Richard Koo, economista, en el Hotel Palace de Madrid.
Richard Koo, economista, en el Hotel Palace de Madrid.Carlos Rosillo
Guillermo Abril

Richard Koo (Kobe, Japón, 70 años) es uno de esos economistas a los que conviene tener en cuenta cuando el fantasma de una crisis ronda el vecindario. Lo suyo son las “recesiones de balance”, un monstruo que se alimenta de las heridas que deja el pinchazo de una burbuja, cuando la economía de manual salta por los aires, y la cosa comienza a ir de mal en peor porque todo el mundo, de las familias a las empresas, está tratando de reducir sus deudas a la vez: nadie pide prestado, se hunde la demanda, caen los precios, y esto vuelve a su vez más difícil pagar las deudas. El sistema implosiona en una espiral que, según Koo, economista jefe del banco de inversión Nomura y asesor de varios Gobiernos japoneses, solo puede detenerse con un Ejecutivo que pide dinero prestado y endosa una inyección de estímulo fiscal.

El economista alumbró su tesis tras ver la larga y aparatosa digestión de la crisis que estalló en Japón en 1990. Se le escuchó (pero poco) en la UE durante la Gran Recesión. Y así nos fue: algunos países, como España, “sufrieron enormemente de forma innecesaria”, asegura el pasado martes en una entrevista en línea. Se le hizo algo más de caso en Estados Unidos —el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, “por suerte”, dice, leyó sus teorías—. Estos días se le sigue de cerca en China. A la segunda economía del planeta se le atraganta una burbuja inmobiliaria de proporciones colosales. Su demanda interna, tras la pandemia, no termina de arrancar. Y lo que haga Pekín para salir del atolladero puede marcar al resto del planeta: si lo fía todo a la exportación, como trató de hacer Japón en los noventa, se encontrará con un mundo en fase de repliegue proteccionista, advierte este economista.

Pregunta. ¿Está China en la situación de Japón en los noventa?

Respuesta. Puede ocurrir lo mismo porque ha estallado una enorme burbuja inmobiliaria. La gente ya no pide dinero prestado, está tratando de reparar sus balances. Los precios se desploman, los pasivos siguen altos. Mi temor es que si el Gobierno no pide prestado lo suficiente, la economía china podría caer en una recesión de balance.

P. ¿Se puede decir entonces que la burbuja inmobiliaria china ha estallado?

R. Es muy difícil saber lo que está pasando realmente en China. El Gobierno está desalentando a la gente a vender casas a los llamados precios de mercado, así que las estadísticas indican que estos siguen siendo relativamente altos, pero cuando vas al terreno y hablas con los banqueros y la gente involucrada, te cuentan que ya han bajado un 20% o 30%, incluso un 40%. El daño al balance ya está ahí.

P. Se ven bloques de edificios inacabados , el descenso en las compras, pero cuesta observar los síntomas de una crisis como la que golpeó a España.

R. El pesimismo que siente hoy mucha gente en China es muy diferente a lo que se hablaba hace dos o tres años, especialmente entre los jóvenes. Aunque en la superficie no parezca que las cosas estén tan mal como en España después de 2008, donde el desempleo juvenil llegó casi al 50%, es probable que sea algo cercano en China [la cifra oficial es del 14,7%; tras superar el 21% el verano pasado, Pekín suspendió su publicación, que solo reactivó tras cambiar los criterios]. Estuve hablando el otro día con un profesor de la Universidad de Pekín y contaba que incluso a los graduados de su universidad les cuesta encontrar buenos puestos de trabajo. Puedes imaginar cómo será el resto.

P. ¿Ve posible un contagio a la economía global?

R. La demanda interna en China es muy débil, la gente está tan asustada que no quiere gastar dinero o lo utiliza para pagar la deuda, lo que empuja a los fabricantes chinos a buscar una salida a través de la exportación. El Gobierno parece estar alentándolo también. Esto lleva a que a muchos, fuera de China, incluidos los europeos, les preocupe ser inundados con importaciones chinas baratas, lo cual se sumaría a su desempleo y a su lento crecimiento económico. Por eso numerosos países están hablando de subir los aranceles. Japón se enfrentó al mismo problema en 1990 y trató de buscar una salida a través de las exportaciones. Mi sensación es que en un par de meses o un par de trimestres, los europeos, los estadounidenses y muchos otros empezarán a decir, “oye, espera un momento, no podemos aceptar todo esto”. Los aranceles sobre los productos chinos subirán, China se encontrará encajonada, y tendrá que utilizar el estímulo fiscal para salir de la recesión de balance.

P. Pekín está dirigiendo inversión pública hacia sectores como el tecnológico, de manufacturas y militar. ¿Son los pasos correctos?

R. Si el Gobierno pide prestado y gasta el dinero, no hay razón para que el PIB se desplome. El Gobierno chino es consciente de esto y está tratando de hacer algunos estímulos fiscales. Pero cómo se gasta el dinero tiene consecuencias indirectas, ya sea en cuestiones de seguridad nacional o el llamado problema de sobrecapacidad. He recomendado al gobierno chino que termine todos los edificios de apartamentos empezados. Esa debería ser la primera defensa contra la recesión de balance, y se está moviendo en este sentido. Me preocupa si la cantidad es la adecuada, dado el tamaño de la economía china y la magnitud del problema.

P. Los líderes europeos y estadounidenses llevan meses advirtiendo de esta sobrecapacidad.

R. El exceso de capacidad se debe a la debilidad de la demanda interna china. Si esta se recupera y vuelve a la normalidad, estoy seguro de que el impulso exportador de los fabricantes chinos será mucho menor. Nadie hablará de exceso de capacidad una vez que la economía china se estabilice. Pero esto puede llevar muchos años, Japón tardó más de 20. Incluso si tomara de 5 a 7 años puede colocar la economía mundial en una situación muy difícil.

P. Washington ha impuesto ya aranceles del 100% al coche eléctrico chino, y se espera que Bruselas haga algo similar [anunció tasas de hasta un 48% un día después de esta entrevista]. Un nuevo signo de desglobalización. ¿Qué rumbo está tomando la economía mundial?

R. Me preocupa seriamente que Estados Unidos, supuestamente el líder del libre comercio, aumente tan fácilmente los aranceles. Y si Donald Trump es reelegido, ese tipo puede hacer cosas horribles al libre comercio. Esto no es un problema chino, sino más bien de Estados Unidos, que ha tenido un déficit comercial los últimos 45 años. En la universidad de Economía, nos enseñaron que el libre comercio crea ganadores y perdedores en el mismo país. Pero las ganancias de los ganadores son mayores que las pérdidas de los perdedores, así que la economía, en su conjunto, sale ganando. Los profesores nunca nos dijeron una cosa: para que esta conclusión se sostenga, el comercio debe estar en equilibrio o en superávit. Si tienes déficit año tras año tras año, el número de personas que se consideran perdedoras del libre comercio sigue creciendo.

P. Y tiene consecuencias en las urnas.

R. Tras unos 40 años, ese grupo en Estados Unidos fue lo suficientemente grande como para enviar a Donald Trump a la Casa Blanca, porque estaba abiertamente a favor del proteccionismo. Una vez expulsado, cuando entró Joe Biden en 2020, este también se dio cuenta de que existe este gran grupo, y por eso se negó a reincorporarse al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, mantuvo todos los aranceles de Trump, y ahora está planteando un gran número de ellos.

P. ¿Ve alguna solución?

R. Estados Unidos no ha logrado abordar la cuestión porque permitió que el dólar se mantuviera demasiado alto, y no había manera de que los fabricantes estadounidenses pudieran competir con los japoneses y luego con los taiwaneses, los coreanos y los chinos. A menos que se haga algo con el dólar, la única forma en que pueden protegerse es a través de aranceles. EE UU y algunos otros están yendo en esta dirección. Lo encuentro muy preocupante. Deberían unirse y bajar el dólar para detener esta implosión del libre comercio.

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Sobre la firma

Guillermo Abril
Es corresponsal en Pekín. Previamente ha estado destinado en Bruselas, donde ha seguido la actualidad europea, y ha escrito durante más de una década reportajes de gran formato en ‘El País Semanal’, lo que le ha llevado a viajar por numerosos países y zonas de conflicto, como Siria y Libia. Es autor, entre otros, del ensayo ‘Los irrelevantes’.
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