La inflación en la eurozona se acelera y crece al 10%, un ritmo sin precedentes

La subida de los precios mete más presión al Banco Central Europeo en vistas a la reunión de octubre

Un puesto del mercado de Triana en Sevilla, el jueves.
Un puesto del mercado de Triana en Sevilla, el jueves.PACO PUENTES

La inflación en la zona euro ha roto otro listón simbólico en septiembre. Ha alcanzado el 10% por primera vez, según Eurostat. La energía le sigue ganando la partida a las subidas de tipos del Banco Central Europeo (BCE): los precios no dejan de subir y añaden presión sobre los hogares sin notar para nada que la economía se esté enfriando y que haya muy pocas dudas de que en este tercer trimestre del año en la eurozona se ha contraído.

El dato alimentará las voces que apuntan a una nueva subida de tipos de interés de 75 puntos básicos de los tipos interés oficiales del BCE. Los economistas del banco holandés ING tienen claro que es lo que pasará en la reunión del consejo de Gobierno de la autoridad monetaria en octubre. Con perspectiva histórica, el 1,25% actual todavía es bajo y, probablemente, las palomas del consejo de Gobierno del instituto monetario todavía no se sienten con fuerza suficiente para poner pie en pared en las demandas de los halcones, partidarios de aumentos agresivos para frenar las expectativas de inflación.

También resonarán con fuerza las llamadas a evitar los aumentos de los sueldos a la misma velocidad que la inflación, no vaya a ser que lleguen los temidos efectos de segunda ronda y se conviertan en una nueva causa de incremento de precios, aunque ya hace un año que se oye la advertencia y no hay mucha evidencia de que esté pasando. De hecho, el influyente instituto de estudios bávaro IFO ya señalaba que el anunciado aumento del salario mínimo en su país de 10,45 euros por hora a 12 euros “probablemente exacerbaría la inflación”. Al otro lado del ring, es probable que también encuentren argumentos quienes defienden que se suban los impuestos a los ricos y a las empresas (cuyos márgenes son más difíciles de controlar que los salarios) para que los Estados cuenten con recursos y puedan ayudar a los más golpeados por estos aumentos de precios. Ya lo ha hecho esta misma semana el economista jefe del BCE, Philip Lane.

Pocos podían sospechar cuando se inauguró hace más de dos décadas el área monetaria única, que la inflación iba siquiera a acercarse a los dos dígitos. Lo ha hecho de la mano de una crisis energética cuyo final depende mucho más de la voluntad del presidente ruso, Vladimir Putin, que tiene en su mano el grifo del gas y la opción de acabar con la invasión de Ucrania que del Banco Central Europeo. El regulador monetario, creado a imagen y semejanza del Bundesbank y su acreditada trayectoria de mantener los precios a raya, no puede hasta ahora frenar la escalada de la inflación.

En menos de dos meses, los tipos oficiales han pasado del terreno negativo al 1,25% y ya no hay compras extraordinarias netas de bonos. Da igual, el IPC ha subido en un solo mes nueve décimas: ha saltado del 9,1% de agosto a este 10% de septiembre. Muy probablemente no será el techo en esta crisis. Las noticias de esta misma semana, el sabotaje de los gasoductos Nordstream 1 y 2, apenas han podido impactar todavía en los precios y, por tanto, sus consecuencias no aparecen en esta estadística. Goldman Sachs ya advierte de que ha revisado al alza sus previsiones por este motivo y eso que antes ya preveía que el pico de inflación del área monetaria única se alcanzaría en enero, cuando se llegaría al 10,3%.

También varios institutos de estudios alemanes (IFO, el también influyente de Kiel, RWI-Liebniz y IWH-Halle), apuntan en la misma dirección, al menos en Alemania. Su previsión de inflación media en 2023 para este país, la mayor economía de la zona euro, es del 8,8%, cuatro décimas más que para este ejercicio.

El significativo aumento de precios en septiembre dentro de la zona euro se intuía desde el día anterior. El salto en Alemania, cuyo peso en la estadística está acorde con ser primera economía de la eurozona, fue muy importante: del 8,8% al 10,9%. El final de ayudas al transporte y otras medidas de apoyo social este mes ha sido clave para que se de este movimiento. La degradación alemana -también la de Italia (cuatro décimas al alza, hasta el 9,5%) ha superado la mejoría en Francia (6,2%) y España (9,35%), países en que los precios han frenado algo su escalada.

A pesar de que los grandes son los que tienen mayor impacto en la inflación, la crisis energética golpea con mucha más fuerza a orillas del Báltico. Las tres repúblicas (Estonia, Letonia y Lituania) superan de largo el aumento anual del 20%. Por detrás de ellos, aparece Holanda (17%), un país que, pese a ello, sigue resistiéndose a cambiar el mecanismo comunitario de fijación de precios en la electricidad y a separarlo de lo que sucede en el mercado del gas.

Este combustible, el gas, es el que se encuentra detrás de buena parte de lo que está pasando con los precios -y, por extensión, con la economía-. La estimación divulgada por Eurostat muestra el impacto en las cotizaciones energéticas, que han vuelto a encarecerse en un año por encima del 40%. Al haberse mantenido en estos niveles durante muchos meses, el contagio a otros productos de la cesta de la compra de los hogares ha sido inevitable -el impacto de los combustibles en el resto de la cadena llega a través del transporte y la logística o como materia prima-. Y así, cuando se observa lo sucedido con los precios al eliminar componentes volátiles como la energía, el alcohol o los productos frescos, el incremento es del 4,8%.

Ayuda a entender el impacto de esta escalada de precios el hecho de que este último porcentaje, ese 4,8% de la llamada técnicamente inflación subyacente y que es el más bajo de los distintos índices de precios, todavía supera en siete décimas la evolución de los sueldos en la zona euro hasta junio, última edición de la encuesta de costes laborales. En ella se ve que los sueldos durante la primera mitad del año han subido en el área monetaria un 4,1%, siete décimas menos.

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Sobre la firma

Manuel V. Gómez

Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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